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Borrell evita despejar su futuro en la Unión Europea

El ministro de Asuntos Exteriores en funciones abandonará el Gobierno la próxima semana

A una semana de que el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, abandone el Gobierno, su futuro en Bruselas aún no está despejado. Borrell presentó este viernes una especie de balance del año que ha pasado al frente de la diplomacia española dejando la puerta abierta a ocupar uno de los grandes puestos de mando en la Unión Europea, pero sin precisar absolutamente nada. “Si es muy top...”, respondió irónicamente al ser preguntado sobre si estaría disponible para asumir uno de los cinco altos cargos del club comunitario.

El ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell, este viernes.
El ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell, este viernes. EFE

Borrell es diputado electo del Parlamento Europeo; ya ha recogido su acta en Madrid. Al mismo tiempo, apura sus últimas horas como ministro de Exteriores del Gobierno de Pedro Sánchez. Esa doble identidad profesional acabará el próximo viernes, cuando deje oficialmente el ministerio. Y lo más probable es que ni siquiera en ese momento esté cuadrado el sudoku de cargos europeos del que el español podría formar parte. “Para el Gobierno no es tan importante el pasaporte de esos cargos como el proyecto que tengan”, respondió de manera ortodoxa la primera vez que se suscitó este asunto en un acto organizado este viernes en el Palacio de Santa Cruz, sede de Exteriores. Más avanzada la conversación, el ministro abrió la puerta a desempeñar alguna de esas funciones. Pero solo si es muy destacada.

El político se deja querer. La frase sobre su disposición a ocupar un puesto “si es muy top” resume bien el sentir del ministro en funciones desde que accedió a encabezar la lista del PSOE a las elecciones europeas, por petición de Pedro Sánchez. Borrell ha mostrado cierta distancia con una carrera, la europea, en la que ya probó suerte (fue presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007). Pero el buen resultado logrado en la cita electoral del pasado mayo —un 33% del voto, mejor que el de Pedro Sánchez en las generales— y la oportunidad que vive España de desempeñar un papel más relevante en la órbita comunitaria lo sitúan como uno de los favoritos para desempeñar un puesto de liderazgo en Bruselas. La falta de acuerdo entre los jefes de Estado y de Gobierno el jueves en Bruselas retrasa el reparto al menos una semana.

El ministro en funciones tiene previsto como mínimo un viaje a la capital comunitaria en los próximos días. El miércoles realizará algunas gestiones en la Eurocámara y acudirá al otro gran centro de poder —junto a las instituciones europeas— que alberga la capital de Bélgica: la OTAN. El ministro en funciones se reunirá con el secretario general de Alianza, Jens Stoltenberg, y participará en la inauguración de una sala y de un busto en honor de Leopoldo Calvo Sotelo, el presidente bajo cuyo mandato se produjo la adhesión de España a este organismo, en mayo de 1982.

El asunto del hipotético futuro europeo de Borrell, ineludible desde hace semanas, estuvo muy presente en el debate que organizó este viernes Exteriores con motivo de la presentación de un documento (España en Europa y en el mundo: una hoja de ruta) elaborado por el propio Borrell. El texto repasa los principales desafíos que ha afrontado como ministro y resalta algunas visiones de futuro. “España está de vuelta; tiene que estar más presente e interesada en que el invento europeo prospere y progrese”, señaló el ministro ante una audiencia de diplomáticos, investigadores y periodistas, con un discurso que sonó a carta de despedida.

El titular de Exteriores no ahorró críticas a la trayectoria más reciente de la UE. “En los últimos 10 años, Europa ha vivido un continuo proceso de improvisación”, aseguró, en referencia a las medidas de emergencia que se han ido articulando a raíz de la crisis del euro, la migratoria y la nueva confrontación con Rusia, entre otros retos. Borrell admitió que España considera insuficientes los avances realizados en la arquitectura del euro. El más reciente es el presupuesto para los países de la moneda única, que de momento no incluye ningún esquema de estímulo para momentos de crisis. “Es inviable quedarse con el euro sin avanzar en su estructura”, sentenció.

Venezuela y Cataluña

El texto aborda también dos de las controversias que más lo han perseguido —y que él más ha abonado— durante su etapa como ministro: la crisis de Venezuela y la de Cataluña. Sobre la primera, Borrell defiende lo que denomina doble línea de actuación del Gobierno: por un lado, mantener los canales abiertos con el régimen de Nicolás Maduro; por otro, dialogar con el entorno de Juan Guaidó, el presidente reconocido de manera interina para que convoque elecciones.

A Cataluña alude el breve ensayo de Borrell en sus reflexiones finales para enmarcar lo ocurrido en la plaga de las llamadas noticias falsas. “Asistimos, como en el Brexit, a una gran cantidad de noticias falsas sobre los supuestos beneficios de una Cataluña independiente. Si Reino Unido iba a disponer de 350 millones de libras más por semana, Cataluña iba a contar con 16.000 millones de euros más tras su independencia. Era, y sigue siendo, una mentira, aunque mucha gente cree todavía en ella”, lamenta.

Más allá de lo que ocurra con los cargos, Borrell aclara que en una Unión Europea lastrada por el repliegue nacionalista en muchos de sus rincones, su identidad viene definida por el proyecto comunitario. “La bandera europea es mi bandera porque representa la unión y la convivencia en paz”, deja por escrito en un texto que se puede leer como legado de un breve mandato en Exteriores.

 

Centenares de millones para Marruecos

La migración y los estragos que puede causar en la UE, si se aborda de manera populista, ha sido una constante en los discursos de Josep Borrell,  ministro de Exteriores en funciones. El ensayo presentado este viernes alude a los 6.000 millones de euros que Europa comprometió a Turquía para que atienda a sus refugiados sirios a cambio de que contenga las salidas hacia las islas griegas. Y compara esta magnitud con la ayuda que recibe Marruecos, mucho más escasa.

Preguntado por esa reivindicación de más fondos para el país magrebí, el ministro adoptó una actitud más de representante europeo que de miembro de un Ejecutivo español para argumentar que no se requieren las mismas cantidades de dinero porque Marruecos no tiene el volumen de refugiados de Turquía. “En el caso de Marruecos estamos hablando de un par de centenares de millones de euros”, respondió tras alegar que esa mayor vigilancia de fronteras que pide Europa “tiene un coste que esos países no están en condiciones de abordar”.

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