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Sobre catalanes

El argumentario es tan innumerable y variopinto que resulta difícil adivinar quién es independentista y quién no

Sobre catalanes

Hace ya muchísimos años, todavía en tiempos de Franco, yendo por una calle de Barcelona, me paré en una librería, porque tenía en el escaparate un mapa muy bonito; entré y pregunté, y me dijeron que eran unos mapas que había mandado hacer la Diputación. Le pregunté si tenían toda Cataluña (eran en una escala un poco menor que 1:50.000, como son los de España del Instituto Geográfíco y Catastral) y me contestó que no, porque la propia Diputación había mandado retirar todos los que tenían los topónimos en catalán, o sea no traducidos al castellano; en efecto, el Gobierno había mandado decir y escribir El Ampurdán donde los catalanes decían L’Empordà, Villanueva y Geltrú dónde los catalanes decían Vilanova i La Geltrú. La exageración de esta traducción sistemática es tan inverosímil que no creo que sea real sino un chiste que se hizo al respecto: donde los catalanes decían El Turó Dels Tres Hereus el castellano ponía El Cerro De Los Muy Felices. 

Hoy, en el incontenible chaparrón de las repetitivas y omnipresentes conversaciones televisivas sobre la secesión de Cataluña del resto de España el argumentario es, por ambas partes, tan innumerable y variopinto que resulta difícil, si no imposible, adivinar quién es independentista y quién no.