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Yo al Supremo, tú al Consejo de Estado

La Abogacía del Estado del Gobierno de Pedro Sánchez destina a Cospedal en la sala Contencioso-administrativo del Alto Tribunal y Santamaría estudia ofertas privadas

Cospedal y Sáenz de Santamaría, el pasado mes de mayo en Madrid.
Cospedal y Sáenz de Santamaría, el pasado mes de mayo en Madrid.

Dolores de Cospedal ya trabaja como abogada del Estado en la sala Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo. Pidió el reingreso en su plaza, con nivel 30, el 3 de enero. Se ocupará, entre otras cosas, de posibles recursos contra actos o disposiciones aprobadas en el actual Consejo de Ministros del Gobierno de Pedro Sánchez. Soraya Sáenz de Santamaría, su antagonista en el PP y el Gobierno de Mariano Rajoy durante años, ha pedido la excedencia como abogada del Estado y estudia ofertas compatibles a su situación en el sector privado. Mientras tanto acude desde octubre como consejera electiva a las reuniones que convoca el Consejo de Estado, el órgano consultivo del actual ejecutivo socialista.

Las dos, Santamaría y Cospedal, abogadas del Estado por oposición y políticas de larga vocación, se jugaron y perdieron en el congreso del PP en julio el liderazgo del principal partido de la oposición, que ahora ostenta Pablo Casado. Ninguna de las dos acudirá ya este fin de semana a la convención popular que pretende actualizar el ideario del PP a imagen y semejanza del nuevo estilo “sin complejos” impuesto por Casado.

Son dos carreras impulsadas por Mariano Rajoy en el Congreso del PP en Valencia en 2008, cuando nombró a Cospedal secretaria general y número dos del partido y a Santamaría número tres y portavoz parlamentaria, que han corrido paralelas y enfrentadas en muchas fases, y que terminaron casi al mismo tiempo, de forma abrupta y con cierto desengaño interno.

Santamaría, tras perder ante los compromisarios frente a Casado, se esperó a septiembre para anunciarle que no tenía pensado aceptar ninguna oferta suya para colaborar. Luego recibió en octubre una llamada del presidente del Gobierno para integrarse en el Consejo de Estado, la aceptó sin consultar al partido ni a su líder, pidió la excedencia como abogada del Estado y empezó a recibir llamadas del sector privado. Algunas muy interesantes, pero incompatibles durante dos años con su anterior cargo de vicepresidenta. En eso está, estudiando su futuro. El refundado PP no la ha invitado a la Convención y no acudirá.

Cospedal perdió frente a Casado y Santamaría en la votación de los militantes del congreso del PP, aguardó hasta situar bien a sus partidarios en la nueva dirección popular, observó muchas reticencias a apoyarla cuando el escándalo de las grabaciones del excomisario José Manuel Villarejo saltó y la implicó (por varios contactos con su marido) y acabó por dimitir de todos los cargos que preservaba. Y se marchó. Dolorida.

El 15 de noviembre pidió el reingreso en su plaza, que luego paralizó para escrutar bien las condiciones. Recibió una oferta de un despacho privado, que se truncó por varias razones en pleno caso Villarejo. El 3 de enero solicitó su plaza y la Abogacía del Estado la destinó a la sala Contencioso-administrativo del Supremo, según adelantó El Confidencial. Entre sus competencias está supervisar los recursos contra actuciones del Consejo de Minsitros, de las comisiones delegadas y del Consejo General del Poder Judicial. Se considera una profesional al servicio del Estado y por lo tanto no se plantea inhibirse si llega algún asunto que pudiera chocar con sus anteriores responsabilidades. El PP tampoco la ha invitado a su cónclave y ella no se presentará.

 

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