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El nuevo papel secundario del narco español

Los grandes alijos incautados por la Policía en los últimos días revelan que las bandas nacionales actúan como simples intermediarios de organizaciones internacionales

El barco brasileño apresado por la Policía la semana pasada cerca de Canarias con mil kilos de cocaína.
El barco brasileño apresado por la Policía la semana pasada cerca de Canarias con mil kilos de cocaína.

La más de ocho toneladas de cocaína que la Policía española se ha incautado en pocos días han puesto de relieve el nuevo papel que están desempeñando en el tráfico del polvo blanco —a 28.000 euros el kilo— los narcotraficantes españoles: “A excepción de dos organizaciones herederas de Sito Miñanco [José Ramón Prado Bugallo] que sigue operando en Galicia, la mayor parte de los narcos españoles se han convertido en intermediarios, en comisionistas, prestan sus contactos y sus estructuras de transporte a otras organizaciones extranjeras, relacionan a grupos de europeos (serbios, albaneses, ingleses, holandeses...) con los carteles latinoamericanos (colombianos, brasileños...), incluso les acompañan en el primer viaje”, resume unos de los máximos responsables de la lucha contra el narcotráfico, el comisario Antonio Martínez Duarte, jefe de la Brigada Central de Estupefacientes.

La consecuencia de esta nueva situación es doble: por una parte, las operaciones empiezan a realizarse con la cooperación policial de otros países de nuestro entorno; y quizá, más preocupante para España, es el asentamiento en nuestro país de los cabecillas de algunas de las organizaciones internacionales más peligrosas, “holandeses de origen marroquí o serbios, por ejemplo, principalmente en la Costa del Sol y el Levante español, sus zonas preferidas para invertir y donde se están apoderando del negocio y ampliando su logística para introducir incluso la droga desde Marruecos”, concretan otras fuentes policiales. “Los españoles se han convertido en muñidores de encuentros, principalmente con colombianos, y en narcotransportistas: ceden sus contactos e infraestructuras a los grupos extranjeros y se llevan la comisión correspondiente”, explican.

Las cuatro operaciones desarrolladas en la última semana son una buena muestra del nuevo rol que está jugando España —donde en 2018 se alcanzó la cifra récord de más de 35.000 kilos de cocaína aprehendidos— en el tráfico de cocaína. En pocos días, la Policía aprehendió casi 800 kilos en Barcelona, 1.500 kilos en Canarias, otros 1.100 en Sevilla y mil más en Madrid. Y esta semana arrancaba con los resultados de la llamada Operación Livorno —en cooperación con la Guardia de Finanza de Italia y con la Agencia Tributaria— en la que se ha incautado un total de 5.000 kilos de polvo blanco en tres contenedores en el puerto de Barcelona. Los seis detenidos, españoles, eran trabajadores del puerto, como el administrador de la empresa Lavall Contenidors, o el de la empresa Carbor 2017 S.L.; y dos informáticos de la terminal BEST, que se encargaban de colocar los contenedores cargados en zonas con menores medidas de seguridad y a las que accedían transportistas portuarios para esquivar los controles y facilitar los accesos. Entre los vehículos que les fueron incautados había incluso una cabeza tractora.

La Operación Livorno se inició en el mes de enero del presente año gracias a la colaboración internacional con autoridades italianas y colombianas que informaron de la existencia de contenedores con destino al puerto de Barcelona que podrían llevar estupefacientes entre su carga.

También en el puerto de Barcelona se culminaba la semana pasada la Operación Baluarte, con la incautación de un total de otros 766 kilos de cocaína, que habían partido del puerto de Guayaquil (Ecuador) y cuyo destino final era Singapur. En su recepción participaban ciudadanos españoles y serbios.

Y, a principios de esa semana, un grupo del GEO (Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional) asaltaba un pesquero sin pabellón cerca de Canarias con 1.500 kilos de cocaína a bordo en 50 sacas. En la operación participaban policías de España, Reino Unido, Francia, Portugal y Brasil, aparte de una nave nodriza de la armada. Según la policía, el barco partió de Brasil y el destino de su mercancía, previo trasvase a otra embarcación que también fue interceptada, era el mercado europeo. El envío de la droga lo gestionaba “un grupo organizado de posible origen magrebí”, señalan fuentes de la investigación, que continúa abierta.

Días más tarde, la Policía aprehendía otros 1.100 kilos de polvo blanco en Sevilla, “el mayor alijo hallado en la capital andaluza” de una organización “formada por colombianos y sevillanos”, según fuentes de esa investigación.

Esta misma semana la Policía incautaba otros mil kilos de cocaína en Madrid gestionados por colombianos y británicos y desmantelaba un macrolaboratorio, en dos operaciones que siguen actualmente abiertas, según fuentes policiales.

“El papel de los españoles es residual, están siendo relegados por las nuevas organizaciones”, señala el comisario Martínez Duarte. “Las nuevas organizaciones vienen, hacen los contactos, recogen la droga y se la llevan”, explica.

Los últimos coletazos de la llamada operación Cambalache, los conocíamos también la semana pasada: una investigación iniciada a finales del 2017, bajo la dirección del Juzgado de Instrucción Número 14 y la Fiscalía Antidroga de Málaga, centraba a una organización gallega, que actuaba como intermediaria entre suministradores de cocaína desde Colombia y Ecuador, y grupos criminales británicos asentados en España, y dedicados a financiar la importación de grandes cantidades de clorhidrato de cocaína.

En 2017 se desplazó a España un representante de los colombianos, reuniéndose con los “intermediarios gallegos”, y los compradores del estupefaciente, ingleses afincados en Barcelona, que controlan una empresa española de madera, implicada en la operación investigada.

En junio de 2018, utilizando un complejo sistema de ocultación del estupefaciente en la madera (de teca), la organización criminal colombiana envió una primera remesa para probar la fiabilidad del transporte: un contenedor marítimo entre una empresa exportadora de madera radicada en Medellín y una empresa importadora de madera de Barcelona. La investigación, culminada hace días, ha dado como resultado final —aparte de más de 40 kilos droga— la detención de siete personas, entre las que había dos colombianos, uno que vivía en la calle Alberto Aguilera de Madrid y otro en el madrileño municipio de Cobeña, y un inglés de Luton, aparte de los cinco españoles.

Mil kilos junto al refugio de Sito y un macrolaboratorio

En la urbanización El Bosque, a las afueras de Madrid, a escasos 500 metros de la casa en la que fue detenido por primera vez en 2001 con las manos en la masa el histórico narcotraficante José Ramón Prado Bugallo, más conocido como Sito Miñanco, la Policía ha hallado esta semana un alijo de mil kilos de cocaína. Una operación todavía en pleno desarrollo, que permanece abierta e implica a ciudadanos colombianos y británicos, según fuentes policiales.

Casi al mismo tiempo, los agentes de la Brigada Central de Estupefacientes han desmantelado, también a las afueras de la capital, un macrolaboratorio para el procesamiento de esta droga. En concreto, en las localidades de Valdemoro y Villaviciosa de Odón. La policía espera detener a 12 personas, todas integrantes de una misma familia de origen colombiano. “Es el mayor golpe contra las infraestructuras de elaboración de cocaína”, destacan fuentes policiales. El laboratorio tenía capacidad para procesar “más 300 kilos de cocaína a la semana”, señalan fuentes de la investigación en curso.

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