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Alfonso Guerra: “El independentismo ha hecho resucitar el franquismo”

El ex vicepresidente del Gobierno asegura que gobernar con los apoyos de Pedro Sánchez es "titánico"

Alfonso Guerra, durante la entrevista este viernes.

Asegura que no le acompañan “ni la nostalgia ni el rencor”, solo admite “quizás una melancolía, pero una melancolía más bien literaria”. En el discurso de Alfonso Guerra (Sevilla, 1940) aún restallan chispazos de sarcasmo, como ecos de aquel joven político que avasallaba con su mordacidad. Ahora se define como “un observador de la vida política y social” que procura “escuchar, leer y reflexionar”. “Le doy muchas vueltas a las cosas”, afirma. “Uno de los defectos del mundo moderno es que nadie se sienta en medio del camino a reflexionar, no da tiempo”. Él lo hace y lo escribe: La España en la que creo(La Esfera de los Libros), un ensayo en defensa de la Constitución frente al independentismo.

Pregunta: Es un libro combativo, deja la sensación de que España está viviendo un momento muy grave.

Respuesta: Efectivamente, el libro nace por una preocupación ante un riesgo para España y para Europa. Parece que hemos vuelto a 1945, con algunos problemas de los años 30. En 1945 los europeos creyeron que habían vencido para siempre al fascismo, y ahora vemos aparecer grupos cercanos al fascismo en toda Europa. Estamos en la misma disyuntiva que en los años 30 protagonizaron dos grandes juristas alemanes, uno cercano al partido socialdemócrata, Kelsen, y otro al nazi, Schmitt: el dilema entre la democracia representativa y la democracia aclamativa —el líder y la masa—. Estamos otra vez en eso, en el populismo, en la demagogia.

“Trump se parece muchísimo a los de Podemos”

“Sin duda”, responde Alfonso Guerra al preguntarle si el PP se ha radicalizado. “Por miedo a que la extrema derecha le robe su espacio político, se dedica a decir las mismas cosas, a copiar la terminología. Error, error... Siempre que se juega en la pista del otro, gana el otro. La gente prefiere el original a la copia”.

P. También el espacio de la socialdemocracia se ha achicado mucho.

R. La socialdemocracia, que hizo la gran obra del Estado de bienestar, hace años que ha perdido el norte en Europa. La crisis ha generado un gran malestar en las clases humildes. Y las instituciones europeas lo han resuelto de una manera totalmente equivocada: redujeron el gasto y el déficit drásticamente, y entregaron las llaves de la economía a las agencias de calificación norteamericanas. El resultado es ese malestar inmenso. Todos los gobiernos, de derechas e izquierdas, han respetado la libertad de los mercados. Pero si llega un momento en que los mercados tienen tal fuerza que arrodillan a los gobiernos, hay que intervenir. Eso es lo que no ha entendido la socialdemocracia.

P. Y en ese espacio entran nuevas fuerzas como Podemos.

R. Son fuerzas que prometen el oro y el moro y que ponen en entredicho a las instituciones. Trump se parece muchísimo a estos de Podemos: aquí hablan de la casta, allí de Washington. Dicen “todo lo vamos a hacer con el pueblo” y lo que hacen es contra el pueblo. Los que decían aquí que estaban contra la casta lo que querían en realidad era dar la vuelta a la casta, a ver si así me cuelo.

P. Usted se centra en el independentismo catalán, como si fuese una versión de esos fenómenos globales.

R. Ahora tenemos también a Vox, pero la ruptura del orden democrático la han protagonizado los independentistas catalanes. Y ante eso no es posible mirar para otro lado. En España, además, tenemos una tradición un poco autodestructiva, y si una parte quiere romper el orden constitucional, habrá otras que lo quieran hacer también, será un contagio.

P. ¿Le ha sorprendido la emergencia de la extrema derecha en España?

R. Estábamos viéndolo en toda Europa. Aquí resurge ahora porque el independentismo catalán ha hecho resucitar el franquismo.

P. ¿Ve franquismo en Vox?

R. Hay franquismo en la nostalgia del pasado, de la dictadura. Eso estaba ya en una minoría que era muy reducida. Y creo que lo sigue siendo, pero ahora hay grupos que la representan.

P. Cuando habla del PSOE actual parece que no se reconoce en él.

R. Yo siempre me reconoceré en el PSOE porque es mi partido. Me pertenece a mí tanto como al que más. Y siempre votaré a mi partido, en una parte pequeña lo he reconstruido, por tanto, me reconozco en él plenamente. Eso no tiene nada que ver con expresarse sobre cosas concretas con las que uno coincide o no.

P. Pero con la dirección actual no se reconoce mucho.

R. He tenido contacto con la dirección hasta que dio un giro que no coincidía con lo que a mí se me estaba diciendo. Fue con la famosa abstención en la investidura de Rajoy. Yo hablé mucho con Sánchez y me dijo que iban a la abstención. Él tenía dudas sobre si debía ser exigiendo compensaciones para la clase trabajadora o sin necesidad de eso. Cuando cambiaron de opinión, llamé, él no estaba y me pusieron con el número dos[CÉSAR LUENA]. Y me dijo: “Es que hemos evolucionado”.

P. Más allá de ese episodio, ¿cuál es su discrepancia de fondo?

R. Gobernar con un porcentaje de la Cámara tan pequeño es una cosa titánica, uno se ve obligado a atender muchísimos requerimientos de aquí o de allí que no están en el programa del propio partido. Y para gobernar tienes que aceptar esas cosas que te requieren.

P. ¿Qué impresión tiene de Pedro Sánchez?

R. Es una persona con mucha habilidad, empuje, ganas. En política la ambición es un elemento muy importante y él la tiene. Yo, no.

P. ¿Cree excesivo el peaje que paga por el apoyo independentista?

R. La verdad es que no tienen su apoyo para los Presupuestos. Y con ellos se está haciendo un pronunciamiento que yo creo excesivo, porque autoridades, incluso institucionales, han pedido un indulto para quienes ni han sido juzgados aún. Eso es un exceso.

P. ¿Cuál debe ser la respuesta política al independentismo?

R. Evitar que los recursos públicos se utilicen para cosas para las que no están destinados, como pagar a instituciones privadas que se dedican a contar mentiras a la gente para hacerla soberanista. Controlar si hay adoctrinamiento en la educación y hacer que los medios de comunicación públicos en Cataluña no estén envenenando a la gente. Con esas tres cosas se gana fácilmente, de forma democrática, a posiciones que están en contra del conjunto de los catalanes.

P. Eso conllevaría aplicar el 155.

R. No tiene por qué. Se pueden controlar las cosas, en el sentido de vigilar que se ajusten al patrón democrático de la Constitución. Lo que pasa es que los demócratas actúan con una cierta pereza en este tema. Pero si hay que aplicar el 155, yo no me voy a rasgar las vestiduras. No es una condena, es un artículo de la Constitución que, por cierto, fue aprobado por el 100% de la Cámara.

P. PP y Ciudadanos piden su aplicación permanente.

R. Eso es una tontería, la Constitución no lo permite. El PP lo pide ahora cuando ellos solo lo aplicaron dos meses. Un poco de moderación: ni dos meses, que fue demasiado poco, ni permanente.

P. ¿Podría ser una solución esa propuesta de buscar un nuevo estatus para Cataluña dentro de España?

R. Es que nadie dice qué es lo que pretende. Hablan de un nuevo Estatuto que recoja lo que fue rechazado por el Tribunal Constitucional, pero para eso hay que cambiar antes la Constitución. Oigo tantas veces que hay que reformar la Constitución... Pero nadie dice lo que quiere poner o quitar. Yo soy partidario de hablar no tanto de reforma de la Constitución como de reformas en la Constitución. Porque la reforma de la Constitución, ni hay diputados para hacerla —se necesitarían 233— ni creo que lo necesite la nación.

P. ¿Ve alguna razón para el optimismo en el conflicto catalán?

R. Muy optimista no estoy, aunque tampoco pesimista. Me gustaría que hubiese más determinación en la política española. El anterior presidente tomó una decisión fuerte, la aplicación del 155, pero solo para dos meses y convocó elecciones enseguida. España sale de todos los avatares, saldrá adelante. Con paciencia, con determinación —que no hay mucha— y con inteligencia, que tampoco todo el mundo la tiene.

 

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