“Aprendes a manejar los miedos”

Lilia Saúl y Ginna Morelo han ganado el premio Ortega y Gasset a la mejor cobertura multimedia por su trabajo titulado 'Desaparecidos'

Los premiados en los Ortega y Gasset, este jueves.
Los premiados en los Ortega y Gasset, este jueves.GORKA LEJARCEGI

Lilia Saúl nació en Ciudad de México hace 39 años. Ginna Morelo es natural de Montería (Colombia) y tiene 43. Se conocieron en un congreso de periodismo de investigación en Río de Janeiro en 2013 y desde entonces forman un equipo riguroso y transnacional. Su primer reportaje en común, Desaparecidos,les ha llevado seis meses de trabajo en dos países, en los que han tenido que hacer una minuciosa limpieza de datos.

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Su trabajo multimedia, publicado en las webs de los diarios El Tiempo (Colombia) y El Universal (México), tiene un valiente objetivo: denunciar el horror de las desapariciones y la impunidad con la que se cometen estos crímenes.

Han superado amenazas, vencido el miedo y puesto a disposición de sus lectores un mapa interactivo que detalla los casos de 50.000 desaparecidos forzados, la mitad de ellos durante el largo conflicto colombiano y la otra mitad en apenas siete años en México. Ambas reporteras, que ya están preparando otros proyectos transnacionales, destapan la escalada atroz de la violencia en México, sobre todo en los Estados de Veracruz y Guerrero, donde el oficio de periodista se ha vuelto verdaderamente peligroso.

El baúl de la memoria

“Hay una ausencia total del Estado. Las autoridades no hacen nada por combatir el crimen. Los policías de aquellos Estados son cómplices de las bandas organizadas”, asegura Lilia Saúl. “Es triste que sea la policía la que provoque más miedo”, añade Morelo, quien desde muy joven ha cubierto la información sobre las actividades de los paramilitares en Colombia. “Eso no te vuelve más valiente. Soy una periodista miedosa, pero aprendes a manejar los temores”, dice.

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Han sido testigos del horror que se vivió en Iguala (Estado de Guerrero) tras la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en 2014, y los intentos de encontrar sus cadáveres ante la pasividad de las autoridades. “Este suceso fue una piedra de toque. Cuando estalló se encendieron todas las alarmas”, explica Saúl, quien confiesa su admiración por esos periodistas que trabajan en Guerrero y Veracruz, que no cobran buenos sueldos y que, incluso, carecen de seguro.

Su cobertura multimedia les ha permitido abordar de manera exhaustiva una narrativa creativa, con la utilización de textos, vídeos, fotografías y sonidos. “Este premio lo dedicamos a la gente que abre el baúl de su memoria y se atreve a contar su historia”, destacan.

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