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España no es Italia pero se le parece cada vez más

Analistas de ambos países destacan el foco de inestabilidad política y económica en el sur de Europa

El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio, este miércoles rodeado de periodistas en la Cámara de los Diputados, en Roma.
El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio, este miércoles rodeado de periodistas en la Cámara de los Diputados, en Roma. EFE

“Parece que os hemos contagiado la locura”, suelta Marcelo Campo desde Roma, periodista de la agencia Ansa especializado desde hace 22 años en desentrañar los laberintos de la frenética política italiana. Los analistas coinciden: España no es aún Italia pero se le va pareciendo bastante. Hay muchas semejanzas, sobre todo actuales y políticas, pero también históricas y grandes diferencias, especialmente económicas. Pero para el italiano Steven Forti, profesor de Historia Contemporanea en la Universidad Autónoma de Barcelona desde hace 15 años, “es evidente que para la mirada desde Bruselas, Berlín o el Norte de Europa hay un punto común de inestabilidad que se ha abierto en el frente mediterráneo que es más grave que el sufrido en 2015 con Grecia”.

Mientras los analistas italianos aprecian cada vez más similitudes los españoles prefieren subrayar las divergencias. Ignacio Molina, experto en Europa del Real Instituto Elcano, no acoge bien la tesis de los parecidos por la relevante y creciente diferencia en los últimos años en el desarrollo económico en favor de España. “Es verdad que los países del sur de Europa comparten elementos del modelo productivo y de la falta de competitividad y desempleo pero las tendencias son muy diferentes: mientras Italia está estancada desde 1998 o 2000, casi 20 años y a la cola de Europa, España lleva creciendo por encima de la media europea, de Alemania, Francia o el Reino Unido desde hace cinco”, resalta Molina.

Bipartidismo y populismo

Forti y otro experto economista residente en Roma aceptan que Italia dejó de crecer casi con la entrada del euro pero remarcan que ese país partía de una situación económica y sobre todo industrial más desarrollada, diversificada y dinámica que España.

La prima de riesgo cerró ayer en Italia en los 252 puntos y en 142 en España. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico prevé para España este curso otro crecimiento entorno al 2,8% e Italia sigue parada en una media del cero. El nivel de deuda italiana se fijó a finales de 2017 en un 132% y el de España en el 100%.

Molina incide en otra diferencia: “España está aún en tránsito del modelo del bipartidismo del PP y PSOE a un multipartidismo que no está asentado y en el que, además, todos los partidos comparten una visión muy parecida de la Unión Europea, incluso con Podemos, que solo tiene el 18% de los votos y no es antieuropeísta”. La Liga y el Movimiento 5 Estrellas, que sí lo son, sumaron en las elecciones de marzo el 50% de los votos.

En el último Eurobarómetro, el 68% de los españoles veían buena la pertenencia a la UE (noveno país del total) frente al 38% de los italianos (26).

El investigador de Elcano concede que las dos naciones están sufriendo en el plano político e institucional pero incluso ahí ve distancias: “La de España es una crisis de gobernanza, coyuntural, más o menos normal en otras democracias parlamentarias europeas, incluso con el fenómeno de la corrupción que refleja la sentencia de Gürtel, pero la de Italia es sistémica”.

Fernando García Sanz, investigador del CSIC y seis últimos años director de la Escuela Española en Roma, constata más similitudes en los efectos de esas crisis que en las causas: “La inestabilidad en España no se ha traducido en parálisis económica sino lo contrario y en Italia no existe un partido como Podemos, porque no está nada claro que el Movimiento 5 Estrellas sea de izquierdas, ni en España nada como la Liga”.

Forti llama la atención sobre que en Italia, pese al aparente desgobierno y la elección de hasta cinco presidentes sin pasar por las urnas, “hay una cultura del pacto, a veces excesiva, que en España no existe”. Y añade: “España tiene un problema parcial en Cataluña pero el de Italia ha llegado a lo más institucional, al poner en cuestión al presidente de la República”.

García Sanz corrobora que “la comparación es posible pero la identificación no” entre otras razones porque son dos países que nunca se han tenido como punto de referencia común y se observan como miradas estrábicas: “La incertidumbre en Italia y España es la que crea problemas y sí se puede llevar por delante la Unión Europea, porque los dos países son la punta del iceberg y hasta el laboratorio de un mal general europeo, donde estamos al final de algo, de un era política, pero no sabemos qué es lo siguiente”.

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