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Italia disputa a España el mando de los ‘cascos azules’ en Líbano

Defensa gastó 834,7 millones de euros en misiones internacionales en 2017

La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, saluda a los militares españoles en Líbano el pasado 27 de diciembre. Ampliar foto
La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, saluda a los militares españoles en Líbano el pasado 27 de diciembre. MDE

La pretensión española de mandar la Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL), cuando en julio próximo concluya su mandato el general irlandés Michael Beary, ha tropezado con un inesperado obstáculo: la presentación de un rival italiano. Aunque España es el tercer contribuyente más importante de la FINUL, tras Italia y Francia, y han sido italianos tres de los cinco últimos jefes de los 12.000 cascos azules que separan al Ejército de Israel y la milicia chií libanesa Hezbolá, la diplomacia española no da por ganado por el puesto.

Desde que la Infantería de Marina desembarcó en Líbano en septiembre de 2006 solo un general español, Alberto Asarta, ha mandado UNIFIL, entre 2012 y 2014. Su antecesor fue un general italiano (Claudio Graziano) y también sus dos sucesores (Paolo Serra y Luciano Portolano). En 2016, España creyó que había llegado su turno, pero el puesto se lo llevó un general irlandés, Michael Beary, cuyo país aporta la mitad de tropas que España. Italia no presentó candidato, pero respaldó al irlandés, según fuentes diplomáticas.

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En julio acaba el mandato de Beary (la elección es por un año prorrogable a dos) y España ha presentado al general de división Luis Cebrian. Para reforzar la apuesta, ha anunciado que aumentará en 100 soldados su actual contingente, hasta 750, y está dispuesta a participar por vez primera en la fuerza naval de la ONU que vigila el embargo de armas a Hezbolá con un buque ligero con 90 tripulantes si el general español asume el mando.

La elección del jefe de la FINUL no depende en teoría del país de origen del candidato sino de su perfil profesional. Por eso, Defensa ha buscado a un general con una hoja de servicios dificílmente batible: Cebrián estuvo en Bosnia en 1993, en plena guerra entre musulmanes y croatas: en Líbano en 2007, cuando seis paracaidistas murieron en un atentado; y en Afganistán en 2012, dirigiendo la retirada de las tropas españolas de la provincia de Badghis. En 2016, como jefe de la Brigada Aerotransportable (Brilat), puso en marcha la fuerza de muy alta disponibilidad de la OTAN.

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Pero el nombre del nuevo jefe de la UNIFIL no se decide sobre el terreno sino en los despachos de Naciones Unidas en Nueva York y por eso la decisión de Italia de presentar su propio candidato ha encendido las alarmas.

Otro factor que añade incertidumbre es la posibilidad de que la ONU cambiara la estructura de la FINUL y pusiera a un civil por encima del comandante militar, como ya sucede en otras misiones. Defensa ha advertido de que, en ese caso, podría retirar la candidatura de Cebrián aunque, añaden las fuentes consultadas, “hasta ahora nadie ha propuesto formalmente ese cambio”.

Al margen de Líbano, España duplicará sus efectivos en Mali, pasando de 140 a 292 militares —incluidos 140 infantes de Marina— coincidiendo con el mando de la misión de adiestramiento de la UE por parte del general español Enrique Millán Martínez. La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, comparecerá este miércoles en el Congreso para pedir la correspondiente autorización, aunque varios grupos aseguraron ayer que no habían recibido el escrito con la solicitud de aumento. En realidad, el despliegue de vehículos y personal comenzó ya el pasado 9 de enero, para estar operativo a finales de mes, cuando el general Millán asuma el mando de EUTM-Mali por nueve meses, lo que ha motivado las quejas de Unidos Podemos.

La mili de Macron no gusta en Defensa

M.G.

La mili de un mes, que el presidente francés Emmanuel Macron quiere instaurar en su país, no entusiasma en Defensa. Una fórmula de ese tipo resulta muy cara, al obligar a dedicar ingentes recursos humanos a la instrucción de los reclutas, y de eficacia más que dudosa. De hecho, el PP optó en 1996 por la profesionalización total de los ejércitos en lugar de la mili de seis meses que figuraba en su programa electoral.

La alternativa, para Defensa, es la reserva voluntaria, que permite a los ciudadanos vincularse a las Fuerzas Armadas mediante periodos de activación anuales y a estas contar con especialistas de áreas en las que carece. En la actualidad hay 4.000 reservistas voluntarios, pero el sistema no ha acabado de arrancar porque los recortes han obligado a priorizar otras necesidades y por la resistencia de las empresas a facilitar que sus empleados sean militares a tiempo parcial.

También, aunque no se somererán a votación, aumentarán los efectivos en Afganistán (65) e Irak (30). En el primero, los militares españoles asesorarán al Ministerio de Defensa e instruirán un batallón de operaciones especiales. En el segundo, se potenciará la base de Besmayah, por la que han pasado más de 30.000 militares iraquíes y a la que se han desplazado temporalmente 71 ingenieros del Ejército para obras y reparaciuones.

La tarea más delicada corresponde a los efectivos españoles de operaciones especiales desplegados en cuatro bases a lo largo de la ribera del Éufrates (Bagdad, Taji, Al Taqaddum y Ain Assad) para adiestrar sobre el terreno a las unidades de élite que han participado en la ofensiva contra el Estado Islámico.

Según la documentación que Defensa ha remitido al Congreso, el coste de las misiones internacionales (sin contar la cooperación bilateral con países africanos ni los observadores militares) ascendió en 2017 a 834,7 millones de euros, lo que supone un incremento de 71,4 millones (9,3%) respecto a 2016 por el mismo concepto.

En enero pasado había 2.469 militares españoles deslegados en 16 operaciones internacionacionales. El 28,7% participaba en misiones de la UE, el 25,2% de la ONU y el 19,8 de la OTAN. Defensa prepara la creación de una “medalla de campaña” para otorgarla a quienes participen en misiones que, como la de Irak, no tienen el amparo de ninguna organización internacional.

 

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