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Un día con artritis en la redacción de un periódico

Tres trabajadores del EL PAÍS experimentan cómo sería su día a día si tuvieran la enfermedad

Simulación de los problemas para escribir de una persona con artritis.

Duelen los dedos, las muñecas, los codos. Tomar nota o beber agua resulta una hazaña. Soltar el clic del casco de la moto es una prueba de paciencia. Todo pasa en poco más de media hora con los dedos y los codos vendados para simular el efecto de la artritis reumatoide, y todo cuesta el triple. Contestar o llamar al teléfono, desenredar un cable, apretar una tuerca, ponerse las gafas... "Hablamos con la boca, pero también con las manos y con el resto del cuerpo. Si cada movimiento nos cuesta, nos duele, es como vivir con una conciencia lacerante. Muy duro. La vida se estrecha", resume la periodista que ha participado en la prueba. Y eso que la experiencia es parcial. Faltaría por intervenir en las piernas.

La artritis reumatoide afecta a unas 200.000 personas en España, según la asociación de afectados Conartritis, y se caracteriza por los dolores continuos en las articulaciones. Se da de manera simétrica (derecha e izquierda a la vez) y la causa no se sabe. El apellido, reumatoide, indica que pertenece a la familia de las enfermedades autoinmunes, como el lupus o la soriasis, pero no está descrito el mecanismo concreto que la desencadena. Afecta más a mujeres.

La experiencia en EL PAÍS sigue otras efectuadas con personal sanitario. Lo más afectado es la psicomotricidad fina. Manipular lo pequeño se hace muy complicado. Aunque los enfermos se buscan la manera de salir adelante, como el cámara que ha intentado manipular el equipo con los dedos semirígidos. "Se puede, pero no es fácil". Afortunadamente, hay tratamientos que reducen estos síntomas, pero el dolor y la rigidez son una amenaza continua.

El presidente de ConArtritis, Antonio Torralba, afirma que tanto la artritis reumatoide como otras de la misma familia (la psoriásica, la juvenil y la espondiloartritis) "pueden llegar a provocar discapacidad". "Las personas que las padecen ven cómo sus efectos merman su calidad de vida, ya que el dolor crónico, la falta de movilidad, la inflamación y el entumecimiento de las articulaciones, entre otros de los muchos síntomas que provocan, les pueden dificultar, e incluso impedir, realizar acciones tan cotidianas como abrocharse un botón o abrir una botella".

La campaña Un Día con Artritis, en la que se incluye esta experiencia, busca que otras personas puedan sentir lo que un enfermo de artritis en su día a día, explica Torralba, quien cree que su situación es ignorada porque "la población general no ve la realidad de estas personas porque a simple vista parecen que están sanos, lo que les puede generar sentimientos de soledad, incomprensión, impotencia, llegando a una situación de aislamiento social".