Guadiana elimina a Franco de su apellido

La localidad pacense deja a Llanos del Caudillo como único municipio con referencias al dictador

Cartel que da entrada al municipio de Guadiana del Caudillo.
Cartel que da entrada al municipio de Guadiana del Caudillo.Julian Rojas

Guadiana ya no tiene Caudillo. Esta localidad de la provincia de Badajoz, de 2.500 habitantes, ha eliminado de su topónimo la referencia al dictador siete décadas después de ser inaugurada por Francisco Franco. La aprobación definitiva del pleno municipal y la ratificación de la Junta de Extremadura en su Consejo de Gobierno de este martes ha culminado un proceso que se inició tras las elecciones de mayo, cuando el PSOE se impuso a Vox con la promesa del cambio de nombre como bandera. La nueva denominación se hará efectiva en las próximas semanas, tras ser publicada en los boletines oficiales de la autonomía y del Estado. En ese momento, Llanos del Caudillo (Ciudad Real) quedará como el único municipio español —además de algunas pedanías— que mantendrá al tirano en su apellido. Hace una década, eran más de diez.

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La historia de Guadiana está íntimamente relacionada con la dictadura. Nació en los años 50 como un pequeño poblado en la comarca de las Vegas Bajas, impulsado por el Instituto Nacional de Colonización para aprovechar las nuevas tierras de regadío que florecieron al abrigo de los pantanos franquistas. Sin embargo, muchos vecinos no se reconocen en la herencia del régimen. Ana Plaza, de 34 años, es una de ellas: “Llevábamos mucho tiempo con ganas de que se cambiara el nombre”, asegura por teléfono. Al conocer la noticia, lo celebró con sus compañeros de Guadiana Despierta, la asociación que durante el último año ha movilizado a la mayoría de los guadianeros en contra de los últimos vestigios del franquismo.

Para casi todos los vecinos, Guadiana siempre fue Guadiana. A secas. Así lo asegura el alcalde, el socialista Francisco Moreno, que gobierna en solitario con seis concejales. Vox tiene los otros cinco. “El pueblo estaba harto de que saliésemos en todos los sitios como defensores del dictador”, explica Moreno, que llevó en la primera página de su programa electoral el cumplimiento de la ley de memoria histórica, y lo ha conseguido en solo seis meses. “No hay ninguna polémica”, añade.

Durante el proceso, se creó una plataforma contra el cambio de nombre —nadie conoce a sus promotores, pero acumula varios cientos de seguidores en Facebook— y 130 de los 2.500 vecinos se sumaron a algunas de las alegaciones presentadas contra la iniciativa municipal. Todas ellas fueron desestimadas.

Pero librarse del franquismo no ha sido tan fácil. En las anteriores dos legislaturas, Guadiana tuvo como alcalde a Antonio Pozo, un antiguo dirigente del PP que acabó en Vox y fue condecorado como Caballero de Honor de la Fundación Francisco Franco. Pozo llegó a perder una ayuda de 168.000 euros de la Diputación de Badajoz por negarse a cumplir la ley de memoria histórica, y puso un cristal blindado para proteger una placa de la dictadura que presidía la plaza del pueblo. Hoy, todo eso es historia.

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“No hay nada ya, que salga en el BOE y se acabó”, concluye el regidor Moreno, lacónico, al otro lado de la línea. El Caudillo ha desaparecido de Guadiana. Y a diferencia del río que le da nombre al pueblo, esta vez no amenaza con regresar.

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