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Muere Elías Yanes, expresidente de la Conferencia Episcopal, a los 90 años

Juan Pablo II lo marginó del cardenalato culpándole de la perdida de privilegios de su Iglesia en España

Elías Yanes, presidente de la Conferencia Episcopal Española, en una imagen de 1995.
Elías Yanes, presidente de la Conferencia Episcopal Española, en una imagen de 1995.

Entre las muchas anomalías de la Iglesia romana en España durante el largo mandato del papa Juan Pablo II está el que el arzobispo Elías Yanes, prelado de Zaragoza desde 1977, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) entre 1993 y 1999 y vicepresidente de la Unión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), entre otros muchos cargos de la más alta representación, haya fallecido sin el capelo cardenalicio, es decir, privado de su merecida condición de Príncipe de la Iglesia. Fue la venganza (pónganse todas las comillas que se quieran) del pontífice polaco contra quienes guiaron como pudieron la transición de la Iglesia católica desde el nacionalcatolicismo franquista, donde los obispos mandaban tanto como el dictador Franco, a una democracia parlamentaria que el Vaticano no paraba de execrar.

Se cuentan con los dedos de una mano los casos en que un líder episcopal incontestado por sus pares, en un país tan señaladamente católico como España, haya sufrido esa humillación. Los motivos los resumió en privado el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, cuando contó cómo fue abroncado por Juan Pablo II el mismo día en que acudió al despacho papal para presentar la renuncia por edad. Según el pontífice Wojtyla, España se había enfangado en un laicismo anticlerical y la Iglesia romana había sido despojada por culpa de los citados de sus muchos privilegios, a los que nunca debieron renunciar sin pelearlos con furia, insistía el polaco.

Tarancón, presidente de la CEE entre 1971 y 1982, no salió de su asombro, sorprendido por la diatriba del pontífice, que le parecía maleducada. Aquel día tomó la decisión de defender su gestión en unas memorias, en las que habría de contar cómo se había producido la transición y negociado los acuerdos, aún vigentes. Nunca se sabrá por qué decidió quemarlas. Será una pena si el arzobispo Yanes ha hecho lo propio con las cuyas, de las que llevaba años sin querer hablar.

Yanes falleció la pasada noche en su residencia en Zaragoza. Tenía 90 años y se apagó poco a poco, por la edad. La capilla ardiente ha quedado instalada en el Salón del Trono del palacio arzobispal y recibirá sepultura en la Basílica del Pilar. Había nacido en Villa de Mazo (isla de La Palma), en 1928 y fue ordenado sacerdote con 23 años en el Congreso Eucarístico de Barcelona, inaugurado por Franco, a su mayor gloria, en mayo de 1952. Yanes había culminado su imponente formación eclesiástica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, de los jesuitas.

Pese a la no disimulada marginación a que fue sometido, los servicios de Elías Yanes a su iglesia —por extensión, al Vaticano— fueron sobresalientes, en la estela de sus predecesores, el cardenal Tarancón, y el emérito arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, a los que hay que unir, sin duda, al cardenal Fernando Sebastián, emérito prelado de Pamplona, y José Sánchez, exobispo de Sigüenza. Fue Sebastián, gran teólogo y gran pluma, quien de alguna forma ha explicado en sus memorias, publicadas hace dos años, las dificultades del momento y cómo, bien que mal, los prelados que dirigían la Conferencia Episcopal, de la que el propio Sebastián fue muchos años vicepresidente, salieron más que airosos de casi todas las negociaciones, hasta el punto de haber logrado mantener prácticamente todos los privilegios que la Iglesia católica tenía en la última década del franquismo, e incluso más.

¿Cuál había sido el momento más delicado en aquella transición religiosa? Yanes lo contó en EL PAÍS en 1999: todo se resolvió en el debate constitucional, entre 1977 y 1978, y, paralelamente, durante las negociaciones que el Gobierno de Adolfo Suárez, de la mano de su ministro de Asuntos Exteriores, el propagandista católico Marcelino Oreja, mantuvo en secreto en Roma para reformar el Concordato de 1953, ahora con el nombre de Acuerdos. Él mismo, reconocía Yanes, no estuvo del todo acertado cuando, en contra del criterio de Tarancón, se empeñó en que la Constitución citase expresamente a Dios, o de lo contrario, sería tachada de Constitución atea. Era la tesis de Manuel Fraga, líder de Alianza Popular, hoy PP. Finalmente, no se citó a Dios, pero sí a la Iglesia Católica, en el artículo 16, con el argumento, exhibido por el portavoz comunista, Santiago Carrillo, de que no eran momentos de abrir una nueva guerra de religión, que Fraga enarbolaba con la palabra Cruzada.

Pese a ese privilegio, fuente de tantos otros, muchos obispos, entre ellos el primado de Toledo, cardenal Marcelo González, hicieron campaña por el no en el referéndum inmediatamente posterior. Elías Yanes alzó la voz contra todos, y pidió el sí. Fue un gesto que nunca le perdonaron en ambientes ultracatólicos.

Sustituido en el liderazgo episcopal por el cardenal Antonio María Rouco, en 1999, Yanes fue apartándose silenciosamente de los focos eclesiásticos. Muchos lo interpretaron como un desacuerdo con el rumbo que tomaba la Conferencia Episcopal, muy bronco contra los Gobiernos de turno (incluidos los de José María Aznar). La Iglesia del No había relevado a la Iglesia de la negociación. Nunca participó Yanes en las multitudinarias manifestaciones en la calle contra leyes que las Cortes Generales aprobaban por amplia mayoría, en las que, en cambio, pudo verse a decenas de sus colegas en el episcopado.

Nunca fue Yanes un progresista, como tampoco Tarancón, que, en cambio, llegó a decir que con Gobiernos de izquierdas la Iglesia vivía mucho mejor. Pero tampoco fue un intransigente, que viera persecuciones anticatólicas por todas partes, o que llamara a combatir desde los púlpitos las muchas reformas que necesitaba el país, aunque fueran contrarias a la doctrina católica (divorcio, despenalización de aborto, investigación con embriones, la ley de reproducción asistida, etc.) Entre otros éxitos de su gestión, que arrancó al Gobierno de Aznar cuando era su ministro de Educación Mariano Rajoy, está el haber ampliado los derechos de los profesores de catolicismo en las escuelas públicas y concertadas, hoy con los mismos rangos laborales y académicos que el resto de los profesores.

Poco después de conocerse su fallecimiento, el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, escribió: “Ha muerto Elías Yanes, arzobispo emérito de Zaragoza. Sirvió con dignidad e inteligencia a su Iglesia y a su país en momentos cruciales. Era cultísimo y de trato exquisito. Que la tierra le sea leve y que haya alcanzado las expectativas de su fe de la forma más cabal posible”.