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Louis Vuitton abre una tienda temporal en Barcelona mientras reforma su buque insignia

El nuevo establecimiento también está situado en el paseo de Gràcia e incorpora una sala VIP

La nueva tienda temporal de Louis Vuitton en Barcelona.

Doce años después de instalarse en el corazón del paseo de Gràcia de Barcelona, la firma Louis Vuitton ha decidido reformar completamente su tienda situada en la Casa Julià, un edificio señorial como los que le rodean construido en 1832. Mientras duran las obras, que van a permitir poner al día el buque insignia de la casa francesa, la firma ha inaugurado una tienda temporal en la acera de enfrente, justo en el número 71, que les ha permitido ganar metros y también una sala VIP, una demanda de su clientela fiel.

Al contrario de lo que pasa a menudo con los establecimientos efímeros, el de Louis Vuitton es incluso más grande y lujoso que su sede oficial. Aunque desde fuera no lo parece, la tienda tiene más de 700 metros cuadrados, donde han podido añadir un vestíbulo que de algún modo recoge la historia de la marca y donde los clientes podrán esperar cuando haya mucha gente sin generar colas en la calle, como pasaba a menudo en la otra tienda. Con un centenar de empleados, también ofrece servicio de cafetería.

Las fuertes rachas de viento truncaron el jueves pasado el acto de presentación a prensa de la nueva tienda de Louis Vuitton en Barcelona, pero no la fiesta de inauguración posterior por la noche. En la avenida donde se aposentan las marcas de lujo en Barcelona, la tienda cuenta con dos plantas que ofrecen una inmersión completa en los universos de la casa, con colecciones de ropa para mujer y hombre, relojes, joyería y la línea de interiorismo Objets Nomades.

Da la bienvenida un vestíbulo bañado en azul intenso, con anuncios y carteles de publicidad antiguos de Louis Vuitton enmarcados en las paredes, con muchas referencias a la histórica tienda de Champs-Élysées, que abrió en 1913. Pero todo el protagonismo se lo lleva una pirámide de maletas de piel clásicas, que recuerdan el origen de la firma, fundada en 1884 con artículos de viajes, en un primer momento sobre todo baúles.

Estas maletas llevan el estampado Monogram, la composición de las iniciales L y V entrelazadas con motivos florales, que justamente cumple 130 años de historia y tiene más presencia que nunca en los estantes de la tienda, tanto el estilo clásico como salpicado de colores. Para celebrar la efeméride, la casa francesa ha sacado tres cápsulas exclusivas que reinterpretan este emblema, llamadas Monogram Origine, VVN y Time Trunk. El Monogram Multicolore también regresa en una reedición icónica de las creaciones coloridas de Takashi Murakami.

Asimismo, la tienda ofrece piezas relacionadas con el arte de viajar, que ha sido la esencia de Louis Vuitton desde su fundación en 1854 en París. El nuevo comercio es mucho más grande de lo que parece desde el exterior, y tiene diferentes salas de techos altos y tonos claros que dan protagonismo a las prendas y accesorios, que esta temporada son especialmente coloridos. Prueba de ello, el bolso Speedy P9 en talla grande de la colección de Pharrell Williams en un color verde claro, que está bien visible en la planta de hombre. Su precio pasa los 10.000 euros y solo se compra por encargo.

Las estancias, con diferentes sillones y sofás para acomodar a los que esperan, cuenta con una selección de muebles procedentes de Milán, junto con piezas de diseño exclusivas encargadas especialmente para esta tienda. La boutique está decorada con un toque resort: alfombras de fibra natural, papel pintado de paja y colores vivos. Destacan una mesa de Paul Kingma, mesas de Carlo Mollino y Carlo Scarpa, un salón de Pierre Paulin y sillones de Martin Eisler.

Nuevo salón privado

Aunque hay espacios que se pueden separar con algún elemento para dar un poco más de privacidad dentro de la tienda, también existe una sala llamada VIP que cuenta con sillones y mesas, además de un amplio probador, con una puerta corredera que aisla el rincón de todo lo demás a los que quieren más discreción. Cuenta el director de la tienda, Giovanni Tagliaferri, que esta zona privada era una reclamación de los clientes y se incorporará en la reforma de la flagship.

Tagliaferri, que trabaja en Barcelona desde que se abrió la tienda de paseo de Gràcia en 2013, controla al más mínimo detalle todo lo que pasa entre estas paredes para que los consumidores queden satisfechos. “Aquí tenemos clientes todo el año, y cuando hay ferias como el Mobile o SeaFood todavía más”, añade este italiano que lleva más de veinte años en la firma, con responsabilidades en diferentes ciudades, y reconoce estar encantado de vivir en Cataluña, que le recuerda mucho a su Toscana natal.

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