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El lado oscuro de los blanqueantes

Los despigmentantes se venden más que nunca. Sus ingresos alcanzarán los 19.800 millones de euros en 2020, según la consultora GIA. Pero, ojo, el mercado rebosa de productos ilegales.

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D.R./Cordon Press

«A pesar de su reciente prohibición en Costa de Marfil, se siguen comercializando despigmentantes ilegales con sustancias como la hidroquinona o el mercurio, que pueden causar fallos renales o cáncer. En Nigeria, un 75% de las mujeres los usa; en Senegal, entre el 52% y el 67%; y en Pretoria (Sudáfrica), un 35%. En Ghana, Tanzania y Kenia, donde la economía florece, la demanda es alta», asegura Lester M. Davids, investigador y biólogo en la Universidad de Ciudad del Cabo.

África, con dos tercios de la población negra, no es el único continente donde se abusa de ungüentos ilegales. En Asia, Latinoamérica y Oriente Medio tampoco se reprimen. Y el sector crece entre un 10% y un 15% al año en India, donde genera 180 millones de dólares anuales, según el portal Glammonitor. «A mi consulta llegan pacientes con fórmulas prohibidas y enriquecidas con mercurio. Las adquieren en España, pero no sé dónde las compran», alerta Ivette Alarcón, dermatóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal. En 2014 el Instituto Científico de Salud Pública belga analizó 163 blanqueantes incautados en sus aduanas; el 60% contenía ingredientes nocivos.

Las reacciones se encadenan. El documental Light Girls (2015) denuncia el peligro que corren las afroamericanas al aclararse con químicos. La publicación tailandesa Tan (bronceado, en inglés), fundada por el rapero Joey Boy y en la calle desde el pasado diciembre, celebra el tono tostado. De ese país han surgido blanqueantes de lo más extravagantes: geles de esperma de salmón, inyecciones de glutatión (un antioxidante) o jabones de cloro. En India, Kangana Ranaut, superestrella de Bollywood, rechazó en septiembre un contrato millonario de una firma que comercializaba productos de este tipo.

Cuestión de canon. «En India somos racistas. La palidez es sinónimo de distinción, una mujer blanca es guapa solo por su tono de piel. También es símbolo de riqueza y un valor seguro –garantiza un matrimonio provechoso–, por eso la clase media consume tantos quitamanchas», cuenta Lara Rebello, corresponsal del periódico International Business Times. Sabe de lo que habla. «En cuanto tomo un poco el sol, me tuesto. A mí me da igual, pero a mi familia no. No sé cuántos remedios caseros me recomendaron cuando estaba embarazada para que mi hijo naciera menos oscuro…».

Manchas, estrías, acné, dermatitis y hasta malformaciones congénitas. «Estos tratamientos incluyen hidroquinona, esteroides, mercurio o tretinoína. A veces, hasta detergente, sosa cáustica, cemento y líquido de batería», afirma Alarcón. «Cuidado con las concentraciones de activos permitidos como la vitamina A; a más del 4% puede irritar», avisa Leticia Carrera, farmacéutica y responsable de los Centros Felicidad Carrera. El sector busca alternativas naturales (arbutina, ácido ascórbico, soja o levadura), según la consultora Frost & Sullivan. La investigación de nuevos activos es un filón.

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