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Irlanda del Norte: cuatro veces suspendida la autonomía en 20 años

El país ha sido gobernado directamente por Londres durante más de cinco años desde que se firmó la paz en 1998 y ahora, sin Ejecutivo, atraviesa un mandato directo 'de facto'

Tony Blair mira al primer ministro irlandés, Bertie Ahern, mientras estrecha al mano al secretario de Estado de Irlanda del Norte, Paul Murphy, en 2003.
Tony Blair mira al primer ministro irlandés, Bertie Ahern, mientras estrecha al mano al secretario de Estado de Irlanda del Norte, Paul Murphy, en 2003.

Desde el Acuerdo de Viernes Santo, que en 1998 puso fin a 30 años de conflicto armado en Irlanda del Norte, el Gobierno británico ha suspendido la autonomía del país en cuatro ocasiones, una de ellas por un periodo de cinco años. Todas sucedieron durante los años en que el laborista Tony Blair fue primer ministro.

Por su historia particularmente convulsa, Irlanda del Norte tiene un Gobierno de poder compartido. Formaciones políticas representantes de los diferentes sectores de la comunidad están obligadas a gobernar en coalición. Si no alcanzan un acuerdo, el Ejecutivo autónomo cae y Londres puede asumir directamente sus funciones.

La primera vez fue en febrero del año 2000, cuando el entonces ministro para Irlanda del Norte, Peter Mandelson, impuso el mandato directo desde Londres durante tres meses. Lo hizo en respuesta al cumplimiento del IRA de sus compromisos de desarme. Cuando el grupo anunció en mayo de ese mismo año que depondría las armas, la Asamblea de Irlanda del Norte recuperó sus competencias.

En 2001, el sucesor de Mandaleson, John Reid, decretó dos veces una suspensión de la autonomía de un día de duración cada una, el 10 de agosto y el 22 de septiembre. Las medidas se tomaron después de que David Trimble, ministro principal unionista, dimitiera en respuesta de nuevo a la resistencia del IRA a entregar las armas.

La más grave suspensión de la autonomía llegó en 2002, cuando se impuso un mandato directo que se prolongó durante casi cinco años, desde el 14 de octubre de ese año hasta el 7 de mayo de 2007. Tony Blair y John Reid tomaron la decisión al considerar que el Gobierno de poder compartido en Irlanda del Norte no podía continuar en pie durante más tiempo.

Los partidos unionistas se negaban a compartir el poder con el nacionalista Sinn Féin. El Acuerdo de Viernes Santo permitía la participación en el Gobierno del Sinn Féin solo si perseguía sus fines con medios pacíficos, pero semanas antes había salido a la luz un escándalo de una red de espías del IRA que operaba dentro del partido. Tras años de conversaciones, en mayo de 2007 el unionista DUP y el Sinn Féin lograron alcanzar un acuerdo para reeditar el Gobierno de poder compartido y el mandato directo se levantó.

Hasta el Acuerdo de Saint Andrews de 2006, que ampliaba las transferencias al Gobierno norirlandés, el mandato directo lo podía implementar fácilmente el Gobierno central. Pero desde entones debe aprobarlo el Parlamento británico.

Antes del Acuerdo de Viernes Santo también hubo largos episodios de mandato directo. El predecesor de la Asamblea de Irlanda del Norte, creado por dicho acuerdo en 1998, era el Parlamento de Irlanda del Norte. En 1972, semanas después del Domingo Sangriento, con la violencia fuera de control en la región, el primer ministro conservador Edward Heath suspendió la cámara e impuso también el mandato directo. Concebida inicialmente como una medida temporal, el mandato directo siguió durante más de 30 años.

Irlanda del Norte lleva en una parálisis institucional desde enero de 2017, cuando el Gobierno cayó por un escándalo de corrupción que afectaba al mayoritario DUP. Unionistas y republicanos no han logrado alcanzar un acuerdo y el fantasma del mandato directo lleva meses sobrevolando el país. Se podría hablar de un mandato directo de facto: aunque el Gobierno británico no está tomando, hasta ahora, decisiones políticas sobre competencias transferidas, sí que son los funcionarios del Ejecutivo central los que gestionan las finanzas y los recursos de acuerdo con las prioridades expuestas por el fracasado Gobierno en sus últimos Presupuestos.

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