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Sánchez, el superviviente inesperado

El secretario general socialista se convierte en presidente con la primera moción de censura de la democracia que prospera

Pedro Sánchez posa para la prensa gráfica en el hemiciclo tras el debate de la moción de censura.

En poco más de un año, Pedro Sánchez ha reconquistado el PSOE y ha alcanzado La Moncloa. El secretario general socialista se convirtió de forma inesperada ayer, 1 de junio, en presidente del Gobierno a sus 46 años tras prosperar la primera moción de censura de la democracia, una iniciativa que no estaba en sus planes y que hace solo una semana dudaba en presentar cuando cumplía el primer aniversario en Ferraz con las encuestas a la baja.

Sánchez culmina así un renacer político cuyo primer hito fue su victoria en las primarias socialistas el 21 de mayo de 2017, cuando venció contra pronóstico a Susana Díaz y a toda la dirigencia del PSOE. De la misma forma inesperada llega ahora a la presidencia del Gobierno en una extraordinaria situación de complejidad y con solo 84 diputados. La prueba de la verdad a una trayectoria política marcada por la tenacidad y la fortuna. Por la supervivencia casi épica.

“Solo alguien que apuesta tan fuerte como Pedro puede salirle esto”, dice un dirigente socialista que le conoce desde hace casi 20 años. “Apuesta mucho y muy fuerte, no le ha caído del cielo”, remacha.

Sánchez será el primer presidente de la democracia que no sea a la vez diputado. También va a ser el primero de un partido que no preside la Cámara baja. Y el primero que se enfrenta a una mayoría absoluta del primer partido de la nueva oposición en el Senado.

Que el líder socialista no tenga escaño es la cicatriz más evidente de las heridas que partieron en dos al PSOE hace dos años por la gobernabilidad del país. El líder del PSOE renunció a su acta de diputado para no hacer presidente a Mariano Rajoy —eran los tiempos del no es no—, tras su dimisión como secretario general del partido en un traumático comité federal el 1 de octubre de 2016.

Ese acto de renuncia lo suele esgrimir como ejemplo de que es fiel a sus principios. No quiso abstenerse en la investidura de Rajoy, como decidió la gestora que tomó las riendas del partido después de que él fuera empujado a dejar la secretaría general, pero tampoco quiso ir en contra de lo decidido por el PSOE. Por eso se fue.

Nadie podrá dudar de la voluntad de hierro de Sánchez. La resistencia y la perseverancia son dos de los rasgos más relevantes de su perfil psicológico, que ha demostrado al enfrentar situaciones en las que tenía todo en contra. La más significativa es su contundente victoria en las primarias socialistas de mayo de hace un año, con el aparato del partido volcado en la presidenta andaluza, Susana Díaz. “Tiene el espíritu de un deportista de élite. El sacrificio, y pelear pelota a pelota, nunca dar una por perdida”, cuenta uno de sus excolaboradores más cercanos. Del deporte y en concreto del baloncesto —jugó en el Estudiantes hasta los 21 años— también aprendió la ambición de ganar. Por su afición deportista lleva una vida sana y familiar. Está casado con Begoña Gómez, con la que tiene dos hijas.

Desde que ganó las primarias, sus partidarios y detractores le reconocen haber crecido políticamente, aunque los críticos le siguen acusando de inconsistente e irregular. Es determinado y meticuloso, ratifican en su círculo más próximo, reflexivo, a veces frío y hermético.

Ayer derribó a Rajoy con una moción de censura apoyada por Podemos y los grupos nacionalistas e independentistas. Precisamente la suma de grupos que incendió al PSOE cuando tras las elecciones de junio de 2016 una parte de la dirigencia del partido temió que llegara a La Moncloa con un pacto con los secesionistas, que estaban entonces en los primeros pasos del procés.

Ahora es esa la aritmética que le aúpa a la presidencia, pero la dirección de Sánchez afirma que no ha negociado nada con estos grupos políticos. Sánchez les advirtió desde la tribuna de que su Gobierno cumplirá y hará cumplir la Constitución, y que no admite el derecho de autodeterminación para Cataluña. A pesar de ello, dirigentes históricos del partido asisten con preocupación a las condiciones en las que accede a la presidencia.

Sánchez ha vuelto a vestir la corbata que llevaba meses proscrita en su armario. No la vistió, por ejemplo, ni para cumplir el protocolo de la recepción Real por la Fiesta Nacional del pasado octubre, pero sí lo hizo hace dos semanas para suscribir un acuerdo con Mariano Rajoy para mantener la aplicación del 155 en Cataluña. Así celebró el primer aniversario de su victoria antiestablishment en las primarias del PSOE, con corbata y pactando con Mariano Rajoy, obligado por la crisis catalana, en la que ha actuado con lealtad.

Doctor en Economía, lleva en política desde el año 2000, cuando fue uno de los delegados en el 35º congreso federal del PSOE, en el que salió elegido José Luis Rodríguez Zapatero como secretario general. Su primer cargo público fue el de concejal del Ayuntamiento de Madrid, al que accedió en 2004 a pesar de no lograr el acta en las elecciones, tras la renuncia de Elena Arnedo. De la misma forma obtuvo su acta de diputado en el Congreso por dos veces, en 2009 y en 2011. La primera vez ocupó la vacante que dejó Pedro Solbes, y la segunda, la de Cristina Narbona tras su marcha al Consejo de Seguridad Nuclear. Ejemplos también de su fortuna.

Será el primer presidente con conocimiento de idiomas: habla inglés y francés, y tiene experiencia internacional. Trabajó como asesor en el Parlamento Europeo y como mano derecha del alto representante de Naciones Unidas en Bosnia, Carlos Westendorp, durante la Guerra de Kosovo.

Sánchez quería sobre todo ser presidente. Lo intentó en 2015 con un pacto con Ciudadanos que frustró Podemos porque no quiso abstenerse. Lo quiso intentar una segunda vez y la dirigencia de su partido lo impidió. Y lo ha conseguido a la tercera con una moción de censura.

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