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Mariano Rajoy: “¡Que me ha fichado Florentino!”

El expresidente sigue en Santa Pola, informado sobre los avatares políticos y deportivos, a la espera de instalarse en octubre en su registro en Madrid

mariano rajoy
El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, en el paseo marítimo de Alicante. EFE

“¡Que me ha fichado Florentino!”. La broma, enviada este pasado 28 de agosto a varios amigos por grupos de WhatsApp, contenía un meme con el cromo de la última y sorprendente incorporación al Real Madrid de Florentino Pérez, el delantero procedente del Lyon Mariano Díaz, pero con la cara del expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy. El mensaje lo mandó el propio Rajoy y revela el estado de ánimo disipado de un dirigente político que hace tres meses se codeaba por todo el mundo con presidentes y grandes líderes y ahora llega entre semana por la tarde a su resort de lujo junto a la playa de San Juan, en Alicante, a media hora de su registro y nuevo despacho oficial en Santa Pola, a tiempo para ver solo en su habitación un partido de la Champions.

“Está tranquilo, ha superado en parte el shock que sufrió con la moción de censura, que no se podía esperar, y sigue informado de casi todo y manteniendo contactos, con algunos políticos que bajan a verle y, sobre todo, con amigos que le preparan pequeños homenajes, con comidas en Santa Pola, pero también en Madrid, o con los de toda la vida con los que ha pasado el verano como siempre en Sanxenxo”. Este es el relato que hacen sus más cercanos colaboradores de los últimos años sobre a qué se dedica el expresidente Rajoy tras su salida abrupta de La Moncloa el pasado 1 de junio, después de siete años y medio, casi 15 como líder máximo del PP y 38 dedicado a la carrera política desde todos sus ángulos.

Aquella maldita tarde del debate de la moción del 31 de mayo, ahora lo reconocen sus excolaboradores, se cometieron varios errores de bulto. Pero siguen sin admitir que a Mariano Rajoy le pudiera entrar nunca en su cabeza haber dimitido in extremis: “¿Para salvar qué?”. Se sabía derrotado desde unos días antes, cuando constató el desmarque del PNV. Hizo su discurso elegante de despedida, se marchó a comer con algunos ministros al restaurante Arahay, cerca de la Puerta de Alcalá, porque no quería volver a La Moncloa para no ver ni incordiar a su esposa haciendo cajas para la mudanza. Pasó la tarde demudado en ese reservado sin entender nada del ruido que crecía a su alrededor por su ausencia. Dio la orden a Dolores de Cospedal, su mano derecha en el partido, para que volviese al Congreso a desmentir la hipótesis que corrió sobre su falsa dimisión, cayeron varias botellas de whisky y, ya de noche, cogió el coche oficial para su último trayecto de regreso a La Moncloa como presidente.

No quiso dimitir por orgullo, porque rechaza ser un presidente corrupto como podría haber quedado asentado con esa salida por la puerta de atrás; porque no quería dejar esa herencia para su partido y porque estaba convencido de que la aspirante alternativa del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, no habría logrado salvar esos muebles ni recabar más apoyos, según corroboran ahora los que convivieron con él aquella fatídica tarde.

El 1 de junio triunfó la moción de censura de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy empezó a vestirse de expresidente. Fue una mudanza rápida pero por etapas, con problemas logísticos como que el cambio le pillara con el adosado de su propiedad en Aravaca en obras y pintándose, con el interludio de las vacaciones de verano en las que se registró un robo en la vivienda pegada a la suya, y, sobre todo, con un gesto inédito con el que quiso retratar a otros expresidentes y esculpir un precedente.

Los SMS contra sus exministros y la defensa de su secretaria

J. C., Madrid

Mariano Rajoy, desde el congreso del PP del 20 de julio, ha aparcado su Twitter, ha hablado porque le han llamado con algunos líderes extranjeros (como Angela Merkel, Theresa May o ha desayunado en Madrid con Jean Claude Juncker), sigue sobre todo las noticias internacionales y las crisis internas en la Unión Europa como la ahora resurgida con el presidente de Hungría, Viktor Orbán, y está al día de los cambios en su partido. Pero sus dos únicas intromisiones reconocidas han sido para prohibir, por mensaje de móvil, a sus ministros más amigos y veteranos del llamado G-8 que usasen su nombre para atacar a Santamaría en la comida del Jai Alai de la campaña previa a ese congreso del partido; y para reubicar algo mejor a su histórica secretaria, Kety, que le acompañado los últimos 10 años, en un despacho menos arrumbado del que la han ubicado en un edificio anexo a Génova 13. Será a la única a la que rescate cuando regrese a Madrid y abra lejos del PP la oficina institucional a la que tiene derecho ya como expresidente, un club al que le ha dado la bienvenida por teléfono el socialista José Luis Rodríguez Zapatero pero no José María Aznar.

El 15 de junio, apenas dos semanas más tarde, dejó su escaño y pidió su reingreso en su plaza bien retribuida y abandonada hace 40 años de registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante). Ese retorno a su trabajo tan bien acogido socialmente quiere que sea su epitafio.

Cuando más tarde, ya en el congreso del PP de julio, Pablo Casado se impuso por sorpresa a su exvicepresidenta, Rajoy ya vivía entre semana en el hotel Meliá de Alicante, disfrutaba de algunos días de asueto con su familia en su apartamento de 100 metros en la primera línea de playa en Sanxenxo (Pontevedra) y le prometió a su sucesor que él sí que no le molestaría, ni enredaría y daría por superada su etapa de mandamás en el partido. Y todas las fuentes consultadas ratifican que eso es lo que ha hecho, de nuevo a su manera y como lamentó Santamaría tras su derrota en el cónclave.

Rajoy sigue adscrito estos días al Registro de la Propiedad número 1 de Santa Pola porque el traslado que pidió y se le concedió por antigüedad (es el 36 en el escalafón de su categoría) al número 5 en el paseo de la Castellana de Madrid aún no se ha plasmado como se debe hacer en el Boletín Oficial del Estado y el de la Comunidad. Ese trámite va con retraso y tampoco se completará para primeros de octubre, como se esperaba. Mientras tanto firma aún unos tres días a la semana en Santa Pola y el resto se prepara para sus inminentes obligaciones, con el asesoramiento de su hermana Mercedes, también registradora, que tenía plaza en Getafe y ahora también se moverá al registro número 54 de la capital, según el portal web del Ministerio de Justicia.

En el aspecto profesional se está poniendo al día de numerosas cuestiones y procedimientos, aseguran que sin excesivos problemas. En el vital se muestra distendido y de buen humor, según varios testimonios de personas con las que ha compartido momentos este verano. A su cuñado, el eurodiputado y diplomático Francisco Millán, le gasta bromas sobre “¡cómo son los políticos!” cuando ve algunas noticias problemáticas en los medios de comunicación.

En Santa Pola, Sanxenxo y Madrid ha tenido encuentros con excompañeros pero, sobre todo, con sus amigos de siempre. “Rajoy nunca fue de frecuentar los círculos empresariales, mediáticos o económicos de alto nivel”, presumen en su entorno. Le satisface particularmente el calor y la buena respuesta que ha comprobado en la calle. Este verano, en agosto, se sacó un billete en un vuelo de bajo coste de Alicante a Vigo (el pasaje de Ryanair cuesta apenas 40 euros) y al entrar en la nave el pasaje le agasajó con un inesperado y largo aplauso. Ha tenido que relegar la recurrente caminata de ocho kilómetros entre Meis, el monasterio de Armenteira y el desayuno de huevos con tostadas en el bar Os Castaños por la acumulación de paseantes ante el éxito de su llamada y ha optado por abrir nuevas vías, por la zona de Cambados.

Las abrumadoras peticiones de selfies y saludos de la gente y la relativa lejanía del despacho le han llevado también a dejar el concurrido y céntrico hotel de Alicante donde estaba para instalarse en un resort con spa, campo de golf diseñado por Severiano Ballesteros y cerca de la playa de San Juan, propiedad de Joan Gaspar. También varía más los restaurantes que frecuenta en Santa Pola. El Bastide es su arrocería de cabecera, donde resuelve las citas más formales, pero en La Sal, junto al despacho, es donde comen sus escoltas. La camarera Concha Morales, se ha erigido en su nueva portavoz oficiosa: ha contado a varios medios de comunicación que Rajoy está más guapo, que se ha dejado melenita y que le ha prometido probar su mítica tortilla de patatas antes de marcharse definitivamente a Madrid.

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