Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

Al otro lado del hilo, ¿hay catalanes?

Sánchez habló a los 'indepes' a la cara, desde la ley pero sin demonizarles; juró “respeto” a la sociedad catalana

Si al otro lado del hilo aún hay catalanes, escuchen con atención. Porque por vez primera en un lustro pueden oír una oferta concreta “de España” —ya que un referéndum inconcreto no es una propuesta tangible. Pero si siguen fingiendo que que toda propuesta de los otros es imposible (mientras la reclaman con ardor), seguirán confundiendo ases i bous, churros con merinas, PP con PSOE.

Sánchez habló a los indepes a la cara, desde la ley pero sin demonizarles; juró “respeto” a la sociedad catalana, algo más sustantivo que el cariño posesivo; y propuso diálogo al objeto específico de tender puentes.

El candidato fue más allá de la literalidad del pacto PSOE-Ciudadanos, aunque sin conculcarlo. En la cuestión del encaje político catalán ese acuerdo se acota a tres ideas, la reforma constitucional federal, el respeto al sistema escolar y el fomento del plurilingüismo a través del Instituto Cervantes. Sánchez les añadió otras para acercar a los Gobiernos de España y de la Generalitat. Y evitar así la “ruina colectiva” que provoca su enfrentamiento.

Una es la recuperación del memorial de agravios presentado por Artur Mas a Mariano Rajoy el 30 de julio de 2014. Eran 23 propuestas que en bloque (solo voló una, la conexión del Metro barcelonés con el aeropuerto de El Prat) viajaron, raudas, a la papelera de La Moncloa.

Sánchez las rescató el martes de ese innoble cubículo. Y se comprometió de entrada a resolver cinco de ellas: dinero suficiente para los dependientes; para las políticas activas de empleo; derogar la reforma local; la educativa; y recuperar los fondos del programa de desarrollo rural.

¿Son compromisos modestos? Unos más, otros menos. No lo es la financiación de la dependencia. Pero la clave política estriba en que el conjunto debiera contribuir a descongelar el diálogo, y así, empezar a reconstruir algo de la confianza rota.

La otra vía parece más administrativa, o burocrática, porque se trata de volver a reunirse. ¿Quién? La Comisión Bilateral Estado-Generalitat creada por el Estatut de 2006. El secreto de esta propuesta es doble. Que esa comisión no se reúne desde julio de 2011, durante todo el mandato de Rajoy (y el de Mas).

Y que supone resucitar un bilateralismo que cala hondo en Cataluña (aunque se produce con casi todas las autonomías). Y que permite abrir horizontes —en sus cinco subcomisiones— en asuntos clave: política económica y europea, competencias, designación de representantes...

Se dice que los catalanes de les pedres en fan pans. ¡Qué panes podrían hornearse con esas piedras! Si aún hay alguien.

Más información