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El pueblo de pescadores que cayó en la ‘zaradependencia’

La urbe que creció gracias a su puerto pelea ahora por liberar sus muelles para uso público y vive del gigante Inditex al que alumbró

Los pocos pesqueros que fondean en la Marina de A Coruña, con el puerto deportivo y la casa de Amancio Ortega en O Parrote al fondo.
Los pocos pesqueros que fondean en la Marina de A Coruña, con el puerto deportivo y la casa de Amancio Ortega en O Parrote al fondo.

Hace una década A Coruña sufrió una explosión en cadena. En esta península gallega de solo 38 kilómetros cuadrados, donde la escasez de suelo lo convirtió en oro y nació la potente promotora Fadesa, estalló con fuerza la burbuja inmobiliaria pero también la financiera, con la defunción de la caja de ahorros que en ella reinaba, y la comercial, con el cierre de grandes superficies recién levantadas. Lo que un día fue un pueblo de navegantes y pescadores que creció gracias, por y para su puerto, ya llevaba tiempo transformada en una ciudad de servicios. Hoy vive sobre todo del gigante textil al que alumbró: Inditex.

Bajo la casa del fundador de Zara en la céntrica dársena de O Parrote, hace años que fondean yates y casi ningún pesquero. Desde la ventana de Amancio Ortega también se divisan los trasatlánticos cargados de turistas a los que la ciudad fía parte de su economía. Y a lo lejos se ven los mercantes y petroleros que desde 2004 la ciudad intenta llevarse al puerto exterior, construido por más de 750 millones de euros a 15 kilómetros, en punta Langosteira, en el municipio de Arteixo donde también está la sede de Inditex.

Vaciar de actividad portuaria los muelles del centro de A Coruña para diseñar una nueva fachada marítima ha sido una operación costosísima y errática que aún no se sabe cuándo culminará. Se impulsó hace 15 años con el pretexto de alejar descargas insalubres y peligrosas, ya que los productos petrolíferos precisan de un oleoducto que recorre el subsuelo coruñés hasta la refinería. “La construcción del puerto exterior fue injustificada porque, con ligeras modificaciones en la parte petrolera, la ciudad podría convivir con el puerto. A Coruña no queda libre de peligro porque los muelles estén en un costado y no en el centro”, sostiene Antón Luaces, periodista y presidente de Foro Cívico, un prestigioso club local de debate y reflexión.

Luaces, experto en información marítima, recuerda que hace más de una década vivían del puerto coruñés unas 3.000 personas y “ahora, como mucho, una tercera parte”. La ciudad era una “potencia pesquera” hasta que España ingresó en la Comunidad Económica Europea (CEE). Entonces una flota de 300 pesqueros faenaba en aguas europeas, apunta. Hoy sobreviven seis: “Ahora queda solo la pesca de bajura, pero entra más pescado en la lonja coruñesa por camión que por barco”.

En 2004, el Gobierno de José María Aznar, la Xunta con Alberto Núñez Feijóo de vicepresidente y el entonces alcalde de A Coruña, el socialista Francisco Vázquez, diseñaron una operación urbanística para financiar la mudanza al puerto exterior. La nueva dársena debía pagarse en buena parte con la venta a promotoras privadas del suelo de los muelles que se liberarían de actividad. El estallido de la burbuja inmobiliaria echó por tierra esos números y la Autoridad Portuaria ha acabado atrapada en una deuda de más de 300 millones.

Qué hacer con el medio millón de metros cuadrados junto al mar que serán recalificados y cómo pagar a los acreedores de la nueva dársena ya construida es uno de los grandes desafíos que tendrá que afrontar el gobierno local que salga de las urnas el 26 de mayo. Marea Atlántica, la candidatura de unidad popular que acabó en 2015 con la mayoría absoluta del PP y cuatro décadas anteriores de hegemonía socialista, plantea que ese suelo siga siendo “100% público”, con infraestructuras culturales, deportivas y de transporte y "actividades productivas limpias”. Solo admite viviendas en “situaciones puntuales de integración con la trama urbana” y sin privatizar el terreno.

El PP solo preservaría la titularidad pública de los muelles más cercanos al centro y en el resto promovería "edificios singulares", zonas de ocio y restauración y viviendas. El PSOE también aboga por un uso "mixto", con equipamientos públicos, deportivos y de transporte, oficinas, viveros de empresa y pisos, aunque reduciendo la edificabilidad prevista en 2004: "No hay que demonizar que existan viviendas porque garantizarían que hay vida en esos terrenos”. “Cien por cien uso público y sin vivienda”, contrapone el BNG, que situaría en esta área el intercambiador de transporte de la ciudad y un nuevo hospital.

Sobre la deuda de la Autoridad Portuaria de A Coruña, Marea Atlántica, PP y BNG defienden que el Gobierno central debe condonarla como hizo con la del Puerto de Valencia. El PSOE promete “luchar para encontrar una fórmula que permita reducirla”.

Comerciantes en jaque

La crisis económica golpeó el modelo de ciudad de servicios que desarrolló el socialista Vázquez durante sus 23 años de mandato. A la par que se desplomaba la compraventa y construcción de viviendas, se certificó la muerte de Caixa Galicia, una de las cajas españolas que más se entregó al ladrillo y gran financiadora del tejido empresarial, asociativo y cultural de la urbe donde tenía su sede. Pero no fueron los dos únicos pinchazos.

Mientras se proyectaban casas en todos los rincones, se expandieron los centros comerciales. En 2008 se abrió el complejo Dolce Vita como el más grande de Galicia, hoy una mole abandonada. En solo un bienio le siguieron otros dos, uno de ellos como el segundo mayor de Europa y el único que hoy sigue a pleno rendimiento. “No hay consumo y eso afecta al comercio pequeño y de barrio pero también a las grandes superficies”, afirma Mariló Fernández, presidenta de la asociación de comerciantes del barrio de O Castrillón, Eirís y Monelos. “La gente no tiene dinero y a nosotros, los autónomos, no dejan de subirnos los impuestos”.

La federación de comercio de la ciudad, señala Fernández, cifra en 1.500 los autónomos que han cerrado sus tiendas en lo que va de año en A Coruña. Quedan algo más de 6.000. “Hubo un repunte hace unos años, pero eran personas que habían perdido su trabajo e invertían el dinero del paro en un comercio; a los dos años cerraban”. Fernández no ve en la multinacional Inditex una competencia sino un “imán de consumidores y una imagen” para la ciudad: “Más bien nos alimentamos de ella, porque sus empleados compran y al comercio que está alrededor de sus tiendas le suele ir bien”.

Los economistas lo tienen claro: A Coruña sufre zaradependencia. Según el informe Ardán del Consorcio de la Zona Franca de Vigo, Inditex es la fuente de más del 50% de la riqueza industrial generada en el área coruñesa en un año. Los clubes financieros de A Coruña y Santiago ven la dependencia del sector servicios y, en su último informe de coyuntura económica, llaman a “aumentar el peso de la actividad industrial” y a “diversificar más allá del textil”.

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