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La segunda vida de la alfombra roja de los Goya

Un docente recoge elementos de la gala del pasado sábado de un contenedor y les da vida en un centro escolar de una de las zonas más deprimidas de la capital malagueña

Alumnos del colegio Misioneras Cruzadas de Málaga, sobre la alfombra roja.
Alumnos del colegio Misioneras Cruzadas de Málaga, sobre la alfombra roja.

Mientras los focos apuntan al glamur y las estrellas del cine, en la sombra quedan realidades que pocas veces aparecen en pantalla. Como la de niños y niñas cuya preocupación cotidiana está a años luz de lo que ven en televisión. Por eso, cuando el alumnado del colegio Misioneras Cruzadas, en Málaga, se encontró el lunes una alfombra roja a la entrada del centro, ni se atrevieron a pisarla. “No querían estropearla”, dice el director, José Miguel Santos. “Saben que por ella siempre pasa gente importante y ellos no se sienten así, les daba pudor”, subraya el docente. El claustro les animó a pisarla y caminar por ella hasta el photocall que les esperaba junto a sus clases. Las risas surgieron en los rostros de los pequeños y, pronto, algunos se vinieron arriba lanzando besos a un lado y otro, como si una maraña de fotógrafos estuviera retratándolos.

“Es muy grande”, decía esta semana Ferdeous, estudiante de primero de Primaria. “Es muy chula: es por donde siempre pasan los famosos”, añadía su compañera Juana. Como ellos, David, Naima, Nasira, Andrés o Sergio caminaban por el tapiz rojo como tantas otras veces han visto en televisión. Su alfombra roja, eso sí, no ha costado nada al colegio. Son restos encontrados por Santos en un contenedor cerca del palacio de los deportes José María Martín Carpena, donde el sábado pasado se celebró la gala de los Goya. Y lo que la Academia del Cine había destinado para la basura o para reciclar, en este centro concertado de la barriada Palma-Palmilla —una de las más deprimidas de Málaga— ha servido para mucho más.

“Hemos hecho ver al alumnado que ellos también son importantes: por vivir en un barrio olvidado no son menos que otros que salen en televisión”, dice el director del centro. “Los niños son los protagonistas del colegio, como el profesorado”, insiste Santos, el profesor, que ha puesto sobre la mesa la realidad de un colegio “al que le cuesta llegar a fin de mes, como las familias de esta zona”. Misioneras Cruzadas, que tiene algo más de 300 alumnos y alumnas desde Primaria a Secundaria, es el centro concertado de Andalucía con más menores en riesgo de exclusión social. Todos los que se quedan en el comedor escolar tienen informes de los Servicios Sociales que así lo indican.

La pintura, la puesta a punto de las aulas y otras muchas cuestiones del día a día dependen de la voluntad del profesorado, amigos y la implicación de familias de la barriada. “Esta es una zona complicada, estigmatizada y desatendida. Conseguimos hacer cosas gracias al apoyo de entidades, que nos permiten tener actividades en la tarde como deportes, teatro, manualidades o batucada. Así los niños pueden estar aquí buena parte del día”, dice Santos, al que un simple gesto de reciclaje le ha convertido en casi una estrella mediática desde que colgó un mensaje en redes sociales con tono reivindicativo. “Gracias, porque todo lo que habéis tirado lo utilizaremos para que los niños de un barrio olvidado se sientan los verdaderos actores de vida reales”, decía en el texto colgado en Facebook, donde ha sido compartido por más de 600 personas.

La Academia de Cine ha explicado que el director del colegio cogió “sin permiso” los restos del contenedor y que lo que se iba acumulando en él iba destinado a un punto limpio para su reciclaje. “Ahora no te puedes ni acercar a un contenedor sin pedirlo previamente”, decía irónicamente José Miguel Santos, que recalca que el suyo fue un gesto sin premeditación. “Vivo cerca del Martín Carpena, estaba de paseo con mi hijo y mi sobrina y nos encontramos el material. Como hacemos siempre entre el profesorado cuando vemos objetos o elementos que nos pueden servir, envié una foto a un grupo de Whatsapp por si le veíamos algún uso. Decidimos que sí, así que llamé a mi esposa y metimos todo lo que cupiera en el coche”, subraya el profesor, que ya analiza junto a sus compañeros del claustro de profesores nuevos usos a varios metros más de alfombra roja que aún no han utilizado y al cartón pluma del photocall: escenarios de obras de teatro, un tapete para la radio escolar, dar glamur a la graduación de fin de curso… “Las posibilidades son muchas y como estamos acostumbrados a reaprovechar todo por nuestros pocos recursos, seguro que vamos a disfrutar mucho lo que otros tiraron”, concluye el director del colegio.

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