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Domènech quería a Homs en la Mesa

Por segunda vez una operación de Iglesias en el Congreso acabó en fracaso y molestó a los nacionalistas

 Xavier Domènech, en la Diputación Permanente del Congreso, el pasado 18 de julio Ampliar foto
Xavier Domènech, en la Diputación Permanente del Congreso, el pasado 18 de julio EFE

Pablo Iglesias llamó insistentemente el viernes día 15 a Carles Puigdemont, mientras Xavier Domènech comunicaba con los portavoces de los partidos nacionalistas, soberanistas e independentistas. La propuesta de Domènech era que el propio Francesc Homs, portavoz de Convergència, estuviera en la Mesa del Congreso en un puesto que le cedería Podemos de los dos que le correspondían. Su propósito era que el Congreso estuviera presidido por alguien que como el portavoz de la confluencia catalana de Podemos está a favor de la consulta de autodeterminación y que junto a él en la Mesa estuviera alguien que como Homs está imputado en el Tribunal Supremo por la consulta frustrada del 9-N. Esa opción forzaría al PSOE a apoyarla en la última votación del día 19, quitaría la mayoría de la Mesa a PP y Ciudadanos y abriría una puerta a impulsar la consulta desde el Congreso.

Pero pese a que era una oferta aparentemente inmejorable e irrechazable, Homs y el resto de portavoces nacionalistas, Joan Tardà (ERC) y Aitor Esteban (PNV) lo rechazaron. Y no es la primera vez: en diciembre Iglesias lo intentó con Carolina Bescansa. “¿Qué saco a cambio?”, le preguntó Homs. “Que haya una presidenta del pueblo”, respondió el líder de Podemos, antes de que Homs zanjara: “Pues no lo veo”.

Algo parecido le respondieron los otros portavoces nacionalistas, molestos con la forma de actuar de Podemos, al buscar esas vías alternativas al margen de las negociaciones que ya estaban en marcha en el Congreso entre todos los grupos. La propia gestión con Puigdemont no es fácilmente compatible con la autonomía de Homs en el Congreso.

Para esos tres partidos lo que se llama la cortesía parlamentaria o los códigos de operan en el Parlamento nada tienen que ver con ese tipo de operaciones. “No voy a cabrear a la vez al PP y al PSOE por algo que, además, beneficia más a Podemos que a cualquier otro”, explica uno de los portavoces nacionalistas.

Esa cortesía hace que, a pesar de la lejanía entre esos partidos, se mantengan siempre vías abiertas de diálogo porque es necesario acordar asuntos que no trascienden pero que son vitales como la distribución de despachos, los medios materiales, los asistentes y las presidencias de las comisiones parlamentarias, entre otras muchas.

Según esa versión, Iglesias creyó que el Congreso funciona dividido en dos bloques y, en realidad, operan muchos más intereses y motivaciones.

El martes, además de los 10 votos “misteriosos”, hubo otra votación fundamental en la que Convergència, PNV y ERC tuvieron en su mano desbaratar el pacto entre PP y Ciudadanos, votando en segunda vuelta al socialista Patxi López y evitando así que Ana Pastor fuera presidenta. Cuando se les pregunta por qué no lo hicieron, los nacionalistas insisten en que su decisión nada tiene que ver con la investidura de Mariano Rajoy o cualquier acuerdo con el PP. Uno de ellos añade: “No entendéis que para nuestro electorado tan inexplicable es votar a López como a Pastor, por eso nos quitamos de en medio”.

Eso es lo que, según explican, desbarata la quimera o ensoñación de Iglesias, según la cual estos tres partidos están incluidos inexorablemente en un bloque con Podemos y PSOE.

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