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Cuando el pecho es demasiado grande: pasar por una cirugía estética no para verse mejor, sino para sentirse mejor

La cantante Rigoberta Bandini o la influencer María Pombo han hablado recientemente de sus intervenciones de reducción de pecho. Aunque el motivo principal de esta cirugía es clínico, el dolor de espalda, no está incluida en la sanidad pública (excepto en casos muy extremos).

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Patricia Rodríguez

“Paremos la ciudad, sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix”, canta Rigoberta Bandini en Ay, mamá en el Benidorm Fest, compitiendo por representar a España en la próxima cita de Eurovisión. En el mismo tema la artista se pregunta también qué tendrán los pechos femeninos para causar tanto alboroto, “no sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas”. Ella lo cató en sus carnes cuando a principios de mes se le ocurrió mostrar un poco de las suyas sobre el escenario de un concierto en Logroño.

Se ganó el trending topic del día, la consecuente ola de odio y hasta ser musa de alguno de esos columnistas que transita perdido entre el siglo pasado y 2022. A uno se le ocurrió decir, sin aparente ironía, que el pecho femenino no puede quejarse: sufre menos censura que el pene, porque tetas se ven en cualquier película.

Lo que no dice esta canción es que la ya célebre teta de Rigoberta Bandini pasó por una cirugía de reducción. Así lo sugería en su anterior canción, Julio Iglesias, que incluía una misteriosa estrofa: “Quería ser atleta y se cortó las tetas”. Y así lo contaba en una entrevista en EL PAÍS el pasado mes de noviembre: “Cuando todavía jugaba con muñecas empecé a sentir miradas lascivas porque mi cuerpo se había desarrollado muy pronto. Odié mis pechos mucho tiempo. Con 20 años pasé por un quirófano para reducir su tamaño”.

Censurado en Instagram y sexualizado en la cultura popular, el pecho femenino es capaz de encender audiencias. Especialmente si es más grande de lo que al canon le parece aceptable: “Si me pongo un escote mínimo mis tetas se convierten en el centro de todas las miradas”, dice Alicia, de 31 años. Ella hasta hace poco ha mantenido una relación complicada con su pecho y, como Bandini, llegó a plantearse operarlo. “Igual lo hago más adelante, cuando sea madre”.

Sí lo hizo Marta, 27 años: “No fui una adolescente con mucho pecho, pero me creció muy rápido y en poco tiempo. Tenía una copa E”. Ahora, con una B, dice haber recuperado la confianza, pero eso no resta importancia al hecho de que mostrar su cuerpo de una forma natural le hiciese sentir avergonzada: “Me vestía disimulando, sentía que la gente miraba. Me encanta comprarme ropa y antes estaba llena de limitaciones que seguramente me ponía yo misma. Por ejemplo encontrar un biquini era una pesadilla”. La experiencia es común a muchas mujeres: la cantante Billie Eilish ha explicado en múltiples ocasiones que durante mucho tiempo se llevó ropa holgada para no ser sexualizada por sus pechos grandes.

Sin embargo, el motivo más común que alegan las mujeres que se someten a una mamoplastia de reducción, según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), no es evitar las miradas ajenas, sino acabar con el dolor de espalda. “Son las pacientes que han salido más felices de mi quirófano”, defiende el doctor Frank Lista a su paso por Madrid como ponente en el sexto congreso de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEP). “Yo estoy contentísima”, afirma Inma, 32 años, que pasó por esta intervención hace dos meses, pero ya ha recuperado la movilidad, “hago mucho deporte, juego al fútbol, y me encanta el hecho de poder saltar y correr sin tener ese peso que rebota”. Su vida ha cambiado en detalles más superfluos, “a la hora de buscar ropa, era imposible encontrar algunas prendas”; pero también en aspectos fundamentales que afectaban a su calidad de vida: “Los dolores de espalda eran continuos, estaba siempre con contracturas”.

La comodidad es una palabra que se ha repetido entre las mujeres consultadas para hacer este reportaje y que han decidido reducir el tamaño de su pecho. También lo mencionaba en Instagram la influencer María Pombo, que la semana pasada pasó por quirófano por este mismo motivo: “Tener mucho pecho es muy bonito. A mí me encanta, llevo teniendo mucho desde los 13 años y es una cualidad mía que me gusta, pero ha llegado un punto que se ha sobrepasado. Sobre todo después del embarazo de Martín. Aparte de que me creciera, se me vació y, como podéis imaginar, hay menos músculo y más piel, así que era mucho más difícil de controlar. Más peso que tiene que soportar mi cuello y más dolor de cabeza. Entonces, por comodidad pura y dura, lo he decidido así”.

“Esta operación tiene un ratio alto de satisfacción porque las pacientes de repente dejan de sentir dolor permanentemente, se sienten mejor, pueden moverse mejor, pueden hacer deporte sin problema. Es una operación estupenda que además ha mejorado mucho sus resultados en los últimos años”. Pero, aunque el motivo detrás de muchos de los procedimientos sea clínico, un dolor crónico, la sanidad pública solo la incluye en casos muy extremos.

Quizá sea una cirugía invisibilizada, de la que se habla poco, pero se trata de la tercera más común en España solo por detrás del aumento de mama y la liposucción, según la última encuesta publicada por la SECPRE. Además, según la misma fuente se trata de la intervención que experimenta mayor aumento en su demanda. “La reducción mamaria sí que se ha incrementado”, indica la Dra. Maritina Martínez Lara, cirujana plástica y vocal de ética e intrusión de SECPRE, “no solo se operan mujeres desde mediana edad en adelante (muchas esperaban años, a los embarazos o hasta que ya no podían más con el dolor de espalda). Ahora se operan también mujeres más jóvenes”. Muchas, señala, aconsejadas por sus madres que acarrean años de sufrimiento, “no apuran tanto y se lo plantean incluso aunque no sea el pecho tan tan grande”.

Una de las dificultades de la intervención llega mucho antes de la anestesia y es gestionar las expectativas. En las cirugías de aumento es fácil mostrar el resultado con un implante, probar y pedir, como en un catálogo, qué talla se quiere. La reducción no funciona igual: “Es más complicado porque no podemos mostrarles exactamente qué talla van a tener. La operación no es tan precisa”, indica Lista. Tampoco funciona a demanda, y tiene limitaciones. “Yo pedí que me lo dejaran lo más pequeño posible”, cuenta Inma, pero un pecho grande tiene una estructura y el mío por ejemplo empezaba más hacia la axila que otro más pequeño, así que me he quedado con una 90 B”. Como cualquier operación de este tipo, expone el doctor, “es un compromiso entre dos partes: qué quiere la paciente y qué podemos ofrecer. Requiere hablarlo todo antes”. La recuperación suele alargarse dos o tres semanas, pero las costuras tardan bastante más en difuminarse. Aun así, a esta paciente le compensa: “Aunque no se me fueran estas cicatrices, me merece la pena”.

Rigoberta Bandini, por su parte, sí que hablaba de arrepentimiento en aquella entrevista: “Ahora que lo veo con perspectiva me parece muy fuerte la presión que recibimos las mujeres sobre nuestros cuerpos para llegar a tomar decisiones como esta”. Su oda a la mama reivindica una parte del cuerpo femenino sobre el que sin duda la sociedad tiene que posar una mirada diferente.

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Sobre la firma

Patricia Rodríguez
Periodista de moda y belleza. En 2007 creó uno de los primeros blogs de moda en España y desde entonces ha desarrollado la mayor parte de su carrera en medios digitales. Forma parte del equipo de S Moda desde 2017.

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