Tribuna
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Pérdida de autoridad

El autor defiende que "los ciudadanos dejan de reconocer al gobernante como tal antes de depositar el voto en la urna"

La pérdida de autoridad suele ser la antesala de la pérdida del poder. Los ciudadanos dejan de reconocer al gobernante como tal antes de depositar el voto en la urna que lo acabará alejando del poder. Es lo que le ocurrió al presidente Rodríguez Zapatero en la pasada legislatura. Desde el 12 de mayo de 2010 dejó de tener autoridad para dirigir políticamente el país, aunque ocuparía la presidencia hasta el 20 de noviembre de 2011. Sin autoridad llegó incluso a ser protagonista de la máxima expresión del poder: la reforma del artículo 135 de la Constitución. Más dura fue la caída.

Algo parecido le está ocurriendo al presidente del Gobierno en esta legislatura. Sigue teniendo poder y está haciendo uso del mismo de manera desaforada en estas últimas semanas (reforma del código penal, ley mordaza, manipulación de los medios de comunicación...), pero hace ya tiempo que la sociedad española no le reconoce autoridad para dirigirla políticamente. La verdad es que nunca se la ha reconocido de manera inequívoca, siendo, con mucha diferencia, el presidente de Gobierno con más bajo índice de aceptación desde 1977. Pero los límites a los que está llegando en estos últimos meses han sido desconocidos hasta la fecha.

La pérdida de autoridad tan acusada de los dos últimos presidentes del Gobierno es una agravante de la crisis del sistema de partidos, que tuvo su primera manifestación en las elecciones europeas de mayo de 2014, que vienen reflejando los resultados de todas las encuestas desde entonces, que ha sido confirmada por los resultados de las elecciones andaluzas del 22 de marzo y que todo indica que va a ser reconfirmada por las elecciones municipales y autonómicas de mayo.

La pérdida de autoridad va más allá que la pérdida del poder. Se produce antes y se tarda en recuperar mucho más tiempo. Entre otras cosas porque antes de recuperar el poder que te dan los ciudadanos en las urnas, tienes que recuperar la autoridad en el interior del partido, condición sine qua non para poder concurrir a unas elecciones. En ese proceso de recuperación lleva inmerso el PSOE desde 2011 sin que se pueda dar por finalizado. Y en un proceso similar va a entrar el PP en muy poco tiempo.

El PSOE y el PP como partidos de gobierno está atravesando una crisis de autoridad externa e interna. Externa, porque la sociedad ya no los reconoce como tales de la misma manera que lo había venido haciendo en las últimas décadas. Interna, porque los afiliados o ya no reconocen a los dirigentes como dignos de serlo o todavía no tienen una opinión inequívoca al respecto. No es fácil que dicha crisis de autoridad se resuelva en una legislatura. Va a hacer falta más tiempo.

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