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Críticas a la UE tras llegar los migrantes del ‘Open Arms’

"Navegar 750 millas náuticas para llegar a puerto es insostenible. Son cuatro días en lugar de uno", advierte el capitán del barco a su llegada

Activistas de ProActiva Open Arms cuelgan en la estatua de Colon un chaleco salvavidas. En vídeo, imágenes de la llegada del barco de Proactiva al puerto de Barcelona.

Los 60 rescatados por el Open Arms hace cinco días frente a las costas de Libia desembarcaron ayer en el puerto de Barcelona entre cantos y saltos de alegría. La de ayer, con todo, fue una jornada agridulce para la ONG Proactiva Open Arms, que insistió en que durante los días de travesía han dejado de rescatar a cientos de personas que se lanzan al mar buscando una vida mejor. La ONG, el Ayuntamiento y la Generalitat denunciaron la actitud de la Unión Europea en el Mediterráneo.

Eran las 11.15 y una pequeña alfombra roja lucía frente a una escalerilla del buque de rescate en el muelle de cruceros. Honoree Bitcha, un camerunés de 39 años que fue secuestrado y esclavizado en Libia, miraba al cielo agradecido. Repetía, con la sonrisa que mantuvo durante todo el viaje: “Merci, merci, merci”. El barco llegaba tras cuatro días de travesía una vez que Italia y Malta le denegaron la entrada a sus puertos tras el rescate. Atracó con las neveras vacías y con 2.000 litros de gasoil, combustible insuficiente para medio día más de viaje.

Fueron cuatro horas de desembarco durante las que se sucedieron los aplausos a varios integrantes del pasaje. No es común que la tripulación pase tanto tiempo con rescatados a bordo y esta misión ha permitido conocer a cada uno de los 50 hombres, cinco menores y cinco mujeres que intentaron alcanzar Europa subidos a una lancha neumática remendada con cinta aislante. Entre los que salieron entre vítores estaban Hussein Karrit, de 58 años, el más veterano del pasaje, que había emocionado a la tripulación con la llamada que hizo a su hija desde cubierta para decirle que estaba vivo; también el pequeño Khingsley, de nueve años, que viajaba con su familia.

Tras la recepción, los hombres fueron trasladados en autobús a la residencia Blume de Esplugues de Llobregat, un centro donde durante el curso viven y estudian deportistas. Las mujeres que viajan con hijos o los menores que lo hacen solos, serán alojados en equipamientos de los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona, de Manresa o, en el caso de los no acompañados, de la Generalitat. Solo uno de los rescatados fue ingresado en un hospital.

Pasada la euforia del desembarco, la rueda de prensa posterior estuvo cargada de críticas a la Unión Europea frente a la situación en el Mediterráneo. “No hemos rescatado a 60 personas, hemos dejado morir a 340”, denunció Óscar Camps, el director de la organización catalana Proactiva Open Arms. “No hay ningún barco en la zona de rescate ahora mismo. El Gobierno de Malta no deja salir a los barcos humanitarios de sus puertos. El de Italia no nos deja entrar. Incumplen la ley”, afirmó en un discurso que dejó al borde de las lágrimas a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. “En el mar no hay migrantes, hay navegantes o náufragos. Rescatamos vidas en peligro y no migrantes en peligro”, resaltó Camps.

Colau celebró la llegada de los migrantes, pero insistió en su petición de que la política de atención a quienes llegan por mar sea estructural y extensiva a todos. “Vamos años tarde y miles de personas muertas tarde, pero hemos demostrado que se puede hacer. Hay que hacerlo en todos los casos”, advirtió Colau en referencia a las miles de personas que llegan a España por la frontera sur, sin recursos ni atención mediática.

Finalmente, los rescatados no recibirán un permiso del ministerio de Interior de 45 días, como se dijo el lunes y como tuvieron los migrantes que llegaron a Valencia hace unas semanas a bordo del Aquarius, sino de solo un mes. Estos permisos humanitarios, además de dar la tranquilidad de entrar en España en condiciones de legalidad y sin riesgo de ser internados en un CIE, dan margen para iniciar trámites como la solicitud de asilo.

Íñigo Vila, jefe de la Unidad de Emergencias de la Cruz Roja, recordó tres cifras que muestran la situación de emergencia que vive el Mediterráneo: en 2017 llegaron a las costas españolas 24.000 migrantes, en lo que va de 2018, 16.000; y solo en junio 4.867, ocho veces el Aquarius, con 630.

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