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Exteriores moviliza a los embajadores en la batalla internacional contra la consulta

El Gobierno presume de tener a su favor todas las instituciones mundiales pero reconoce ir por detrás en las explicaciones a la prensa extranjera

Carles Puigdemont (primer plano) en la inauguración de la Delegación de la Generalitat en Dinamarca. Detrás, Raül Romeva.
Carles Puigdemont (primer plano) en la inauguración de la Delegación de la Generalitat en Dinamarca. Detrás, Raül Romeva.

“Más explicación y mejor vigilancia”. El Gobierno de Mariano Rajoy ha dado instrucciones a los más de 120 embajadores destinados en el extranjero para que multipliquen sus comparecencias y entrevistas en los principales medios de comunicación para contrarrestar la “ofensiva bestial” en marcha de los difusores del proceso independentista en Cataluña. En el ejecutivo admiten que esa batalla mediática, ahora, la están perdiendo. Hay menos preocupación sobre que pueda calar en ninguna institución oficial o en algún país importante la estrategia de contar que el referéndum de autodeterminación del 1-O en Cataluña pueda ser legal o se vaya a celebrar.

El propio Rajoy subrayó el viernes, en su acto de partido en Barcelona, su tranquilidad porque los responsables del referéndum de autodeterminación no tienen ningún respaldo internacional. Se refería a la práctica totalidad de los principales países del mundo, a las instituciones oficiales y a los organismos internacionales básicos, desde la ONU hasta la Comisión Europea o Estados Unidos. Sus pronunciamientos públicos han sido casi unánimes, firmes y contundentes, a pesar de la utilización interesada de alguna frase más o menos inoportuna de la portavoz de la Casa Blanca, Healther Nauert, o del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. El problema detectado ahora está en que se está perdiendo una batalla de la explicación en bastantes medios de comunicación, algunos muy relevantes.

El interés de los máximos responsables de la Generalitat de Cataluña, desde el presidente Carles Puigdemont hasta su vicepresidente o conseller de Exteriores, Raül Romeva, por los corresponsales internacionales en España y por colar su mensaje en medios extranjeros de referencia no es nuevo. Ha sido una ocupación constante y costosa. Durante mucho tiempo, además, sin resultados efectivos.

En los últimos meses y especialmente en las más recientes semanas, sobre todo en esta recta final hacia el 1-O tras la aprobación exprés de las leyes preparatorias de la consulta, ya anuladas por el Tribunal Constitucional, la presencia del conflicto catalán en periódicos y televisiones de gran relevancia mundial se ha multiplicado exponencialmente. Ha habido reportajes en The New York Times, Financial Times, Washington Post, Le Monde y muchos más. En algunos de esos medios, además, se han escrito editoriales abogando por una solución dialogada de la crisis, que es una solución que el Gobierno de Rajoy ya no ve posible ante la inminente imposición unilateral de la fecha del referéndum.

El asunto de la batalla del relato internacional ocupa y preocupa, porque se creía más controlado. El Ministerio de Asuntos Exteriores desplegó hace tiempo toda una estructura de trabajo para tener monitorizados todos los artículos y reportajes publicados, con el objetivo de saber qué se estaba contando, cómo y para “vigilar” que no se incluían referencias inexactas o incluso erróneas, especialmente sobre la cuestión de la legalidad del proceso. El trabajo de las embajadas en el exterior se arropó incluso con visitas del propio ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, como la que hizo en julio en Nueva York al despacho del director y responsable de opinión de The New York Times, tras la publicación en ese medio de un reportaje y un editorial que no convencieron en absoluto en La Moncloa. Dicen que recibieron disculpas. El embajador en Washington, Pedro Morenés, envió también un artículo de réplica que fue reducido y editado como carta al director.

La campaña de promoción exterior de la Generalitat, sin embargo, no solo no se ha frenado sino que forma parte nuclear de su actual agenda. Ha habido reuniones específicas de sus responsables, al máximo nivel y en casos acompañados de miembros de entidades como la Asamblea Nacional Catalana, con corresponsales asentados en Madrid y se ha contactado incluso con lobbies norteamericanos para favorecer la proyección de sus mensajes. En el Gobierno central aseguran, sin aportar pruebas, que las autoridades catalanas se han gastado importantes cantidades de dinero en apoyar esas campañas internacionales.

Algunos embajadores y portavoces gubernamentales se han encontrado, además, con el problema de que cuando han intentado matizar a posteriori los fallos detectados en algunas de esas informaciones no se les ha hecho caso ni incluido su versión.

La instrucción, ahora, es clara. Exteriores ha comunicado a sus embajadores, a algunos tan recientemente como la semana pasada tras un programa radiofónico muy sesgado en Suiza, que “refuercen su presencia” en los medios internacionales. Que "expliquen y vigilen". El embajador en Francia pidió incluso permiso para acudir a un debate al que le habían invitado en la televisión pública para discutir con el delegado de la Generalitat en París. Se le aconsejó que se buscase a una figura menos oficial y al final se presentó un profesor de la universidad. Desde el Gobierno central se está favoreciendo también la inclusión en ese tipo de debates, entrevistas y programas de portavoces de la sociedad civil catalana que no comparten la visión independentista.

Lo que inquieta menos, porque ha obtenido casi nulos resultados, han sido las constantes intentonas desde la Generalitat y sus portavoces afines por lograr algún tipo de respaldo institucional u oficial a sus intereses. No lo han conseguido. Tampoco con los embajadores extranjeros radicados en Madrid. “No ha hecho falta reunirles y explicarles cómo está la situación porque ya se lo saben, salvo algún caso muy concreto”, aportan fuentes oficiales. Tampoco se actuó institucionalmente esta pasada semana cuando el expresidente Artur Mas acudió a dar una charla en una sala alquilada por unos parlamentarios británicos. “Decir que fue invitado por el parlamento británico es engañar a la gente, esas salas se alquilan para actividades privadas y allí hay parlamentarios para todo”, remachan las mismas fuentes gubernamentales.

El president Puigdemont y sus portavoces presentaron este pasado viernes como un gran éxito una carta de 17 parlamentarios daneses de los 179 existentes en ese organismo que expresaban su preocupación sobre la situación en Cataluña y llamaban de nuevo al Gobierno español a jugar un rol político y dialogante en su solución. En el Gobierno recuerdan el deslucido acto de presentación el 30 de agosto pasado por parte de Puigdemont de la llamada embajada de Cataluña en ese país al que no acudieron representantes políticos y solo apenas algunos interesados en productos comerciales. Escenas similares, con vacío de representación institucional, se han sucedido en otros viajes de responsables de la Generalitat.

Esta misma semana, desde este lunes, comienza en Nueva York la asamblea general anual de Naciones Unidas. Fuentes diplomáticas catalogan ese “terreno ganado al 100%”. El Gobierno envía en esta ocasión como máximo representante al ministro Dastis (por la ausencia de Rajoy que irá la semana siguiente a la Casa Blanca y por la baja del rey Felipe VI, que había viajado a las tres últimas). Dastis mantendrá 15 o 20 encuentros bilaterales e intervendrá el jueves ante el plenario. El asunto catalán no está en principio en la agenda oficial, en ningún documento o punto programado en los órdenes del día, pero podría salir en esos encuentros más informales. Dastis se ha reservado también huecos para charlas informales con responsables de medios de comunicación. La respuesta es la misma: “El referéndum no es legal, no tiene ningún respaldo en el mundo y no se va a producir”.