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La resistencia asfixiante a bordo del ‘Open Arms’

Malta e Italia aceptan evacuar a dos mujeres y un hombre por razones médicas

Una de las mujeres sudanesas a bordo, en su décimo día en alta mar. En vídeo, declaraciones del director de la ONG, Óscar Camps, e imágenes de la evacuación.

Hace 11 días que desde la cubierta del Open Arms no se ve más que agua. No se avista tierra firme y la pequeña isla italiana de Lampedusa, a menos de 30 millas náuticas de distancia, parece un puerto cada vez más lejano. Italia continúa sin ceder, la UE tampoco ha movido ficha y el pasaje del buque, formado por 19 tripulantes y 160 rescatados, enfrenta cada día más exhausto el hacinamiento, los conflictos de convivencia y el racionamiento del agua.

El plan de la tripulación continúa siendo resistir, pero ante la falta de un puerto seguro en el que desembarcar, el capitán pidió este domingo a Malta e Italia la evacuación médica de tres de los rescatados y sus familiares, nueve personas en total. Hasta ahora, Malta ha aceptado recoger en helicóptero a dos mujeres y sus familiares e Italia a un hombre. Entre los evacuados hay una mujer sudanesa que viaja con sus dos hermanas, su madre y su hija de 12 años, y que tiene síntomas de neumonía; y otra mujer, de 32 años de Costa de Marfil, que presenta alteraciones neurológicas y que viaja con una hermana y su sobrino. Por último, hay un joven de 20 años de Eritrea con síntomas de tuberculosis. En los 11 días que llevan en altamar ya han sido evacuadas dos mujeres embarazadas y la hermana de una de ellas.

La convivencia a bordo ha empeorado, sobre todo desde que llegaron a bordo los últimos 39 rescatados en la madrugada del sábado. La ansiedad ha aumentado tras tantos días sin saber qué va a ocurrir con ellos. El calor y la humedad son asfixiantes. Ya se han tenido que apaciguar varias peleas. Hay 160 personas hacinadas en un espacio de poco más de 180 metros cuadrados, entre ellas dos bebés de nueve meses y 30 menores de edad.

La situación es cada día más delicada y no hay ninguna señal de que el desbloqueo vaya a ser inminente. El buque, un barco construido en 1974, no es el lugar ideal para mantener a tanta gente durante tanto tiempo a bordo. Este sábado además se averió la desalinizadora y ahora hay que racionar el agua. La previsión es poder arreglarla cuanto antes, pero aún así el volumen de producción no es proporcional a un volumen tan alto de consumo. Cada uno de los rescatados tiene una botella y cada hora y media la tripulación distribuye el agua potabilizada que puede usarse para beber, para lavarse los pies antes de rezar o mojarse el rostro. Solo los dos bebés de nueve meses y los niños más pequeños están consiguiendo bañarse en un barreño. Los 160 rescatados comparten dos aseos.

El menú a bordo se basa fundamentalmente en platos de arroz y cuscús. Los cocina Víctor, que daba clases de conducción en la Ertzaintza hasta que se jubiló y se hizo voluntario del Open Arms. “Tratamos de ponerles guisantes o algún otro ingrediente para darle color y sabor. Pero es todo muy básico”, describe el socorrista Francisco Gentico. Este domingo se celebró la Fiesta del Sacrificio, una de las más importantes efemérides en el calendario musulmán, y Víctor, a falta de cordero, añadió pollo al almuerzo.

Medios nacionales e internacionales preguntan desde hace días si la tripulación del buque español forzará su entrada en puerto, como ya hizo la capitana del Sea Watch 3 Carola Rackete a finales de junio. Aunque algunas publicaciones han dado a entender que esa opción ya está sobre la mesa, el director de la ONG Óscar Camps ha asegurado a EL PAÍS que esa posibilidad solo se tendrá en cuenta en caso de “emergencia humanitaria”.

El buque sigue bloqueado por la negativa de Malta e Italia, los puertos más cercanos, a dejarles desembarcar. La Comisión Europea tampoco ha intervenido para resolver la crisis alegando que ningún Estado miembro se lo ha solicitado. Camps ha recriminado a España que no haya mediado para buscar una solución y ha retado al Gobierno a denunciar a Italia y Malta en el Tribunal Internacional de Derechos del Mar de Hamburgo por impedir el desembarco en sus puertos.

Mientras el Open Arms mantiene su pulso, el Ocean Viking, operado por Médicos Sin Fronteras (MSF) y SOS Méditerranée, lo refuerza. El buque ha realizado su tercer rescate en tres días. Tras una operación de salvamento de 81 personas sube hasta 251 el número de migrantes a bordo. “Por el momento, el Ocean Viking seguirá patrullando ya que puede haber otras embarcaciones que puedan estar en peligro”, ha informado en un comunicado MSF.

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