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El crimen del concejal de Llanes: un encargo con dos botes de gas pimienta

La confesión de uno de los cuatro detenidos por el asesinato de Javier Ardines alude a un plan fraguado "meses antes" y a un "precio ampliado" por el resultado

Djilali Benatia, en el momento en el que fue detenido el jueves.

La confesión de uno de los cuatro detenidos por el asesinato del concejal de Izquierda Unidad (IU) de Llanes (Asturias), Javier Ardines, implica a todos los investigados sin paliativos. El ciudadano de origen argelino Djilali Benatia, presunto "sicario" de 42 años, realizó una "amplia" declaración en la tarde-noche de este jueves ante la juez de Instrucción, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Asturias. Benatia describió cómo fue el encargo y cómo, "meses antes", se planificó el crimen del concejal de Personal y Playas del Ayuntamiento llanisco, de 52 años. Incluso explicó que inicialmente el "trabajo" tenía un precio, pero que después de que el ataque, para el que habían comprado dos botes de gas pimienta, terminase con la muerte del concejal, el precio fue otro.

Según su testimonio, el presunto inductor del crimen, Pedro Nieva, de 48 años, primo político de la víctima, y que habría querido que actuaran movido por los celos que sentía ante la sospecha de que la víctima mantenía una relación sentimental con su mujer, les adelantó un dinero ("varias decenas de miles de euros"), antes de llevar a cabo el ataque el pasado 16 de agosto. Y, posteriormente, les habría pagado el resto, incrementado por el resultado. Las esposas de Nieva y Ardines son primas hermanas y los matrimonios compartían vacaciones y celebraciones juntos desde la juventud.

Pedro Nieva se negó a responder a preguntas, tanto de la fiscal como de la juez, y se limitó a negar su participación en los hechos, al igual que negó conocer a los demás presuntos implicados. Según la versión del ciudadano argelino detenido, "el encargo era asustar al concejal" y él, ante la juez, ha asegurado que "tras aturdirlo con el gas pimienta y golpearle" abandonó la escena del crimen "dejándolo con vida".

Benatia achaca a "otras personas", presumiblemente otro compatriota argelino, que se encuentra preso en Suiza por un delito de tráfico de drogas a la espera de poder ser extraditado a España por su implicación en esta causa, sería quien habría acabado con la vida de Ardines.

Según su declaración, fue Jesús M. B., a quien conocía de otras ocasiones ligadas al trapicheo de drogas, quien le puso en contacto con Nieva: "Tengo un trabajo para ti, es para un amigo", asegura que le dijo. Este presunto intermediario, amigo íntimo de Nieva, que este jueves se negó a declarar, habría estado al corriente de todo desde el primer momento, siempre según el testimonio de Benatia.

El plan para atacar a Ardines lo pusieron en marcha "meses antes" y lo estudiaron sobre el terreno, en la pedanía de Belmonte de Pría, donde la víctima y el presunto inductor tenían casa, a escasos 100 metros de distancia. Según declaró, la idea inicial era aturdir al concejal rociándolo con gas pimienta y golpearle en le camino por el que sabían que saldría solo a las 6.00 de la mañana de su casa para ir a pescar. Sin embargo, el desenlace del ataque —Ardines murió estrangulado tras ser brutalmente golpeado— llevó a los dos sicarios a exigirle una mayor cantidad de dinero al presunto inductor, lo que habría implicado contactos entre ellos posteriores a los hechos.

Los dos presuntos sicarios cuentan con un largo historial de antecedentes policiales, relacionados principalmente con el tráfico de drogas.

Los restos de gas pimienta encontrados en el cuerpo del concejal, en las vallas que colocaron sus agresores para cortarle el paso en el camino de salida de su casa, aquella mañana del pasado 16 de agosto, y en al menos la casa uno de los ciudadanos argelinos detenidos, ha sido una de las pistas clave seguida por los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que han liderado la investigación junto a la unidad de Policía Judicial de la comandancia de Gijón.

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