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Celos de un amigo: qué significan y cómo convertirlos en algo positivo

Hablar de celos en la amistad sigue siendo un tabú pero este sentimiento es absolutamente normal y no tiene por qué significar una ruptura. Eso sí, hay que aprender a lidiar con ellos.

Sentir celos de las nuevas amistades de tus mejores amigos es un sentimiento común.
Sentir celos de las nuevas amistades de tus mejores amigos es un sentimiento común.Getty (Getty Images)

Cuando Ana decidió trabajar su autoestima, un tema salió a relucir con su psicóloga. Había aparecido una buena amiga en la vida de su buena amiga y esto le provocaba ansiedad. Tenía miedo de perder su relación. Hacía alusión al rechazo que sentía cuando ya no le tenían en cuenta en algunos planes que antes hacían juntas. Sentía ira, resentimiento y tristeza. Se sentía desplazada.

Ana es el nombre ficticio de una sensación real en la que muchos nos podemos ver reflejados. Un mejor amigo es un tesoro de la vida, la familia elegida, la persona con la que compartes tus cosas sin el filtro del amor romántico. La persona que está ahí según pasan las parejas, los trabajos, las crisis, los años y las mudanzas. En algún momento de la vida, también en la adulta, todos los que tenemos la suerte de la amistad hemos notado con cierta amargura la punzadita inconfundible de los celos cuando de pronto nuestro gran amigo hace un viaje con otro grupo, se apunta a correr con el nuevo de la oficina o empieza a pasar mucho tiempo con alguien. Nos cuesta reconocerlo, pero eso no los hace desaparecer.

Rocío Monroy es psicóloga clínica y la terapeuta de Ana. “Cuando aparecen los celos en la relación de amistad hay un problema de base que es el miedo a que nuestro amigo prefiera a otra persona y, en consecuencia, nos pueda sustituir. En este caso, estaría relacionado con un complejo de inferioridad así como con el miedo al rechazo, viéndose afectadas nuestra autoestima y autoconcepto”, nos explica. Sin embargo, ni los celos han de suponer algo siempre negativo, ni necesariamente acaban con una relación.

En su definición sobre esta emoción, la Asociación Estadounidense de Psicología explica que los celos casi siempre involucran a tres personas. Por lo general aparecen cuando uno siente resentimiento hacia otra persona por quitarle aparentemente atención o afecto. Son muy diferentes de la envidia, que ocurre cuando uno codicia los logros, elogios o posesiones de otro. Pero ninguna de estas dos emociones te convierte necesariamente en una mala persona.

“Los celos es una emoción que surge cuando la persona interpreta o siente amenazada su relación ya sea de pareja, amistad o familiar. Ante la percepción de la amenaza, siente celos acompañados de otras emociones como el miedo, la ira, la tristeza… Si ahondamos en el origen de los celos, diferentes autores manifiestan el carácter universal de los mismos, al considerarlos bien una respuesta innata de malestar ante la amenaza de pérdida de una relación importante para la persona, bien un fruto de la socialización, resultado de unos valores, creencias y normas sociales”, explica Monroy. En definitiva, que sentir celos es algo completamente natural.

Nadie es inmaduro por sentir celos. De la misma manera que se puede perder a una pareja de un día para otro, los amigos también pueden salir de la categoría de mejores amigos. Expresar el sentimiento que esto nos despierta está más normalizado en relaciones de pareja pero cierto pudor social a la hora de reconocerlos en la amistad porque se confunden con una señal de inmadurez. El motivo, escribe Jennifer Freed, doctora en filosofía, en el libro A Map to Your Soul, es que los celos activan nuestros problemas de dependencia primaria y, a menudo, una sensación de indefensión infantil. Los celos “pueden hacernos sentir locos y hacer locuras, porque aprovechan nuestra máxima vulnerabilidad: nuestro miedo al posible abandono. Cuando pensamos que alguien nos robará a alguien, o que alguien más se volverá más importante que nosotros para nuestro amado amigo, podemos sentirnos impotentes y desamparados. Nos enfrentamos a todas las formas en que nos sentimos inadecuados, poco atractivos e indignos de amor”, escribe esta autora.

“Reconocerlo implica mostrarnos vulnerables y eso, en general, nos cuesta mucho. Sin embargo, considero que aceptar que sentimos celos, de una forma natural y moderada, en cierta medida nos humaniza. Si además, la persona toma consciencia de lo que siente, se responsabiliza de ello y trabaja en su propio autoconocimiento, construirá relaciones más sanas y fructíferas”, apunta esta psicóloga.

¿Se puede sacar, entonces, algo bueno en los celos?

¿Pueden los celos fortalecer una relación? ¿Podrían ejercer como un tipo de motivador para el crecimiento personal que nos haga reforzar las conexiones que más nos importan? “Desde mi punto de vista, todas las emociones, bien gestionadas, tienen una función adaptativa y funcional”, explica Monroy. “Si hablamos de celos naturales y de una intensidad moderada, nos dan información de la necesidad de proteger y mantener una relación que consideramos valiosa e importante para nosotros”, apunta, de ahí que sea fundamental aprender a gestionarlos para no entrar en conductas destructivas”. Bien gestionados, añade, podemos sacar lecturas positivas: “Escuchar lo que nos quieren decir los celos y prestarles atención, nos puede ayudar a alcanzar un mayor conocimiento de uno mismo y de los demás, a ser más conscientes respecto qué valores de amistad son fundamentales para nosotros y qué tipo de amigo deseo ser, a trabajar nuestra autoestima y reforzar nuestras fortalezas, también nos puede impulsar a tener una conversación honesta y sincera con la persona que queremos, expresándole cómo nos sentimos, fomentando así una amistad más consciente y madura”.

En su libro, Freed coincide en que los celos nos muestran lugares que no hemos desarrollado en nosotros mismos, atributos que otros tienen y en los que podemos querer trabajar. Pueden sacar a relucir nuestro lado competitivo, lo que puede ser útil para aumentar nuestra atención a las cosas que queremos mejorar en nosotros mismos. Y pueden ofrecernos la oportunidad de contarle a alguien sobre nuestros puntos débiles y cuánto necesitamos la tranquilidad y la ternura.

El “resguardo de la amistad”

Cuando crees que estás a punto de perder a un amigo, es posible que te esfuerces en escuchar más y mejor, o en resultar más empático u optimista, así que en cierta manera podemos decir que los celos pueden ser como una alarma que te ayude a fortalecer una relación. Es algo que algunos estudios de psicología llaman el “resguardo de la amistad” y consigue en acciones como agradar un poco más a nuestro amigo para mantener la unión. Esto siempre resultará positivo pero algunos expertos advierten que no deberíamos caer en el refuerzo por oposición: intentar apartar al nuevo amigo podría provocar la ruptura que no deseamos.

¿Estás siendo el amigo que querrías tener?

A diferencia de lo que ocurre con las relaciones románticas, rara vez nos preguntamos qué esperar de una buena amistad, qué valores tienen que sustentarla. “Estudios sobre la amistad y la salud ponen de manifiesto la importancia de reforzar nuestros vínculos sociales y lazos de amistad como fuente que enriquece nuestra vida y nuestra salud emocional, y es que un buen amigo nos aporta apoyo, nos brinda cariño y amor, nos refuerza nuestra autoestima… Teniendo esto en cuenta, considero fundamental preguntarnos qué es lo que esperamos de la amistad o de un amigo en particular, qué valores consideramos importantes en un amigo… la empatía, el apoyo, el cariño, la escucha, la honestidad… Si tenemos claras nuestras expectativas respecto a la amistad y los valores y bases sobre los que queremos que se construya, generaremos lazos más sanos y de calidad”. Una vez que lo tienes claro, exponer tus necesidades y establecer límites puede consolidar la confianza y esto es fundamental para entablar amistades más maduras.

“La empatía es la clave de las relaciones sanas y satisfactorias. Una persona empática conecta más con las necesidades y las emociones de los demás, lo que genera que la persona se sienta comprendida y apoyada en la relación con el otro”, reflexiona Monroy. “En una amistad considero fundamental que la persona se sienta validada por su amigo, así como acompañada y atendida, desde ahí, es más fácil que la persona se abra y muestre su autenticidad, pues al no sentirse juzgada se siente aceptada desde su propia individualidad, lo cual favorece una mayor confianza, complicidad, intimidad… Considero que si queremos construir relaciones de amistad sanas y de calidad, es fundamental trabajar nuestra empatía y nuestra inteligencia emocional”, añade.

Lidiar con pensamientos autocríticas de manera positiva y coger distancia de uno mismo es una forma de acabar con los sentimientos negativos. “Lo primero es tomar consciencia y aceptar lo que siento para reflexionar sobre cuál es mi miedo. Creo que es vital responsabilizarme de mi emoción, es
decir no culpabilizar a la otra persona de algo que estoy interpretando como una amenaza”, aconseja esta experta. En el momento en que te colocas como espectador de tus conductas es posible que consigas coger cierta perspectiva y preguntarte, por ejemplo, si estás siendo el tipo de amigo que te gustaría tener o si tienes que trabajar ciertos aspectos, como adoptar rasgos más compasivos y generosos, para generar amistades más sanas y duraderas.

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