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Zapatero, la vida después de la troika

El expresidente intensifica su actividad exterior entre críticas del Gobierno

Distanciado del líder del PSOE, prepara otro libro sobre sus leyes sociales

Zapatero, el pasado 26 de Febrero, durante una conferencia en La Habana.
Zapatero, el pasado 26 de Febrero, durante una conferencia en La Habana. AFP

Zapatero sentado junto a Raúl Castro en La Habana, como retrató el Granma en portada, para disgusto del ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo. Zapatero, en casa del exministro José Bono cenando junto a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón sin cámaras pero con idéntico berrinche del nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, que tiene a Podemos en el centro de su diana. “Zapatero en enredos siempre a favor de Susana Díaz”, según la comidilla que en las últimas semanas se repite en la Ejecutiva Federal. Ayer, Zapatero participó en un foro en Dajla, en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos.

El expresidente del Gobierno, al que parecía haber tragado la troika en diciembre de 2011 cuando abandonó La Moncloa, ha vuelto a los periódicos. Su agenda internacional y alguna cita presuntamente privada que acabó trascendiendo le han servido críticas desde derecha e izquierda, del Gobierno y de su propio partido. Atrás quedan casi tres años de silencio público apenas interrumpido por la publicación de su libro, El Dilema, editorial Planeta, en el que relató en primera persona “los 600 días de vértigo” en los que le vio la cara a los mercados. Dentro de ese volumen está la controvertida carta, hasta entonces secreta porque Zapatero desde el cargo siempre se negó a publicitarla, que el expresidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, le remitió el 5 de agosto de 2011 con nuevos deberes para España en forma de recortes de derechos laborales, abaratamiento de salarios y otras “medidas audaces”.

Recluido en el Consejo de Estado, que garantiza a los expresidentes un salario bruto de 75.000 euros anuales, ahora prepara un segundo libro para recopilar las leyes sociales de su Gobierno. Las normas sobre matrimonio homosexual, memoria histórica, educación para la ciudadanía, la ley de dependencia o la de plazos del aborto, muchas de las que Esperanza Aguirre en su estreno como candidata de Madrid, pidió esta misma semana a su partido derogar, en su estreno como candidata, por considerarlas “ideológicas”.

Esa es, según su entorno, toda su actividad económica, salvando las conferencias en universidades. Durante este tiempo, ha dicho no a la tentación de la puerta giratoria. Al menos dos consejos de administración del IBEX le han tentado, cuenta un directivo de una empresa cotizada que siempre ha mantenido una buena relación con Zapatero. Quienes le conocen más sostienen que planea crear una fundación internacional, junto a su exministro Miguel Ángel Moratinos. Ambos estuvieron en La Habana, sentados frente a Raúl Castro, charlando del proceso de apertura. “Quien tenía que estar avisado en el Consejo de Ministros lo estaba”, respondió a sus próximos sobre las críticas de Margallo. Ni siquiera sus enemigos internos —que los tiene y ahora que ya no manda se dejan notar más— dan pábulo a su supuesta labor de comisionista para empresas españolas. “Otra cosa es lo que puedan estar haciendo Moratinos y Bono”, matizan las mismas fuentes del partido, alarmadas por algunas de sus últimas visitas.

Otra carta secreta con deberes

“Tras pasar por un momento de penitencia y autolimitación, es lógico que después de tres años quiera tener algo de juego. Mientras en España se le mantiene en el purgatorio, tras haberse hecho el haraquiri político para evitar el rescate, otros países le entregan honoris causa por sus avances en derechos sociales. Hace falta tiempo para que encuentre su rol en el PSOE”, asegura el escritor Suso de Toro, amigo y biógrafo del expresidente.

Mientras lo halla, disfruta del reencuentro con la vida familiar en un chalé alquilado en una urbanización de lujo cerca del hipódromo de La Zarzuela. De vecino tiene a uno de esos tertulianos que pasó años despellejándolo en la tele. Que se haya quedado en Madrid responde a otra carta (también secreta) que recibió durante el último mes en La Moncloa. Un sobre que apareció en una de las cómodas del palacio y que al abrirlo, a mediados de noviembre de 2011, le obligó a torcer (otra vez) sus planes. Dentro no había membretes ni eufemismos institucionales. Solo la caligrafía de sus hijas, Laura y Alba, para suplicarle quedarse en Madrid con sus amigos en lugar de regresar a León, donde el matrimonio Zapatero-Espinosa había comprado una casa para volver a su vida de siempre. Nunca la estrenaron. Sigue a la venta. En la calle Unicef de León.

Alfredo Pérez Rubalcaba, su número dos en los años duros de la crisis, y con el que ahora está muy distanciado, rechaza que haya algo que reprochar a Zapatero como ex: “Está siendo cuidadosísimo, desde el punto de vista institucional, con el Gobierno y con el partido. No ha tenido un mal gesto. Ni una mala cara. No se puede decir lo mismo desgraciadamente de otros expresidentes que viajaban a universidades americanas a hablar mal de su país”.

El pasado 9 de noviembre Zapatero se sentó a cenar junto a los líderes de Podemos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, “para hablar de política”. Ejerció de anfitrión José Bono que puso la casa y el menú: crema de cangrejo, salmón e ibéricos. En esa mesa, cuenta un testigo, “nadie pronunció la palabra casta”. Zapatero hizo una defensa de la trayectoria del PSOE que incluyó a su secretario general de ahora, repasó el proceso del fin de ETA, la salida de las tropas de Irak y detalló cómo el proceso de construcción europea somete a las opiniones públicas de sus Estados miembros. Del otro lado de la mesa, Iglesias y Errejón se explayaron sobre el germen de Podemos desde el movimiento 15-M y se interesaron por la arquitectura del Estado. Hubo citas a series y lecturas.

Sánchez supo del encuentro por un periodista y llamó a Zapatero para preguntarle: él mismo se lo confirmó semanas antes de que la cita saltase a los medios con dos meses y medio de retraso, en plena precampaña y con Podemos a la caza del voto socialista. Miembros de la dirección de Sánchez lo interpretaron como una afrenta. Varios dirigentes llegaron a afearle el gesto a su ex- jefe en comparecencias públicas. Algunos de esos dirigentes llamaron después al expresidente para disculparse en privado.

Las relaciones con Zapatero ya estaban mal desde que Sánchez anunció a finales de noviembre que derogaría el artículo 135 de la Constitución que consagra la regla de oro del déficit y garantiza priorizar por ley el pago de la deuda. Una de las decisiones más polémicas del Gobierno socialista que el mismo Sánchez votó como diputado desde su escaño. El equipo del actual líder del PSOE sostiene que se avisó al expresidente del anuncio que además era herencia de la última conferencia política. Zapatero lo tomó como un ataque gratuito contra él, convencido de que prometer ahora cambios constitucionales es política-ficción. Y porque sigue pensando que ese controvertido pacto con el PP sirvió para evitar el rescate de España, su obsesión en los dos últimos años de presidente.

Hay en el entorno de Sánchez quien interpreta que la cena con quienes representan la principal amenaza para el PSOE fue una venganza de Zapatero, al que sitúan en maniobras para aupar a Susana Díaz como candidata a La Moncloa cuando lleguen las primarias. El pasado martes, ambos se vieron a petición de Sánchez para limar asperezas.

Un hombre lee el Granma en Cuba, con Zapatero y Castro en su portada, el pasado 26 de febrero. ampliar foto
Un hombre lee el Granma en Cuba, con Zapatero y Castro en su portada, el pasado 26 de febrero. EFE

Preguntado el líder del PSOE por este diario sobre cómo valora el papel del exsecretario general y si cree que este maniobra para promocionar a Díaz, una portavoz responde: “Es un buen secretario general y no maniobra”. Pese a la escueta liturgia oficial en el partido son legión quienes dan por hecho que Zapatero y su núcleo duro apostarían por Díaz si esta diese el paso para disputar el cartel de las generales a Sánchez.

La agenda internacional del expresidente los últimos meses ha incluido paradas en Toulouse (Francia) donde una universidad lo invistió doctor honoris causa, en Londres donde participó en la Diversity Dinner, junto al líder del partido laborista Ed Miliband, y sus recientes escalas en Cuba y Bolivia. La última visita a Marruecos, donde continuaba anoche, ha deparado otro choque con la diplomacia española. Margallo volvió a reprocharle tanto a él como a Sánchez que acuda a una cumbre en territorios saharauis ocupados. El viaje lo comunicó por carta al ministerio el 4 de marzo. La organización convocante no ayuda a disipar las dudas, por más que en la lista de comparecientes haya otros ilustres como el exprimer ministro francés Dominique de Villepin.

Los mejor pensados sostienen que todo, la reunión con Castro, la cena con los fundadores de Podemos, su predilección por Díaz, responde a lo mismo: “Es un enamorado de la política”. Alguno de los amigos de Zapatero aventura que pronto se verán avances de su estancia en La Habana, dando por hecho que su presencia en Cuba ayudará a que EE UU borre ese país de la lista de los que acogen el terrorismo.