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El PNV capitaliza el fracaso del bloque de la derecha en el País Vasco

El PP se quedó por primera vez sin diputados en el País Vasco debido a su estridente campaña, según los analistas

En vídeo, Andoni Ortuzar, presidente del PNV, celebra la victoria de su partido en Euskadi el 28-A. EFE | Vídeo:Atlas

El PP se ha quedado sin escaños en el País Vasco por primera vez en democracia. Llegó a tener siete diputados en 2000, su techo, y se mantuvo estable con 2-3 durante la última década, pero todo ha quedado en nada. En las elecciones generales ha caído con estrépito víctima de la fragmentación del centro-derecha y de una estampida de votantes que ha buscado refugio en la moderación del PNV y el PSOE, coinciden los expertos.

“Lo ocurrido en Euskadi es un reflejo de lo que ha pasado en el resto de España. La tragedia del PP vasco es que ya estaba prácticamente en los huesos y ahora ha acabado por tocar suelo por el arrastre de la debacle nacional”, opina Rafa Leonisio, doctor en Ciencia Política de la UPV. Fuentes internas admiten que “el batacazo se veía venir” desde el momento en que, como apunta Borja Sémper, el partido se ha dejado llevar por “la tentación de la radicalidad” en lugar de “apostar por la centralidad política”.

“Las competiciones electorales en Euskadi siempre se han vertebrado sobre los ejes identitario (nacionalistas-constitucionalistas) e ideológico (izquierda-derecha)”, expone Jonatan García Rabadán, investigador del equipo del Euskobarómetro, y en ambas batallas “el PP ha salido perdedor”, bien porque una parte de su electorado que tiene interiorizado el sentimiento regionalista ha optado por el PNV, bien porque ha querido premiar el discurso sin estridencias del PSOE.

El PNV, claro vencedor en Euskadi, vuelve a verse como un actor clave en la gobernabilidad del Estado. Y de puertas adentro, si en algún momento el lehendakari, Iñigo Urkullu, tuvo alguna tentación de adelantar las autonómicas ante las dificultades que le está creando la oposición de EH Bildu, Podemos y PP -—no ha podido renovar los presupuestos y su consejero de Salud tuvo que dimitir—, este espaldarazo electoral disipa esa posibilidad.

Los números son incontestables. El PP vasco pierde 54.000 votos (retrocede más de cinco puntos porcentuales) y queda muy tocado en Álava, su principal bastión, por más que haya perdido su escaño en esta circunscripción por poco más de 300 votos a manos de EH Bildu. El PNV, que ha insistido en un discurso “muy centrado en la defensa de lo vasco en Madrid”, apunta García Rabadán, ha conseguido capitalizar la sangría de la derecha vasca. Los nacionalistas han conseguido ganar en Álava por primera vez en unas generales. “Todo el voto fronterizo ha ido al PNV”, incluido el de “los simpatizantes del PP contrarios a recortar el autogobierno, aquellos de tradición fuerista que están conformes con el Concierto y lo propiamente vasco”, señala Pedro José Chacón, profesor de Historia del Pensamiento Político de la universidad pública vasca.

“Al PP le ha perjudicado la división de la derecha”, sostiene Leonisio, “porque la suma de los votos del PP y Vox en Álava le habrían valido para conservar ese diputado y los 15.000 que Vox ha logrado en Bizkaia eran suficientes para quitarle el segundo a Podemos”. Los partidos de derecha de ámbito estatal han fracasado en Euskadi: si en 2016 el PP, Ciudadanos y Vox totalizaron 190.240 papeletas, el 28-A se quedaron en 162.543 pese a aumentar la participación (118.000 votantes más). En cambio, los nacionalistas repuntaron: el PNV crece siete puntos y EH Bildu, 3,5.

Los analistas consultados están de acuerdo en que el PP no ha acertado en la definición de los candidatos —“la lista de Bizkaia estaba encabezada por una persona inexperta que se ha medido con políticos de la talla de Aitor Esteban (PNV), Patxi López (PSOE), Oskar Matute (EH Bildu) y Roberto Uriarte (Podemos)”, comenta Chacón—, ni en la estrategia electoral que ha diseñado Javier Maroto, número tres de Pablo Casado y el gran perdedor en Euskadi: “Ha fallado por su discurso excesivamente radicalizado y bronco”, dice en alusión al “seguidismo” que el líder popular ha hecho de algunas propuestas recentralizadoras defendidas por Ciudadanos y Vox, y a los insultos que Maroto dirigió en un debate electoral organizado por El Correo a Iñaki Ruiz de Pinedo, el candidato alavés de EH Bildu, a quien llamó “miserable”, “cobarde” y “escoria”. A la postre, este último se llevó el último escaño en esta provincia y Maroto no.

Defensa autonómica

Frente al tono crispado de las derechas, un PNV sin estridencias se ha llevado los réditos electorales. El partido de Andoni Ortuzar sale reforzado al recibir casi 400.000 papeletas (el 31%), acapara 9 de los 12 senadores vascos, y sumaría con los socialistas una mayoría que ahora no tiene en el Gobierno vasco.

“El electorado identificado con las cuestiones regionales que no quiere ver en peligro el actual modelo autonómico ha pasado factura a las derechas. Eso también ha tenido su efecto en Euskadi”, añade García Rabadán, profesor de Ciencia Política. En este sentido, las urnas han premiado la estrategia del PNV, que ha tratado hasta el último minuto de acordar nuevas transferencias con el Gobierno de Sánchez, frente a la apuesta contraria del PP, que anunció que las iba a echar abajo.

“Lo sucedido el 28-A tiene que llevar a las derechas a abordar un planteamiento de unidad como el que se ha dado en Navarra que permita recuperar el papel decente que hasta ahora ha tenido este sector político en el País Vasco, sobre todo en Álava”, señala Enrique Aguirrezábal, profesor de Derecho en la Uned y ex diputado foral del PP a comienzos de siglo.

No hay una explicación autóctona para el caso vasco, según Leonisio, porque el desgaste de la derecha “es acorde a la dinámica nacional”. Si en el conjunto de España ha perdido un 50% de su peso electoral, en Euskadi ronda el 40%. Insiste en que “la suerte del PP en Euskadi ha sido como lanzar una moneda al aire, porque sin el concurso de Vox habría sacado dos escaños, aunque con una pérdida notable de votos”.

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