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EP Verdad BLOGS Coordinado por José Manuel Abad

El día en que Ayrton Senna murió en el circuito y ascendió a leyenda

Hace 25 años el carismático piloto brasileño perdía la vida en el circuito italiano de Ímola tras salirse en una curva a más de 200 kilómetros por hora

Ayrton Senna
Operarios cuelgan fotos del brasileño Ayrton Senna en una exposición conmemorativa en la pista de carreras de Imola (Italia) en 2014. Reuters

Del piloto Michael Schumacher se destacan siempre sus récords, parece imposible encontrar a alguien capaz de clavar una vuelta rápida tan perfecta como lo hace Lewis Hamilton y tampoco nadie optimizó mejor sus recursos que Alain Prost, apodado El profesor no por casualidad. Y sin embargo, ninguno de ellos llegará nunca a alcanzar la magnitud del personaje que Ayrton Senna forjó a lo largo de las 11 temporadas que compitió en el Mundial de Fórmula 1, el mejor escaparate para que un brasileño con alma de Robin Hood sacudiera el statu quo del certamen y se convirtiera en un héroe transversal. Hace 25 años El mago, como se le apodaba, ascendió a la categoría de leyenda, pero para lograrlo pagó el precio más alto: su vida.  

Aquel domingo 1 de mayo a las 14.17, el mundo entero perdió a un icono único en una espeluznante salida de pista al paso del Williams por la curva Tamburello, en Ímola, cuando corría a 216 kilómetros por hora. El capítulo fue tan negro y el mazazo de tal calibre que activó un movimiento por las medidas de seguridad en un campeonato que no volvería a llorar una muerte hasta 20 años después, con el fatal accidente de Jules Bianchi en el Gran Premio de Japón de 2014, que se estrelló de frente contra una grúa.

Aunque Ayrton Senna solo llegó a acumular tres títulos (en 1988, 1990 y 1991), la impronta que dejó hace que muchos expertos piensen en él como el mejor de todos los tiempos. Sobre todo por los valores que transmitió mientras pudo –murió con solo 34 años– y que actuaban como un imán. Combinaba su descomunal talento con una gran ambición y un tremendo espíritu de sacrificio. Fue de los primeros pilotos en dar un paso más allá en la preparación física. Era educado, respetuoso y se habría comprometido socialmente, una mezcla perfecta que contrasta con la levedad de los discursos de los actuales integrantes de la parrilla. Además de sus virtudes, era capaz de indignarse, rebelarse y montar en cólera cuando se creía maltratado por los poderes fácticos, en especial por la Federación Internacional del Deporte del Automóvil (FISA, en sus siglas en francés).

Su muerte fue como la de un hijo para McLaren. Se marchó porque nuestro coche no estaba a la altura y por eso nos sentimos en parte responsables de su muerte, por no haberle podido retener”

(Joaquín Jo’ Ramírez, coordinador de McLaren)

Homenaje en Interlagos

AFP

El circuito de Interlagos (Brasil), donde Senna ganó dos de sus grandes premios, en 1991 y 1993, ha acogido este miércoles un homenaje a los 25 años de la muerte del piloto. Centenares de personas han corrido por las pistas del circuito y han admirado recuerdos del deportista en una exposición de recuerdo. 

La FISA era el órgano regulador del Mundial y en la década de los años ochenta estaba presidida por Jean-Marie Balestre, un francés que no hacía ningún esfuerzo por ocultar la sintonía que tenía con su principal oponente. Prost fue el archienemigo de Senna y su antítesis en todos los sentidos, como queda perfectamente reflejado en el delicioso documental dirigido por Asif Kapadia. La cinta, aclamada por la crítica en su estreno, ofrece una idea de la dimensión del tricampeón y del nivel de rivalidad que llegó a enfrentarle a El profesor, completamente en desacuerdo con la proyección que se hace de él. “Ayrton y yo teníamos un vínculo. Su muerte fue el final de mi historia con la Fórmula 1. Nadie puede hablar de él sin mencionarme a mí y nadie puede referirse a mí sin hablar de él”, concedía Prost hace unos años.

Al margen del francés, son muchos los que le echan de menos. Los hay que siguen en el paddock; otros, ya solo se dejan ver por él de visita. Entre ellos está Joaquín Jo Ramírez, coordinador de McLaren, equipo en el que Senna logró sus tres entorchados. “A pesar de que acababa de fichar por Williams, su muerte fue como la de un hijo para McLaren. Se marchó porque nuestro coche no estaba a la altura y por eso nos sentimos en parte responsables de su muerte, por no haberle podido retener”, cuenta el mexicano a este periódico desde su casa en Mijas (Málaga). “Era una de esas personas con aura, con una electricidad especial. Si él entraba en una habitación, el ambiente de esa estancia cambiaba”, añade Ramírez, testigo en múltiples ocasiones de las jugarretas que le hizo Gerhard Berger, uno de sus mejores amigos de la parrilla. En una ocasión, en Australia, el austriaco llenó de ranas la cama de su colega, otra vez sustituyó su foto del pasaporte por una de sus genitales, algo que obligó a Senna a quedarse en Argentina más de lo previsto.

“Ayrton no es una celebridad. sino que está por encima de ellas. Está en una categoría mítica que va más allá del tiempo y el espacio. Se impuso en el mundo desarrollado y lo hizo sin trampas, con tenacidad y determinación. Eso es lo que le convirtió en fuente de inspiración”, relata Viviane, la hermana de alguien con una personalidad abrumadora en todos los sentidos, a veces hasta cómica. Alguien capaz de empotrarse contra el muro en Mónaco cuando disponía de 50 segundos de ventaja sobre el segundo clasificado y terminar empotrándose contra el muro (“quería humillarme”, asegura Prost). El cabreo fue de tal calibre que Senna se bajó del coche y se fue directamente hacia el apartamento que tenía en Montecarlo, donde la asistenta no le dejó entrar en casa; no lo reconocía. Llevaba puesto todavía el mono.

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