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Un preso por violación y asesinato se fuga de la cárcel de El Dueso durante un permiso

La Policía ha pedido "máxima difusión" y colaboración ciudadana para encontrar a Guillermo Fernández Bueno

En sus 17 años en prisión, Guillermo Fernández Bueno, cumplimentó casi todos los programas de reinserción, empezando por la “Terapia para agresores sexuales”. Condenado a 36 años por violar a dos mujeres y matar a una de ellas, comenzó a disfrutar de permisos penitenciarios en 2012. Había salido “40 veces de prisión” antes del último permiso, según fuentes penitenciarias. Siempre regresó, hasta este domingo, que no volvió a la cárcel del Dueso (Cantabria) y saltaron las alarmas.

Guillermo Fernández Bueno, en una imagen facilitada por la Policía Nacional.

La Policía Nacional difundía ayer su fotografía en su cuenta de Twitter y apelaba a la colaboración ciudadana para capturarlo, al mismo tiempo que se había desplegado un amplio dispositivo de búsqueda para tratar de localizarlo desde que el domingo se alertó a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Fernández Bueno salió de la cárcel del Dueso, un antiguo penal de 1907, con 580 reclusos y muchas de sus 392 celdas con vistas a la playa de Berria, hace 10 días, el domingo 15 de julio, con un permiso de una semana. “Era uno más de los más de 40 permisos disfrutados hasta ese momento por el interno sin que se hubiese registrado el más mínimo incidente hasta la fecha”, señalan fuentes penitenciarias. Más bien al contrario, si por algo destacaba este recluso era por su “ejemplar” comportamiento: “Ha participado en una gran parte de los programas de reinserción: la Terapia de agresores sexuales, en el curso “vivir sin violencia”, en el programa de control de impulsos, en el de preparación para los permisos de salida, ha sido preso de apoyo en el programa de prevención de suicidios...”, enumeran fuentes de Instituciones Penitenciarias, que recuerdan que “todos esos programas son voluntarios”, por lo que aparentemente sería un interno con “buena disposición”. La de El Dueso es además una de las prisiones en la que se ofertan más talleres históricamente, según señalan fuentes del sindicato de funcionarios de prisiones ACAIP.

Fernández Bueno fue condenado en 2002 a 36 años de cárcel por cometer dos violaciones con un mes de diferencia y una de ellas con un resultado brutal de muerte: Ana Rosa Aguirrezabal, una mujer que limpiaba un bar en Vitoria, murió “asfixiada al echársele encima el procesado, y presionarle el tórax y el abdomen, antes de que le cortarse el cuello con un cuchillo de dientes de sierra”, según quedó demostrado —y él mismo reconoció— en el juicio.

La sentencia en la que fue condenado por asesinato y violación concluía que Fernández Bueno actuó con una “violencia inusitada”. Y en su fallo, el juez le calificó como un “delincuente peligroso” con “rasgos antisociales y agresivo-sádicos” propios de un psicópata.

“Le cayeron nueve años por la primera agresión sexual y 26 por la segunda y el asesinato, de los cuales iba a cumplir realmente 22 años, de los que le quedan aún seis”, apuntan fuentes penitenciarias, a quienes no les consta incidente alguno en su historial como interno, “de ninguna clase”.

La celda vacía

Los primeros permisos los obtuvo Fernández Bueno “mediante recurso al juez de vigilancia penitenciaria ante la negativa de la junta de tratamiento de la prisión, pero los siguientes se produjeron también con el acuerdo de esta última”, según las mimas fuentes, que muestran cierta extrañeza ante el caso: “No es muy habitual que este tipo de presos, con un buen comportamiento e implicación en prisión, cambien repentinamente”. No obstante, fuentes penitenciarias también señalan que “había pedido en más de una ocasión el tercer grado sin éxito en los últimos tiempos” y que quizá eso podría haberle causado cierto enfado.

Su abogado se apresuró ayer a decir que ignoraba la razón por la que había quebrantado el permiso penitenciario, y abría la posibilidad a que no hubiese sido una decisión voluntaria. Sin embargo, fuentes de prisiones señalaron un detalle: “Dejó su celda casi vacía”. Al parecer, Fernández Bueno, se llevó una gran parte de sus enseres en último día que estuvo en prisión.

Al parecer, según fuentes de prisiones, tenía una relación de pareja con una mujer que se dedicaba a la compraventa de muebles de la India.

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