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Sánchez busca recuperar la izquierda tras el pacto del 155

El líder del PSOE renuncia a pedir elecciones anticipadas para centrarse en impulsar su proyecto

Pedro Sánchez ha cumplido los primeros seis meses de su segundo mandato al frente del PSOE marcados por Cataluña, que le han llevado del “no a Rajoy” al pacto del 155 con el PP. Un giro inesperado en su estrategia de recuperar la izquierda, a la que el líder socialista dará prioridad en 2018, con un Podemos en horas bajas. Sánchez renuncia a pedir elecciones anticipadas para centrarse en impulsar su proyecto, aún con cicatrices con los barones y ante el auge de Ciudadanos.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, durante una reunión con sindicatos.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, durante una reunión con sindicatos. EFE

Pedro Sánchez suele decir que se encuentra en su “segunda vida” como líder del PSOE. 2017 ha sido el año de su renacer político —el 21 de mayo salió victorioso de las primarias— tras su caída a finales del año anterior, cuya principal secuela es que es el único líder de un partido sin escaño en el Congreso de los Diputados. Una singularidad que le aleja de los focos y que no ha tratado de contrarrestar: mantiene una exposición pública limitada para preservar su imagen. El líder socialista cumple este diciembre siete meses de su segundo mandato marcado por el desafío secesionista catalán. En este tiempo, ha transitado de la bandera del “no a Rajoy” a un pacto para aplicar el artículo 155 con el mismo presidente al que se negó a investir, y del que ahora necesita desmarcarse.

Se resistió el PSOE a levantar el veto al 155 pero al final Sánchez y Rajoy cerraron un acuerdo a principios de octubre para ir de la mano en su aplicación tras más de una decena de reuniones en La Moncloa. Este pacto incluía, según el líder socialista, la apertura del debate sobre la reforma de la Constitución. La comisión territorial que debe servir de preludio a este debate arranca sin embargo sus trabajos en enero lastrada por la ausencia de los nacionalistas y Podemos. Tras ese acuerdo, Sánchez pasó de haber construido su figura política en torno a su rechazo a Mariano Rajoy a felicitarse de haber redescubierto al líder del PP, con el que ahora mantiene una comunicación regular.

El acuerdo con el PP ha desdibujado su papel de oposición y los socialistas pretenden centrarse ahora en volver a marcar distancias con los populares. La dirección del PSOE reconoce abiertamente que no tiene urgencia en tratar de sustituir al PP en el Gobierno y no quiere elecciones anticipadas.

La plurinacionalidad, en el cajón

La dirección del PSOE ha admitido esta semana que aparcó la apuesta por la plurinacionalidad de España durante la campaña catalana. No hubo una sola mención a este planteamiento territorial aprobado en el 39 congreso en los mítines en los que participó Pedro Sánchez ni el resto de miembros de la dirección, a pesar de que Cataluña sería uno de los territorios más propicios para este discurso. El auge del separatismo catalán desaconseja incidir en este planteamiento, pero el PSOE sostiene que no ha renunciado a él, aunque no aclara aún si lo defenderá en la comisión territorial.

“La plurinacionalidad no ha salido para nada en la campaña, ¿cómo va a haber sido un problema, si no se ha utilizado?”, inquirió el secretario de Organización, José Luis Ábalos, a preguntas de los periodistas este miércoles sobre las reflexiones en privado de algunas federaciones pidiendo reconsiderarlo poniendo como ejemplo los resultados de los comicios catalanes. Aunque se guarde en un cajón, el PSOE descarta abandonarlo. “Esta dirección no va a cambiar ninguna resolución del congreso federal. Se cambian con otro congreso”, concluyó Ábalos.

No al adelanto electoral

El partido quiere utilizar 2018 para impulsar su proyecto de “izquierda constitucional” —toda vez que el debate político seguirá marcado por la discusión territorial y la defensa de la Constitución les diferencia de Podemos— y preparar las elecciones autonómicas y municipales de 2019. “No creo que la situación merezca una convocatoria electoral, hay muchos problemas que atender”, razonó el secretario de Organización, José Luis Ábalos, el pasado miércoles en la sede del partido, donde criticó que el Gobierno de Rajoy, más que inmovilista, es “una estatua”.

Pero aunque el discurso político del PSOE sea el de que el Gobierno está agotado, los socialistas no quieren forzar ningún adelanto electoral. En la cúpula socialista fían al trabajo en 2018 el despegue electoral para poder estar en condiciones de disputarle La Moncloa al PP. El plan pasa por comenzar el año con una batería de iniciativas progresistas —como la presentación de un proyecto de ley de eutanasia junto a Unidos Podemos y unos Presupuestos Generales alternativos— y recorrer el país con una gira de asambleas abiertas en las que el Sánchez buscará consolidar su conexión con las bases.

Desde su reelección en la secretaría general, en mayo de 2017, el PSOE ha ganado algo más de cuatro puntos de intención de voto, hasta situarse en el 24,2%, según el último barómetro del CIS del mes de octubre. Pero mientras los socialistas se benefician del declive de su rival en la izquierda, Podemos, un pujante nuevo competidor ha surgido en los dos últimos meses al calor de la batalla contra el independentismo catalán. Metroscopia situó a Ciudadanos en un sondeo de noviembre para EL PAÍS empatado en un 22,7% de los votos con el PSOE. El barómetro del CIS de febrero, cuya encuesta se realiza en enero, dirá si la victoria del partido de Albert Rivera en los comicios catalanes en los que el PSC se ha estancado tiene traslación nacional. Ahuyentado el fantasma del sorpasso de Podemos, el camino no deja de ser pedregoso. “A los socialistas nadie nos regala nada”, recordó el líder del PSOE a un grupo de jóvenes socialistas en la campaña catalana del 21-D.

Sánchez afronta el nuevo año con el reto de cicatrizar las heridas internas del partido tras la batalla en las primarias. Aunque ha comenzado a recomponer relaciones con varios presidentes autonómicos, mantiene la brecha con la presidenta andaluza, Susana Díaz, y con referentes como el expresidente Felipe González, que recientemente se ha lamentado de no sentirse representado en ningún proyecto reformista. A su favor tiene el apoyo de la militancia. En palabras de un presidente autonómico, “las críticas son acalladas por el clamor de las bases”.