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Pedro Sánchez busca en el brasileño Lula inspiración contra la crisis

El líder socialista se reúne con el expresidente y con empresarios españoles

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se reunió este viernes en São Paulo con quien considera un “referente de la buena política” global, el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, como arranque de una gira exprés latinoamericana de tres días que lo llevará, también, a la toma de posesión del presidente Tabaré Vázquez en Uruguay. La reunión, que duró cerca de una hora, sirvió para compartir ideas económicas, según Sánchez, y trasladar “la cercanía del pueblo español con el pueblo brasileño”. “Lula sacó a Brasil de una situación de crisis económica y ofreció oportunidades a gente que no las había tenido hasta entonces. Apostó por construir una clase media fuerte en Brasil, por un progreso inclusivo, una economía justa”, comentó Sánchez en el Instituto Lula, la fundación del exmandatario.

El socialista destacó la importancia de “tener líderes políticos que apuesten por una economía justa, por la creación de un buen empleo y por construir un país con una clase media trabajadora fuerte y sólida”. “Eso es también lo que yo quiero para España”, afirmó, “que se reduzcan las desigualdades sociales, que se apueste por una economía inclusiva, por una economía justa, y que se cree buen empleo”.

Entre 2003 y 2010, coincidiendo con los dos Gobiernos de Lula, Brasil creció a una media del 4% anual, a pesar de las crisis de Europa y EE UU. Gracias a las exportaciones, el crédito fácil, el bajo nivel de desempleo y las medidas sociales del Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), el país vivió un boom económico del que se beneficiaron más de 30 millones de brasileños, que por primera vez trabajaban fuera de la economía sumergida, con salarios más dignos y programas sociales.

Aquellos años de bonanza contrastan con este segundo mandato de Dilma Rousseff, que busca antídotos contra el crecimiento negativo que se espera en 2015 y trata de recuperar la confianza de los inversores y empresarios aplicando duros ajustes fiscales. Y aún más con la situación de Europa, que Lula y Sánchez también analizaron. “Hemos hablado de la crisis económica que tenemos que solventar y de la necesidad de tener politicas de inversión pública que efectivamente creen empleo”, resumió el español.

Tras la reunión con Lula, Sánchez tenía previsto comer con una decena de empresarios españoles para trasladarles las propuestas económicas del PSOE pero, sobre todo, para “conocer las sensaciones, las posibilidades y las oportunidades que tienen las empresas españolas en Brasil”. Entre los invitados había representantes de Iberia, Gas Natural, Telefónica e Iberdrola. Después Sánchez tenía programado un encuentro con el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

La visita de Sánchez a Brasil es rápida, pero simbólica. Las relaciones del Gobierno del PP con el Ejecutivo del Partido de los Trabajadores son frías, y uno de los últimos ejemplos fue la toma de posesión de Dilma Rousseff el pasado 1 de enero, a la que España envió la menor delegación (solo el embajador Manuel de la Cámara) a la ceremonia de investidura de un presidente iberoamericano en los últimos años. Aunque La Moncloa justificó la decisión en que se trataba de una reelección y no un primer mandato, lo cierto es que hasta su coronación, el pasado junio, don Felipe acudía a estas ceremonias en América Latina. El propio Mariano Rajoy acudió en julio a la toma de posesión del panameño Juan Carlos Varela, y el rey Juan Carlos asistió en agosto, tras abdicar, a la del colombiano Juan Manuel Santos. Él, como Rousseff, iniciaba su segundo mandato. El último viaje oficial de Rajoy a Brasil fue en 2012.

Pedro Sánchez insistió en el interés del PSOE por “estrechar los lazos con los partidos hermanos en Latinoamérica” y reconoció que es fundamental que el Gobierno español tenga unas relaciones “lo más próximas posibles” con este país. Brasil es el segundo destino de inversiones de España en el extranjero, después del Reino Unido, con más de 85.300 millones de dólares acumulados. Por su parte, España es el tercer inversor directo en Brasil, por detrás de los Países Bajos y EE UU.

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