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Programas electorales sin números

Ninguno de los grandes partidos ha presentado la memoria económica de sus propuestas aunque aseguran tenerla

 El responsable económico del PP, Daniel Lacalle.
El responsable económico del PP, Daniel Lacalle. EFE

Los principales partidos políticos concurren a las elecciones sin haber sometido sus programas al escrutinio de cifras. Ninguna de las grandes formaciones ha presentado una memoria económica que permita contrastar la viabilidad de las promesas electorales. El principal motivo es el miedo a que los rivales empleen ese material como munición electoral. En las últimas elecciones generales de 2016, Podemos y Ciudadanos —entonces consideradas fuerzas del cambio— sí hicieron público un análisis del impacto de sus medidas.

Sin cuentas que lo respalden, un programa electoral puede parecer una carta a los Reyes Magos. Los partidos prometen que bajarán los impuestos sin tocar un ápice el gasto o que subirán las pensiones sin descuadrar el déficit. Las formaciones de derecha tienden a confiar excesivamente en el estímulo económico que provoca la menor presión fiscal y las de izquierda, en el efecto multiplicador de los planes de inversión pública. Sin sumas y restas, los expertos no tienen manera de verificar si las medidas son o no sostenibles.

Las cuatro grandes formaciones —PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos— han renunciado a dar a conocer esa trastienda de sus programas. Todos aseguran haber realizado el trabajo, pero han preferido mantenerlo al abrigo de la luz pública. “Los partidos han tendido a reciclar propuestas que ya tenían, no sabemos si porque se han anticipado las elecciones o por la polarización del debate político”, argumenta el politólogo José Fernández-Albertos.

Tanto PSOE como Podemos tenían la intención de presentar esos números. El partido en el Gobierno realizó unas proyecciones internas que apuntalaban sus cuentas y, sobre todo, desmontaban la voluminosa bajada de impuestos que propugna el PP. Fuentes socialistas alegan que su memoria económica es conocida en toda España: son los Presupuestos Generales del Estado para 2019, que el PSOE no pudo aprobar pero que contenían todo el corpus económico de su programa. En el caso de la formación que dirige Pablo Iglesias, hasta el mismo día que presentó las propuestas electorales aseguró que el texto se publicaría antes del 28-A para que ciudadanos y expertos pudieran evaluarlas. La memoria existe —y este diario ha esbozado algunos detalles, como el desglose de la reforma fiscal—, pero finalmente no se ha publicado. El partido alega que nadie más realiza ese ejercicio de honestidad política y evita ser el único que desvele sus entresijos.

El PP y Ciudadanos, que no se comprometieron expresamente a presentar el documento, también dicen tener sus números. Pablo Casado esbozó una “revolución fiscal” que rebajaría los impuestos por importe de 16.100 millones de euros y al mismo tiempo inyectaría 28.000 millones al PIB. Ciudadanos también proyecta bajadas de impuestos, aunque sin aportar demasiadas cifras.

Nada obliga a los partidos a elaborar o divulgar el esqueleto económico de sus programas. Esa prerrogativa sí afecta a otros trámites oficiales, como la redacción de algunas leyes o la presentación de proyectos públicos. Una de las situaciones más transparentes en el entorno europeo se da en los Países Bajos. Allí, los partidos se someten a la lupa del CPB Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis, un instituto de investigación económica que proporciona las bases, entre otras cosas, para la elaboración de los Presupuestos del país. Aunque el trámite es voluntario, hasta 11 partidos políticos les enviaron sus programas en las últimas elecciones (2017) para que el instituto los destripara, con análisis de impacto en el crecimiento, la desigualdad y el déficit público, entre otros elementos.

Fernández-Albertos defiende las bondades de ese modelo. “Con ese análisis, el debate que se genera es más informado. Las decisiones que se toman están más fundadas y también más claras las prioridades de cada partido”, argumenta. La realidad española, con programas edificados sobre pilares invisibles, queda muy lejos de ese horizonte.

Con la información de Natalia Junquera y José Marcos.

 

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