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El ‘Brexit’ y el ‘caso Fernández Díaz’ dan un vuelco al final de campaña

La campaña que empezó con la sola incógnita del 'sorpasso' se ha cerrado este viernes marcada por dos tormentas

Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante el mitin de cierre de campaña celebrado este viernes en Sevilla. Ver fotogalería
Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante el mitin de cierre de campaña celebrado este viernes en Sevilla.

La campaña que empezó con la sola incógnita del sorpasso se cerró este viernes marcada por dos tormentas, una interna y otra externa, que han sumido a todos los partidos en la incertidumbre respecto al 26-J. Desde su primera posición en los sondeos, el PP fomentó la polarización y contempló cómo todo giraba sobre la posibilidad de que Unidos Podemos lograra superar al PSOE. Pedro Sánchez tuvo que luchar por salir del rincón y reivindicar la socialdemocracia ante dos rivales que optaron por ignorarle. La conmoción provocada al conocerse que el ministro del Interior utilizó la policía contra adversarios políticos dejó al PP aún más solo. La convulsión económica que acompañó al Brexit forzó el debate sobre estabilidad o ruptura.

Los largos meses de bloqueo político y los esfuerzos negociadores del PSOE y Ciudadanos pasaron al olvido. La convocatoria electoral del 26-J situó de nuevo a todos los partidos en la casilla de salida. Una sola novedad, sin embargo, trastocó las estrategias. La decisión de Pablo Iglesias y Alberto Garzón de sumar fuerzas, en un intento por superar al PSOE, provocó una confluencia de intereses entre los extremos. El PP y Unidos Podemos decidieron desde un principio polarizar la campaña e intentar colocar en la irrelevancia a los socialistas y a Ciudadanos. Mariano Rajoy se limitó a presentarse como la alternativa sensata y moderada frente a “radicales y extremistas”, y a reclamar el apoyo del PSOE para poner en pie una gran coalición. Unidos Podemos, alentados por las encuestas, intentaron apropiarse de la socialdemocracia, alejar el miedo que saben que aún despiertan a base de sonrisas y optimismo y ofrecieron sin parar su mano a Sánchez, relegándole al papel de tercera fuerza y apoyo necesario.

El PSOE intentó salir de esta pinza a base de propuestas —en materia de pensiones o de política fiscal y laboral—, y asumiendo que seguía reteniendo el papel de fuerza alternativa. A medida que avanzó la campaña, sin embargo, incrementaron sus ataques contra Unidos Podemos, conscientes de que era el enemigo a batir.

El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, que retiene su alta valoración entre el electorado, intentó también huir de la polarización golpeando a los dos lados. Fue el más duro contra Rajoy y la corrupción del PP en el único debate a cuatro de los candidatos, y no dejó de acusar de populistas a Unidos Podemos, contra los que utilizó su viaje sorpresa a Venezuela en apoyo de la oposición del país.

Y de repente, estalló el caso Fernández Díaz. Las conversaciones del ministro del Interior, en su despacho, con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, revelaron en toda su crudeza el uso de los servicios del Estado contra adversarios políticos, la policía patriótica denunciada desde 2012 por EL PAÍS. Los hechos sacados a la luz, y la revelación de que el principal responsable de la seguridad del país había sido espiado, pusieron al PP a la defensiva. Rajoy atribuyó todo a una maniobra electoral de última hora — “los mismos de siempre que quieren pescar en río revuelto”—, y rechazó que el asunto pudiera influir en la campaña.

Maltrecha credibilidad

Pero las reacciones de los partidos, así como de asociaciones judiciales y policiales, dejaron claro que se trataba de un duro golpe a la ya maltrecha credibilidad del PP, que alejaba aún más la posibilidad de encontrar socios para formar Gobierno.

El Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la tormenta económica y financiera que ha desatado, ha estallado finalmente en la cara de todos los partidos. Un asunto ignorado durante la campaña acabó siendo la cuestión central en sus últimas horas. Los candidatos suspendieron los actos previstos, intercambiaron llamadas telefónicas y ensayaron argumentos electorales. El PP, como garante de la estabilidad. El PSOE y Ciudadanos, como la respuesta ante el inmovilismo y el populismo que azotan Europa. Unidos Podemos, intentando despojarse de cualquier rastro de antieuropeísmo.

La sombra de Venezuela y las banderas ocultas

Cada uno de los miembros de la coalición Unidos Podemos arrastró sus particulares rémoras, en una campaña que se pretendía llena de corazones y sonrisas.

Podemos intentó que desaparecieran las banderas comunistas y republicanas que los simpatizantes de IU insistían en llevar a los actos.

Y el anuncio de la Asamblea de Venezuela de la investigación de la presunta financiación de Podemos por el Gobierno chavista persiguió a sus candidatos, que evitaron dar explicaciones.

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