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Homenaje póstumo del Congreso al “condottiero’ plateado” Pérez Llorca

Diputados veteranos, amigos y familiares recuerdan las batallas libradas por el padre de la Constitución

Miquel Roca, Miguel Herrero de Miñón y Ana Pastor, durante el homenaje.
Miquel Roca, Miguel Herrero de Miñón y Ana Pastor, durante el homenaje. GTRES

Tras casi una hora de discursos políticos, institucionales, laudatorios y más o menos previsibles y cercanos en el sentimiento, el homenaje al que fue ponente de la Constitución por UCD José Pedro Pérez Llorca, fallecido el 6 de marzo en Madrid a los 78 años, ascendió a otro nivel cuando salió al atril del salón de los pasos perdidos del Congreso su hijo, Pedro Pérez-Llorca, abogado. Fue ahí cuando trazó una serie de paralelismos históricos y literarios y retrató a su padre como un "condottiero", en concreto como el batallador veneciano Bartolomeo Colleoni.

Luego habló de mitos y leyendas como el Héctor de Homero y Schiller, recitó poemas en alemán, y acabó con El desierto de los tártaros del novelista italiano Dino Buzzati. Y contó que su padre, al que apodaban políticamente El zorro plateado, en el lecho de la muerte y casi sedado, les echó un discurso de despedida. Al final del emotivo acto, los presentes, en los corrillos, sí comparaban ese nivel con el actual "signo de los tiempos" que inunda las listas de los partidos para las elecciones del 28-A. Los presentes, casi un centenar de diputados de todos los partidos de la última legislatura, enmudecieron un rato largo. Todo lo que duró la intervención final y en parte improvisada de Pedro Pérez-Llorca, delante de su madre, Carmen, de su hermana Marina, y de alguno de los cuatro nietos de uno de los siete padres de la Constitución de 1978.

La presidente de las Cortes, Ana Pastor, otros miembros de la Mesa, diputados de salida y de entrada, como el hijo del expresidente Adolfo Suárez, exministros de diversos Gabinetes y veteranos servidores públicos, ensalzaron la exposición de Pedro Pérez-Llorca, y algunos lamentaron que los fichajes políticos, ahora, no investiguen más por esa senda que por la de los íconos más o menos mediáticos.

El exministro socialista Javier Solana, exsecretario general de la OTAN a la que tanto contribuyó para la integración de España en esa Alianza Atlántica Pérez-Llorca, echaba en falta en la cita más socialistas pero sí quiso dejar su sentencia sobre las incorporaciones a las Cortes en algunos partidos: "Aquí -al Congreso- no se viene a tocar la flauta o a cantar. Cuando mejor sea la gente elegida para esa función -hacer leyes-, mejor. Me gustaría que los llamados a formar las Cortes, que serán muy importantes, sean capaces de realizar una buena labor como parlamentarios".

Pedro Pérez-Llorca recibió al final de la sesión todo tipo de parabienes y elogios, pero no se dejaba engañar por las alabanzas. Nunca se ha sentido tentado a meterse en política para seguir los pasos de su mitificado padre. Está en la abogacía, como socio desde hace 25 años de uno de los despachos más prestigiosos y reconocidos de Madrid. Además, nunca se lo han ofrecido siquiera, aunque sí a su hermana Carmen por parte del PP de Madrid. A él no le atrae.

A Perez-Llorca hijo, ex estudiante del colegio Estudio, donde dijo le promocionaron la desobediencia intelectual, le apetecía hacer una necrológica guerrera de su padre. Le dibujó como "un gladiador, orgulloso y luchador", como la estatua renacentista que tanto le gustaba del condottiero Bartolomeo Colleoni en Venecia. Y luego relató algunas de sus batallas, ganadas y perdidas, en la política, como ministro de Presidencia, Administraciones Públicas y Exteriores de los presidentes ucedistas Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo, como promotor de la entrada en la OTAN, como presidente del Patronato del Museo del Prado o como miembro de muchos consejos de administración.

Y fue ahí cuando Pedro Pérez-Llorca incrustó pasajes de su memoria patriarcal relacionados con el Héctor de Homero, de Schiller, recitó en alemán "Déjame llorar, cíñeme la espada", trazó un paralelismo de la muerte en soledad de Giovanni Drogo que relata Dino Buzzati en El desierto de los tártaros. Y reveló que ya en el lecho de la muerte, cuando la enfermedad se aceleró y precipitó un miércoles de madrugada, su padre ya algo sedado les reunió y soltó un discurso muy personalizado: "Porque al final uno se muere solo, aunque mi padre lo hizo como un hombre gallardo, con una sonrisa, valiente". El aplauso duró varios minutos.

Adolfo Suárez Illana, que se estrenaba en las Cortes tras ser nominado ya oficialmente el lunes por Pablo Casado como su número dos por la lista del PP de Madrid al Congreso, admitía que no se había ni atrevido a insinuarle la posibilidad de probar en la política porque conocía la opinión de Pérez-Llorca hijo sobre esa actividad. Suárez Illana, sin embargo, sí ha tenido mucho que ver en el fichaje de su amigo el torero, Miguel Abellán, como el número 12 tras Casado. Y sobre el suyo propio tras el fracaso que cosechó en 2003 cuando se enfrentó al socialista José Bono en Castilla-La Mancha. Entonces dejó la política tras 17 meses, para dedicarse a su despacho, pero ahora sostiene que siempre ha mantenido intacto su "ADN" de servidor público. Y aquella derrota ya no la ve tan dura porque sumó el 40% de los votos aunque entonces, en su partida, sí fue autocrítico: "Yo he diseñado la campaña, yo he hecho el trabajo y yo he fracasado. Cuando se fracasa y se asume esa responsabilidad, se dimite".

En la misma sala, exministros y parlamentarios veteranos de la época de Mariano Rajoy en el PP se atrevían a aventurar desde el anonimato que el nuevo estilo en la composición de las candidaturas, con periodistas, tertulianos y hasta toreros mediáticos, obedece "al signo de los tiempos" pero puede acarrear muy malos resultados y entonces, cuando haya que hacer oposición, se notará la falta de nivel y conocimientos.

En los discursos formales, Ana Pastor sí confesó que ya no abundan trayectorias de figuras con la dimensión de Pérez-Llorca padre. El colega de paternidad de la Constitución de 1978, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, le achacó el mérito de la "transición exterior" con la conflictiva entrada en la OTAN y la consagración capital de "la democracia a secas, la única democracia" con la Carta Magna. El presidente del Senado, Pío García Escudero, autor intelectual ahora de varios de los fichajes "sin complejos" de Pablo Casado, lamentó el encrespamiento de la polarización política vigente frente "al sentido de Estado y amor a España" demostrado en una transición mucho más complicada. Y Miguel Roca, su camarada, enumeró las deudas de reconocimiento de España con el trabajo y estilo de un servidor leal a su gobierno y su país: "Un gran señor, he dicho".

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