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Rajoy ve ruin y miserable que su rival le eche en cara la corrupción

El líder socialista espetó a su rival que debería haber dimitido hace dos años por no ser "decente". El aspirante popular reventó: "¡Hasta aquí hemos llegado!"

Mariano Rajoy este lunes y, detrás, Jorge Moragas.

El debate parecía manido y enquistado. Pedro Sánchez intentó endurecer el duelo con alusiones constantes e interrupciones sobre la corrupción en el PP, Luis Bárcenas y Rodrigo Rato, pero Mariano Rajoy no quería entrar en ese fango. Hasta que el líder socialista espetó a su rival que debería haber dimitido hace dos años por no ser “decente”. El aspirante popular reventó: “¡Hasta aquí hemos llegado!”. Y acusó a Sánchez de “ruin, mezquino, miserable, deleznable” y “sin cuajo”.

Sánchez no tardó ni ocho minutos desde el inicio del debate en sacar a colación la corrupción del PP, el nombre del extesorero Luis Bárcenas, el SMS de Rajoy —“Luis sé fuerte”— y la supuesta figura del milagro económico del Gobierno de José María Aznar: Rodrigo Rato. No había duda. Quería un debate duro, tenso y basado en la corrupción, que el propio Rajoy admite que le ha asolado personal y políticamente durante casi todo su mandato. Pero el aspirante del PP no replicaba; escuchaba las invectivas y las dejaba pasar. No aludía siquiera al argumentario de réplica oficial con los consabidos ERE andaluces.

Sánchez cuestionó hasta la supuesta recuperación económica del país, de la que presume Rajoy, para afirmar varias veces y hasta cuestionar al presidente del Gobierno directamente sobre si España fue o no rescatada por Europa con los 41.000 millones de euros aportados para salvar al sistema bancario. El candidato del PP se zafaba de esas arremetidas con la ristra de datos, números y estadísticas que muestran que España está en una senda de recuperación para asegurar que esa es la vía adecuada para “perseverar” en el futuro y atraer el voto más conservador del elector menos arriesgado.

Todo parecía transcurrir sobre el guion marcado. No se confrontaban dos modelos alternativos y Rajoy tampoco se permitía actuar en “legítima defensa”, como había amenazado ante los constantes ataques e interrupciones de su rival socialista.

"Jamás nadie me acusó"

Comenzó entonces el segundo bloque teórico sobre la regeneración de las instituciones y Sánchez se tiró a degüello. El líder socialista ya le había dicho de entrada que debía haber dimitido por haber enviado en marzo de 2013 aquel mensaje tranquilizador a Bárcenas cuando ya se sabía que tenía dinero opaco en Suiza, pero no le llegó. Quería provocar a Rajoy y ver su reacción. Y lo consiguió.

Empezó por recordarle que había sido Rajoy el que ascendió a Bárcenas de gerente a tesorero del PP y luego a senador; el que disfrutó de unas vacaciones pagadas por la empresa de Francisco Correa en Canarias cuando perdió las elecciones de 2004, el que envió a Dolores de Cospedal a defender el “despido en diferido”, el que permitió que se destruyesen a martillazos los ordenadores de Bárcenas en la sede B del PP y le achacó finalmente el daño en imagen que causa a España que siguiera siendo presidente tras el 20-D “porque España se merece un presidente decente y usted no lo es”.

La gota desbordó el vaso. Rajoy estalló: “¡Hasta aquí hemos llegado!”. El líder del PP superó todas las réplicas que tenía preparadas y que no había querido usar hasta entonces: “Yo soy un político como mínimo tan honrado como usted. He sido concejal, presidente de Diputación, vicepresidente de la Xunta, cinco veces ministro, vicepresidente y jamás nadie me acusó de nada. No me dedicó a la política por dinero y usted lo sabe”.

Rajoy estaba rojo de ira por dentro y algo por fuera. Se puso aún más serio y le espetó a Sánchez en tono de advertencia: “Usted es joven y va a perder estas elecciones. No pasa nada, de eso se puede uno recuperar. De lo que no se recuperará es de esa afirmación ruin, mezquina y miserable que ha hecho usted y que es deleznable”.

El candidato popular no se esperaba el cañonazo de Sánchez contra su honradez, que considera una línea roja. Rajoy sacó a tropel el caso de los ERE de Andalucía, los 200 altos cargos, los ocho exconsejeros y los dos expresidentes andaluces imputados en esta causa. Pero ya estaba tocado. A remolque. Para salir del rincón, llegó a acusar a Sánchez de falta de “cuajo”, valor, para presentar una moción de censura durante su mandato. Y el tono ya no se recuperó más.

La promesa sobre el paro y la maternidad

El objetivo fundamental del discurso de Mariano Rajoy para el cara a cara televisivo de anoche y para toda la campaña electoral se resume en la pareja de cifras 20/20. Es decir, 20 millones de puestos de trabajo para el año 2020. Esa es la meta y la promesa para reivindicar ser votado por la gran clase media, las personas mayores y los más conservadores.

Rajoy repitió esas cifras emblemáticas en casi todos los apartados del debate. Solo se salió del guion ante las acusaciones directas contra su honradez y cuando Pedro Sánchez le achacó haber atacado durante la legislatura la libertad de las mujeres para ser madres. Rajoy le exigió con contundencia que aclarase esa afirmación y Sánchez pasó por encima de los flirteos del entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, para reformar y recortar la ley del aborto, que fracasaron y terminaron con la dimisión del titular de la cartera.

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