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Compromís y PSOE se atascan con el pacto de gobierno en Valencia

Los socialistas piden una vicealcaldía que la coalición valencianista rechaza

Joan Ribó (Compromís), y la portavoz socialista Sandra Gómez, el pasado 7 de junio. En vídeo, declaraciones del alcalde de Valencia en el día de su investidura. Vídeo: Atlas

Valencia amaneció, tras los comicios locales del 26-M, con la mayoría absoluta en manos de dos fuerzas políticas de izquierda: Compromís (10 ediles) y el PSPV-PSOE (7). A priori parecía sencillo que ambos partidos reeditaran en el Ayuntamiento el pacto de gobierno de 2015 —ahora sin Podem—, pero ocho días después de la investidura de Joan Ribó como alcalde la negociación está en suspenso y las posturas son distantes. El PSOE pide una vicealcaldía que Compromís rechaza.

“Nosotros continuamos abiertos a pactar un gobierno de coalición con unas coordenadas comparables a las de los últimos cuatro años, con coordinadores de área y elementos de innovación económicos y administrativos en las diferentes áreas del Ayuntamiento”, apuntó el alcalde Joan Ribó, de Compromís, el pasado viernes, con las conversaciones ya interrumpidas.

Los socialistas votaron a favor de la investidura de Ribó el pasado 15 de junio sin cerrar el acuerdo de gobierno “por responsabilidad” y porque Compromís fue el más votado en las urnas. Llegada la negociación, el PSPV ha planteado a su socio un gobierno a imagen del Botànic, el pacto alcanzado por socialistas, Compromís y Unides Podem en la Generalitat Valenciana. Y piden la creación de una vicealcaldía para la socialista Sandra Gómez.

La coalición de Ribó ha puesto, sin embargo, sobre la mesa una estructura de gobierno con siete grandes áreas gerenciales o superconcejalías —cuatro en manos de Compromís y tres dirigidas por los socialistas—, con independencia de quien lleve luego cada delegación o área de gestión. El objetivo, dicen la formación valencianista, es agilizar y mejorar la gestión de las 49 delegaciones y los 5.000 empleados que existen en el Consistorio. “El Ayuntamiento es la mayor empresa de la ciudad y su organización puede mejorar mucho. La tenemos que mejorar hacia unas áreas de gerencia mucho más articuladas que nos permitan trabajar más rápidamente y más eficazmente. Ese es el objetivo”, afirmó Ribó.

Esa estructura gerencial dependería funcionalmente del alcalde y es la que origina recelos en las filas socialistas. “¿Es que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, no tiene capacidad de control sobre los ministerios?”, replican desde Compromís, que no aceptan una vicealcaldía para Gómez. “No es asumible y no está en el reglamento de funcionamiento del Consistorio”, declaró el alcalde hace solo unos días.

Ambas partes reconocen que no es fácil concertar un modelo de gobierno. El mestizaje que operó la pasada legislatura con mayor o menor fortuna en la Administración autonómica valenciana —cada consejería tiene representantes de los dos socios de gobierno— no se puede poner en práctica en un Ayuntamiento, donde no hay segundos y terceros escalones de cargos públicos. El modelo más parecido al que propone la coalición naranja sería el del Ayuntamiento de Barcelona.

Los socialistas quieren margen de maniobra en el Gobierno municipal pero desde Compromís repiten que 10 son más que 7 [concejales]. “Eso no sería un gobierno de coalición, donde se reparten proporcionalmente las áreas y existe una alcaldía y una vicealcaldía”, advierten. Así las cosas, la negociación está en estos momentos paralizada y las posturas son distantes.

Las conversaciones entre las dos fuerzas políticas se iniciaron hace unos 10 días, poco antes de la investidura de Ribó, pero el grueso de la negociación no comenzó hasta hace una semana. Quedaron en verse cada dos días pero el pasado jueves el diálogo descarriló y las partes se levantaron de la mesa sin avances y sin fecha para volver a reunirse. Compromís amaga con gobernar en solitario el Ayuntamiento pero con solo 10 concejales de un total de 33, parece complicado, señalan los socialistas.

El anterior pacto de gobierno en Valencia, suscrito en 2015 por Compromís, socialistas y Podem, estaba prácticamente decidido a finales de junio. Los negociadores insisten en que hay tiempo para cerrar un acuerdo hasta el 15 de julio, fecha en que debería de celebrarse el pleno municipal de organización, donde se asignan espacios y se deciden asesores y otras cuestiones de intendencia. En la formación naranja extienden el periodo de negociación a todo julio si es necesario.

Otros elementos que salpican esta negociación hay que buscarlos en clave de partido y de sucesión. El alcalde Joan Ribó, que el pasado 26-M salió reforzado de las urnas, sumando un concejal más, ha anunciado que no volverá a presentarse. En 2023 —o tal vez antes— se marchará y otra persona deberá liderar la candidatura de Compromís.

Recuperar la capital

Y los socialistas, con Sandra Gómez al frente, que también han crecido en resultados, no renuncian en un futuro a la alcaldía de Valencia, que perdieron en 1991 y no han podido recuperar. Como insinuó la propia Gómez en la pasada campaña electoral, su grupo municipal cuenta con sólidos aliados en la Administración central y en la autonómica —ambas presididas por socialistas— para hacer visible su gestión en el Consistorio. De ahí, la exigencia de una vicealcaldía, un cargo que solo ha existido en el Ayuntamiento de Valencia en la última etapa de gobierno del PP, con Rita Barberá de alcaldesa, y que recayó en su mano derecha Alfonso Grau.

Gómez ha negado que el único escollo en las conversaciones se ciña a la creación o no de una vicealcaldía. “Queremos un verdadero gobierno de coalición en el que se perciba una voluntad conjunta de coordinar y de tomar conjuntamente las decisiones, sin subordinación entre las fuerzas que lo integren y sin paternalismo”, declaró el viernes. “10 son más que siete pero 10 no son 17, no son la mayoría del Ayuntamiento ni tampoco de la ciudad”, subrayó la portavoz socialista.

Las conversaciones no están rotas, solo en suspenso, y ambas partes entienden que en los próximos días volverán a sentarse a negociar la reedición del pacto de La Nau —llamado así porque en 2015 se cerró en la sede de la Universitat de València—. “Hay tiempo”, advierten las dos formaciones.

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