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Un familiar contrató a los sicarios que mataron al concejal de IU en Llanes

La Guardia Civil detiene a cuatro personas —dos españoles y dos argelinos— por el asesinato de Javier Ardines, de 52 años

La Guardia civil, este martes con uno de los detenidos por el asesinato de Javier Ardines. En vídeo, el registro de la casa del presunto autor intelectual del crimen.

Tras meses siguiendo sus movimientos, la Guardia Civil ha detenido este martes a cuatro personas —dos españoles y dos argelinos— por el asesinato de Javier Ardines, de 52 años y concejal de IU en Llanes (Asturias). El edil fue apaleado y estrangulado el 16 de agosto cuando salía de su casa a pescar. Los investigadores creen que fue un crimen “por encargo” y apuntan a un móvil sentimental. La víctima mantenía supuestamente una relación con una prima de su mujer, casada con el que ha sido arrestado como presunto autor intelectual del crimen, Pedro L. N.

Pedro L. N., electricista de 48 años, su mujer y sus dos hijos se despertaron en la madrugada de este martes por los fuertes golpes que agentes de la Guardia Civil propinaron a la puerta blindada de su casa en Amorebieta (Bizkaia) para forzarla. Tras varias horas de registro, los agentes se llevaron detenido a Pedro, acusado de ser el “autor intelectual” del asesinato de Javier Ardines, marido de la prima de su mujer. Las dos familias compartían veranos y vacaciones en Belmonte de Pría, la pedanía en la que el pasado agosto mataron al concejal al salir de la casa en la que vivía con su mujer y sus dos hijos. Era también la población —a 200 kilómetros de Amorebieta— donde Pedro y su mujer tenían una segunda residencia. Comidas, cenas, fiestas, fotos de todos juntos colgadas en las redes sociales... además de familia, eran amigos.

Sin embargo, los investigadores del caso —de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Asturias y agentes de la Unidad Centra Operativa (UCO) desplazados desde Madrid— pronto desestimaron la hipótesis de que se tratara de un “crimen político”, y centraron las pesquisas en que Pedro —al que algunos vecinos han calificado de “agresivo y violento”— podía llevar mucho tiempo urdiendo una venganza al sentirse traicionado por su mujer y por Ardines.

El plan incluía a un amigo de Pedro, supuesto cómplice, que le habría ayudado a contactar con los dos presuntos “sicarios” argelinos. “Dos tipos dedicados al trapicheo de drogas, no precisamente unos profesionales del crimen”, señalan fuentes próximas a la investigación. El presunto cómplice español, que responde a las siglas J. M. B., y uno de los argelinos fueron detenidos este martes al amanecer en sus respectivos domicilios, en la localidad de Erandio y en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga. El cuarto detenido, el segundo hombre de origen magrebí, se había ido a Suiza poco después de los hechos. Las autoridades españolas emitieron este martes una orden de extradición a sus homólogos suizos tras confirmarse que estos lo habían detenido a requerimiento suyo.

Hipótesis y sospechas

Ardines era un personaje carismático, muy conocido en Llanes, sobre todo por su compromiso político —como concejal de Personal y Playas denunció la supuesta existencia de una “red clientelar” de contrataciones del Ayuntamiento y desmanes medioambientales de los empresarios hoteleros—, pero también por sus “líos de faldas”. Fuentes cercanas a la investigación aseguran que, aunque convivía con su mujer, su relación matrimonial estaba muy deteriorada por las “múltiples infidelidades”.

Cuando se produjo el crimen, fueron muchos los que se apresuraron a calificar el crimen de “político” y azuzaron el enfrentamiento generado tras la llegada al poder en Llanes de un cuatripartito integrado por Foro, PP, IU y una formación local. El alcalde, Enrique Riestra, leyó este martes un breve comunicado: “Como alcalde de Llanes y amigo personal de Javier, quiero agradecer a la Guardia Civil y a los cuerpos de seguridad del Estado su impecable trabajo que hace que hoy la Justicia esté más cerca de poder darse”.

A falta de que se les tome declaración a los cuatro detenidos y que pasen, en las próximas 48 horas, a disposición del titular del Juzgado de Instrucción 1 de Llanes, que instruye la causa, los arrestos vienen a corroborar una de las tesis principales de los investigadores, que apuntaba a que en el asesinato a golpes del concejal “participaron varias personas”. Quienes lo hicieron “parecían conocer bien los hábitos del concejal”, señalan las fuentes consultadas, que ya entonces hablaban de una “emboscada” en la que cerraron el paso a la víctima con vallas. Incluso pudieron haberlo “ensayado” antes, ya que Ardines llegó a comentar en su casa que se había encontrado un día el camino de salida cortado por vallas. Parecía claro que hubo “una cierta premeditación en el crimen”, que “no fue un encuentro casual”, que “quien lo hizo le conocía, sabía a qué hora iba a salir de casa, por donde pasaría y que iba solo”, añaden estas fuentes.

Aquel 16 de agosto, Ardines salió a las 6.00 de la mañana. Tenía previsto pasar a recoger a una amiga fotógrafa para que le acompañara en su barco, el Bramadoira, durante sus horas de pesca. Nunca llegó. Un vecino dijo haber escuchado unos gritos antes de toparse con el cuerpo del concejal, a escasos 100 metros de su coche, arrancado y con las llaves puestas. Corpulento y en forma, el concejal intentó zafarse y huir de sus agresores, pero recibió tres fuertes golpes en la cabeza y fue estrangulado, según reveló la autopsia.

Un crimen muy planificado y una coartada

Las dificultades que los investigadores del asesinato de Javier Ardines se han encontrado a lo largo de medio año para resolver el caso hablan de un crimen “muy planificado”. Para resolverlo, los investigadores analizaron las imágenes grabadas por todas las cámaras de la zona, chequearon miles de números de teléfono presentes en el lugar en un periodo estival de fiestas, y se cotejaron restos de ADN de familiares y conocidos con los encontrados en el cuerpo de la víctima. Sin embargo, no se hallaron huellas determinantes en la escena del crimen. Además, el presunto autor intelectual tenía coartada para respaldar que no estaba presente cuando se produjeron los hechos.

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