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El arquitecto del paseo de Vigo: “Se me parte el corazón al ver tanto abandono”

"Aquello se convirtió en un terreno de nadie. Es un problema que suele darse en aquellas infraestructuras en las que coinciden varias Administraciones"

accidente o marisquiño vigo
Guillermo Vázquez Consuegra, en su estudio repasa una maqueta para el concurso de la Escuela de Música de Cracovia.

Guillermo Vázquez Consuegra (Sevilla, 1945) ganó el Premio Nacional de Arquitectura de España en 2005 con su proyecto de Ordenación del Frente Marítimo de Vigo, la ambiciosa obra que a mediados de los años 90 fue bautizada y publicitada por los políticos del momento como Abrir Vigo al Mar y que convertiría varios kilómetros de duro y castigado puerto en luminosos espacios de recreo para los ciudadanos. Ahora, el arquitecto asegura que ya no quiere ir a Vigo, como solía hacer antes: "He dejado de visitarlo porque se me parte el corazón por el total, absoluto, estado de abandono en que ha quedado ese proyecto en el que trabajé 14 años".

A su estudio le correspondió transformar el puerto en un paisaje libre de tráfico y humanizado. Y para la zona del paseo que se hundió el domingo cuando soportaba el peso de varios cientos de espectadores de un concierto "el proyecto solo contemplaba la peatonalización introduciendo una tarima de madera flotante". Esta madera se apoyaba directamente sobre el pavimento de hormigón que ya existía en el muelle, una solera que servía "de aparcamiento a los propietarios de los yates" de un embarcadero aledaño, y a la que se le "esperaba una solidez" por el hecho de estar construida para los coches. Aquella explanada de hormigón estaba soportada por una "estructura palafítica, de pilotes que se hundían en el mar". Ahora los peritos judiciales tratarán de determinar qué elemento de este pantalán de cemento armado anterior al revestimiento de madera fue el que colapsó y acabó causando más de 400 heridos.

Vázquez Consuegra admite que esta no es una situación nueva para él. "Aquello se convirtió en un terreno de nadie. Es un problema que suele darse en aquellas infraestructuras en las que coinciden varias Administraciones, y en este caso, en un tramo u otro, eran cuatro: Autoridad Portuaria, Ayuntamiento, Zona Franca y Xunta". Afirma que, hasta que la "tristeza" por su obra le hizo perder "definitivamente la ilusión", escribió varias veces al consistorio y al Puerto preguntando "cómo era posible" que aquello estuviese así y que además se introdujesen modificaciones que pervertían el proyecto sin consultarle nada.

Sobre el accidente, Vázquez Consuegra comenta que aunque "desconoce" las "razones de lo que ha pasado", la falta de mantenimiento era evidente y cree que "sería una temeridad" dar permisos para un espectáculo público sin haber hecho revisiones. No hay que ser ingeniero para saber que "una estructura de hormigón no es para toda la vida y hay que cuidarla, vigilarla, estar encima de ella", continúa, en especial si como esta se encuentra sometida a la corrosión marina y la acción de las mareas. Al igual que cubrió el paseo de madera, el proyecto de su estudio sevillano de arquitectura también transformó estéticamente en superficie otras obras de ingeniería de la fachada marítima, como un gran túnel para el tráfico rodado y un aparcamiento subterráneo y robotizado. En estos tramos, como en el muelle que se ha desplomado, no se alteró la estructura previa que había bajo tierra.

"El de Vigo probablemente es el espacio público mejor construido de toda Europa", defiende, "porque tuvimos la oportunidad de emplear mucho granito". "Si no fuese por esa utilización masiva de granito" quizás la obra "hubiera aguantado peor" la dejación de las Administraciones y, añade, la "enorme permisividad con los skaters", los deportistas que suelen congregarse en la zona, en especial en la Praza da Estrela, donde se ubican la sede de la Autoridad Portuaria y el edificio administrativo de la Xunta, uno de los espacios más singulares del planeamiento de Vázquez Consuegra. En la otra punta de su replanteamiento de la franja litoral se ubica la plaza de O Berbés, el viejo barrio de pescadores donde, protesta, son patentes las aberraciones añadidas a su proyecto. Hoy cree que las obras del puerto de Vigo son un paradigma del "despilfarro de dinero público" por el "descuido posterior del mobiliario" y las "intervenciones pueblerinas" que se introdujeron pasados pocos años.

En esa gran "decepción" del arquitecto, que lo empujó a "abandonar" la causa y dejar de luchar por que las autoridades mantuviesen "el espíritu del proyecto", fueron también haciendo mella las continuas llamadas de conocidos que le telefoneaban para comentar detalles de ese "inexplicable abandono" que habían visto en Vigo. El arquitecto achaca a "los conflictos entre Administraciones" (durante unos años en los que se sucedieron "tres o cuatro alcaldes y otros tantos presidentes del Puerto de partidos contrarios") que varias intervenciones del planteamiento original nunca llegasen a ver la luz o fuesen remodeladas "siempre en contra del proyecto" original.

El padre de la obra que aspiraba a "dar a Vigo una escala cosmopolita" con este proyecto de más de dos kilómetros de largo pone varios ejemplos que le duelen en su orgullo creador: "En la Praza da Estrela había pensado un restaurante con una terraza de uso público que acabó transformado en diversos locales de comida rápida"; "en O Berbés pusieron rotondas de pueblo y estanques con barquitas"; en los jardines de Elduayen, "como acceso al parque, ideé un pabellón apoyado en dos grandes pilas", una marquesina que nunca llegó a ser así. "El único que siempre comprendió lo que el proyecto era realmente fue Francisco López Peña", delegado del Estado en la Zona Franca hasta que dimitió en 2008. Cuando se despidió, López Peña reconoció que varios edificios habían quedado en el camino y acusó de ello a las veleidades de los dirigentes municipales. "Él tenía verdadera ambición de hacer un gran proyecto urbano para Vigo", añora ahora el arquitecto de Abrir Vigo al Mar.

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