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Los electores premian los pactos de Podemos y de Ciudadanos

Las formaciones mejoraron sus resultados en 10 de las 11 autonomías en las que pactaron

Vista del Hemiciclo, con Pedro Sanchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Mariano Rajoy.
Vista del Hemiciclo, con Pedro Sanchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Mariano Rajoy.

Los votantes premian a los partidos que llegan a acuerdos para asegurar la gobernabilidad. Una comparación de los resultados de las elecciones autonómicas con las generales refleja que Podemos y Ciudadanos mejoraron su balance en diez de las once autonomías en las que firmaron pactos de investidura con el PP o el PSOE. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera afrontan esta semana las negociaciones a tres para formar Gobierno sabiendo que los electores examinarán su voluntad de diálogo: igual que premiaron los pactos autonómicos, dan por hecho que castigarán a los que juzguen como culpables si no hay acuerdos.

“La mejora de los resultados con respecto a las elecciones autonómicas se debe a que hayan hecho un esfuerzo negociador, en limar asperezas, y eso crea expectativas de que puedan formar Gobierno ahora”, argumenta Ángel Valencia, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Málaga, que al mismo tiempo advierte sobre la necesidad de ser cauteloso. “Hay una gran volatilidad en el voto”, recuerda. “Una repetición de las elecciones no cambiaría mucho las cosas. La sensación es que estos tres partidos deben esforzarse para aprovechar la oportunidad de formar Gobierno, porque si no será peor para sus expectativas electorales”, prosigue. “El mayor avance es que se sienten a intentar el acuerdo. Lo que parecía imposible, que se sentaran los tres ante la misma mesa, esta semana va a ser posible. Las dificultades son todas”.

Pablo Simón, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III y miembro del colectivo Politikon, también considera que deben tenerse en cuenta algunas cautelas, porque recuerda que “las dinámicas de voto en las autonómicas y en las generales son distintas y la oferta electoral cambia”. Por ejemplo, es el caso de Compromís, que el 24 de mayo concurrió en solitario en la Comunidad Valenciana y que para el 20-D optó por integrarse en una exitosa coalición con Podemos.

El PSOE pide negociar hasta el último segundo

“Ninguno de los tres nos vamos a levantar de la mesa, o por lo menos los socialistas no nos vamos a levantar hasta que lleguemos a un acuerdo y el que quiera asumir responsabilidades que se levante de esa mesa a tres”, aseguró ayer Antonio Hernando, portavoz del PSOE, durante una reunión en Roquetas de Mar (Almería) con dirigentes socialistas de la provincia.
El PSOE y Ciudadanos ya tienen un acuerdo de Gobierno. La afirmación del dirigente socialista resume lo que los dos socios consideran como una victoria: tanto los representantes de Pedro Sánchez como los de Albert Rivera valoran haber logrado que Podemos acceda a negociar, puesto que consideran que eso coloca a la formación emergente en una posición de debilidad.
Así, según fuentes de Ciudadanos, Podemos se enfrenta a la disyuntiva de aceptar el pacto que une a este partido con el PSOE, o de abandonar la mesa de negociaciones y ser señalado como el culpable de que se repitan las elecciones.

Además, Simón añade otro elemento de reflexión. “En las autonómicas y municipales la señal de coalición está muy clara, en las generales, no”. Por señal de coalición se entiende la expectativa de los votantes de que los partidos puedan llegar a un determinado tipo de acuerdo: principalmente, Podemos con el PSOE y Ciudadanos con el PP. En su opinión, además, se ha dado también la circunstancia, en algunas comunidades, de que las dos formaciones emergentes, que se aprovecharon de una especie de onda expansiva hasta diciembre, pelearon por el voto del cambio, por lo que en la mayoría de los casos una de las dos creció a costa de la otra.

La excepción de Aragón

Los datos dicen que Podemos y Ciudadanos mejoraron en las elecciones generales sus resultados de las autonómicas en todas las comunidades en las que firmaron pactos, salvo en Aragón. Podemos ha endurecido sensiblemente su posición, sobre todo en Asturias, donde la relación con el PSOE siempre fue complicada, y en Extremadura. En cualquier caso, los acuerdos autonómicos en los que participaron las dos formaciones emergentes junto a uno de los dos partidos tradicionales introdujeron una modalidad apenas vista en la política española. Pese a tener la llave de los Ejecutivos, ni Podemos ni Ciudadanos entraron en esos Gobiernos, y permanecieron en la oposición. Las dos formaciones emergentes vuelven a estar ahora en el centro de las negociaciones para formar Gobierno, aunque ya no aspiran a repetir ese modelo. Iglesias querría entrar en el Ejecutivo de Sánchez con IU y Compromís, y Rivera, que preferiría permanecer en la oposición, no descarta hacerlo si eso desatasca la situación. Los dos, sin embargo, se declaran incompatibles y se oponen a sentarse en el mismo gabinete. Los equipos negociadores de ambas fuerzas podrían, no obstante, sentarse a partir de esa semana con los socialistas. Esa es la difícil tarea a la que se enfrenta Sánchez, que necesita sumar los 65 votos de Podemos a los 40 de Ciudadanos para llegar a La Moncloa.

Solo hay un precedente de colaboración entre los tres partidos. En Murcia, donde el PP se quedó a un escaño de la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas de mayo de 2015, el PSOE, Podemos y Ciudadanos acordaron que la socialista Rosa Peñalver ocupara la presidencia de la Asamblea regional y se pusieron de acuerdo para cambiar la ley electoral de esa comunidad. En el resto de España, las dos formaciones emergentes acumulan desencuentros y críticas cruzadas.

Ciudadanos solo comenzó a pedir la abstención de Podemos para hacer viable su pacto con el PSOE cuando las continuas negativas del PP a negociar le hicieron ver que difícilmente habría otra posibilidad. Al tiempo, Podemos solo aceptó negociar con Ciudadanos ante la firmeza del PSOE en defensa del acuerdo que les une. Ninguno de los dirigentes de Ciudadanos consultados por este diario sabe aún si Podemos insistirá en su idea de lograr un pacto alternativo con el PSOE —lo que rompería las negociaciones inmediatamente por parte del partido de Rivera—, o se amoldará a “mejorar y ampliar” el ya existente.

Un dato resume todas las dificultades con las que los tres partidos afrontan sus negociaciones de esta semana: han tenido que pasar más de 100 días desde las elecciones generales del 20-D para que Iglesias acepte negociar con Sánchez sin que este haya roto previamente con Rivera.

“La nueva política responsable consiste en no paralizar las instituciones y, cuando uno no gana, en intentar buscar acuerdos a cambio de reformas”, asegura Fernando de Páramo, secretario de Comunicación de Ciudadanos, en conversación con este diario. “Estamos convencidos, y así lo demuestran los sitios donde hemos llegado a acuerdos, de que es mejor para los ciudadanos controlar a los Gobiernos desde la oposición que quedarse mirando desde la barrera”, añade.

Tercera fuerza

“Los españoles premian a los que estamos intentando desde el primer día buscar una solución y no poner más problemas sobre la mesa”, remata Páramo tras conocer la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, que coloca a su partido como tercera fuerza (18,8% de los votos si las elecciones fueran hoy) tras rubricar un pacto de Gobierno con más de 200 medidas con el PSOE.

Podemos está sobre aviso de los costes de una repetición electoral, pero, al menos de momento, no desiste de su idea de formar un Gobierno de coalición con Sánchez. Iglesias dejará la decisión final en manos de los simpatizantes de la formación. Tres de cada cuatro electores reprochan al partido de Iglesias la falta de voluntad por llegar a acuerdos, según Metroscopia. La mayoría, según esta encuesta, cree que Ciudadanos es el único partido que de verdad está buscando un acuerdo. 

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