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El PSOE teme que la crisis de Podemos impida las alianzas tras las elecciones de mayo

Cada vez son más los líderes territoriales del PSOE que contemplan la posibilidad de gobernar con el respaldo de Ciudadanos tras las elecciones de mayo

La renuncia de Íñigo Errejón como diputado incrementó este lunes en el PSOE el temor a que la crisis de Podemos le impida reeditar su poder autonómico y municipal en las elecciones del 26 de mayo. La mayor preocupación del partido en el Gobierno es que el cisma en su socio principal fragmente al electorado de izquierdas de tal manera que le reste fuerzas e imposibilite la formación de coaliciones. “De nada nos serviría crecer a su costa si no sumamos”, dicen en la dirección.

Comité Federal PSOE en Madrid, el 10 de noviembre de 2018.
Comité Federal PSOE en Madrid, el 10 de noviembre de 2018.

Justo cuando la relación con Podemos atravesaba su mejor momento, cada vez son más los líderes territoriales del PSOE que contemplan la posibilidad de gobernar con el respaldo de Ciudadanos tras la cita electoral de mayo. Nada se descarta, ni los apoyos puntuales ni la formación de gobiernos de coalición. Los barones justifican este plan b en el desplome que vaticinan de Podemos y sus confluencias.

El seísmo provocado por la alianza de Errejón con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha contribuido a alimentar todavía más la incertidumbre entre dirigentes de todo el escalafón socialista, donde reconocen que los acuerdos con el partido de Albert Rivera chocan frontalmente con el discurso que mantienen desde la pérdida de la Junta de Andalucía. Pedro Sánchez situó el domingo, en un acto del PSOE, a Ciudadanos entre “las tres derechas”. Esto es, junto a PP y Vox. Sin embargo, más de un dirigente regional del PSOE ya está templando el relato respecto a Ciudadanos.

La vicesecretaria general de los socialistas, Adriana Lastra, trató este lunes de marcar distancias con la amenaza que la crisis de Podemos puede suponer para los intereses de su partido. “Cuando nació Podemos el problema lo tenía el PSOE. Ahora resulta que también”, ironizó la número dos de Sánchez en Ferraz. “El PSOE depende de sí mismo, nuestra obsesión es salir a convencer a la mayoría social de este país de que la opción viable y posible de gobierno es la del PSOE en las autonómicas y municipales. Y cuando toque, en el Estado”, sentenció.

Proliferación de partidos en las municipales

El PSOE obtuvo más de 2.800 alcaldías en 2015 y gobierna en coalición en otros 400 Ayuntamientos. Su capacidad para tejer alianzas le permitió arrebatar numerosas ciudades al PP. Sin embargo, las réplicas telúricas en Podemos tienen perplejos a los socialistas. El alcalde de una ciudad de más de 200.000 habitantes tira de retranca y afirma que “el futuro no está escrito”. “Las predicciones que hacíamos hasta ahora ya no valen. Si nos presentamos cuatro partidos de izquierdas, nadie sabe qué pasará”.

Mientras Lastra eludió pronunciarse sobre la guerra interna de Podemos, el portavoz de la ejecutiva federal y alcalde de Valladolid, Óscar Puente, puso en valor la renuncia de Errejón a su escaño en el Congreso. “Se ve que le importaba más la coherencia que tener algo de lo que vivir hasta mayo. Y se ve que su secretario de organización [Pablo Echenique] no lo sabía”, destacó. Las palabras de Puente realzaron las dudas dentro de la dirección del PSOE ante la falta de interlocutores claros en que puede desembocar la situación en Podemos. El ejemplo más claro está en Madrid, donde Ramón Espinar es el líder autonómico del partido y no se sabe si Errejón será el candidato a la presidencia de la Comunidad o terminará saliendo del proyecto a cuya fundación contribuyó hace cinco años.

Frente al relato oficial del PSOE, en el partido y en La Moncloa no ocultan la inquietud por que la tendencia a la baja de Podemos reduzca las opciones de formar gobiernos. “Es normal que estén preocupados. Por debajo del 17% nosotros no sumamos”, reconoce un miembro de la dirección de Pablo Iglesias. La fragmentación del electorado de izquierdas importa más en el PSOE que la desmovilización de parte de su electorado tradicional, como se pudo comprobar en las elecciones andaluzas. La presencia de Vox activará al electorado, confían en el comité electoral.

En un escenario político tan polarizado como el actual, en el que los puentes entre Sánchez y Rivera están rotos, las palabras del secretario general de Podemos en una entrevista en este diario a finales del pasado mes de septiembre incomodan a muchos dirigentes autonómicos del PSOE. “Nunca más va a haber en España un Gobierno en solitario. Los próximos serán de coalición, o del PP con Ciudadanos o del PSOE con nosotros”, dijo Iglesias. Por entonces en el PSOE y Podemos daban por sentado que el Gobierno de coalición actual de Castilla-La Mancha dejaría de ser la excepción sino la norma.

Pero todo eso fue antes del terremoto de las elecciones andaluzas. Perdida la Junta y la aspiración de redondear 40 años de gobiernos ininterrumpidos en Andalucía, el equilibrio del poder institucional de PSOE y PP caracteriza al nuevo mapa político autonómico. Con un matiz: aunque el bipartidismo se reparte la presidencia de 12 comunidades autónomas a partes iguales, la tendencia actual beneficia a la derecha.

En contra de la división entre izquierda y derecha de la política española, el pragmatismo y la búsqueda de acuerdos alternativos se empiezan a expandir entre los candidatos socialistas en las elecciones autonómicas. “Hay que contemplar otras opciones”, afirma un líder territorial del PSOE. Los mismos cálculos hacen tanto presidentes autonómicos, que en las primarias de 2017 apoyaron a Susana Díaz, como prominentes activos en la reelección de Sánchez como el líder del PSOE.

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