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Bajo la amenaza del lindano

25 años después del cierre de una fábrica de pesticidas, los residuos tóxicos siguen ensuciando el agua del Gállego

La contaminación ha afectado a unos 50 pueblos

Restos de lindano en la fábrica de Inquinosa. Ampliar foto
Restos de lindano en la fábrica de Inquinosa.

En Sabiñánigo casi todos saben distinguir el rastro del lindano. Lo describen como color cobre, con la textura del alquitrán, y dicen que cuando llueve aparece como una plaga en las cunetas de las carreteras que rodean la localidad. “Cuando la fábrica aún funcionaba, había días que era imposible respirar”, recuerda Milagros, una vecina de este municipio de Huesca. “En el pueblo, sabías quién trabajaba allí porque ese olor no se iba nunca”.

Inquinosa, la fábrica de este pesticida, situada a apenas un kilómetro del río Gállego —uno de los principales afluentes del Ebro—, cerró en 1989. Pero el producto tóxico, arrojado en dos vertederos de la zona, Bailín y Sardas, se quedó y penetró en el subsuelo. Por eso los vecinos siempre han desconfiado del agua de la zona. Por eso era fácil verlos abasteciéndose de botellas en supermercados o llenando garrafas en manantiales que consideraban seguros.

Así durante 25 años, hasta que un suceso reciente obligó al Gobierno de Aragón a prohibir oficialmente el consumo de agua potable entre septiembre y octubre en seis pueblos de la zona. Tras el cierre de la fábrica, el problema durmió con un mínimo control sobre los niveles de lindano del río. En 2005 el Gobierno de Aragón encargó a un grupo de técnicos que analizara la magnitud de la contaminación. “En el subsuelo de Sabiñánigo encontramos una carga contaminante brutal”, dice uno de los técnicos que trabajaron en el proyecto. Los expertos comenzaron entonces a extraer todos los residuos posibles y enviarlos a incinerar a Francia. El último paso de este plan de descontaminación era el traslado de los residuos sólidos del vertedero de Bailín a un continente debidamente aislado. Y algo falló.

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"No nos fiamos del agua", dice una vecina de Villanueva.

“No sabemos qué, pero fue al final del proceso”, asegura una fuente técnica de la Consejería de Medio Ambiente cercana al proyecto. “Creo que las lluvias tan fuertes de septiembre provocaron un corrimiento de tierras y el río se contaminó”, concluye la misma fuente. El estudio inpendiente de tres páginas encargado por el Gobierno de Aragón tras el problema concluye lo mismo, aunque no profundiza en el motivo de la contaminación.

Eso ocurrió entre septiembre y octubre de este año. La amenaza del lindano resurgió con más fuerza. Las autoridades volvieron a medir y detectaron altos niveles de este material, esta vez en el río a su paso por seis municipios. Las normas europeas establecen que el agua no es apta si tiene una concentración de 0,0001 miligramos por litro. En la localidad de Villanueva se registraron 0,39; en Piedratajada, 0,28 y en Ardisa, 0,11. Fue entonces cuando el Gobierno prohibió su consumo.

El consejero de Medio Ambiente, Modesto Lobón, asegura que las medidas de seguridad durante el traslado de los residuos eran estrictas y niega que hubiera escasez de medios, pero señala que en un proceso “tan complejo y sin precedentes” hubo factores que no se previeron y que han derivado en la contaminación. Los técnicos calculan que en la zona existen al menos 140.000 toneladas de lindano, sin contar el que haya en el subsuelo y los acuíferos.

La idea de que el agua es peligrosa ya es un desastre”, opina una alcaldesa

La Confederación Hidrográfica del Ebro, encargada de velar por la limpieza del río y sus afluentes, ha abierto un expediente al Gobierno de Aragón, y la Fiscalía de Jaca está investigando qué ha fallado tras la denuncia conjunta de Chunta Aragonesista y Ecologistas en Acción.

El temor legendario al agua de la zona es lo que ha evitado males mayores. En Santa Eulalia, un municipio con 120 habitantes censados y 90 plazas hoteleras el alcalde, José Antonio Casaucau, propietario de un alojamiento rural, asegura que lo que más les atemoriza es la “falta de información”. En este pueblo acaban de volver a prohibir el consumo de agua tras detectar de nuevo altos niveles de lindano. “El hecho de que exista la idea de que el agua es peligrosa es un desastre para nosotros”, dice Marta de Santos, alcaldesa de Murillo de Gállego, localidad con 130 habitantes y 23 empresas turísticas, muchas de ellas relacionadas con los deportes acuáticos.

Villanueva de Gállego es el municipio afectado con más población (4.600 habitantes), a 11 kilómetros de Zaragoza. “Sabíamos que el lindano existía, pero nunca habíamos pensado que la amenaza pudiera llegar hasta aquí porque lo veíamos muy lejano, a 100 kilómetros”, dice Pedro Arilla, el farmacéutico del pueblo.

Los residuos de lindano son altamente tóxicos y prácticamente indestructibles; pueden persistir en los seres vivos si lo consumen durante un tiempo prolongado. España prohibió su fabricación en 1994, pero no ha podido hacer nada para eliminarlo del agua completamente. A pequeñas dosis y a largo plazo, el lindano causa problemas hepáticos, renales, hormonales, ginecológicos, anemias y trastornos del sistema nervioso, según la web del CSIC.

En la antigua fábrica de Inquinosa cuesta respirar si se permanece mucho tiempo. Tres naves abandonadas contienen centenares de cubos de cartón llenos de lindano, muchos de ellos abiertos y con el producto esparcido por el suelo. Allí, el lindano es un polvo blanco. El que un día levantó esta estructura fue Jesús Herboso, antiguo dueño de Inquinosa. Existe una sentencia del Supremo que le condena a pagar seis millones de euros a la comunidad autónoma por los daños que causó. “Vamos a emplear toda nuestra maquinaria legal para encontrarle y que pague”, dice Lobón. En el registro mercantil, Herboso consta como gerente de Belphast Petrochemicals, una empresa ubicada en Pozuelo de Alarcón. Al llamar, responde Jesús Herboso hijo. “Mi padre me dijo que él tenía todos los permisos para tirar los residuos a esos vertederos”, explica.

La alerta de octubre ha forzado el anuncio de la firma de un convenio entre el Estado y la comunidad para limpiar el río. Aunque aún no hay ni plazos ni se ha hablado de cantidades. Los pueblos del Gállego luchan por un abastecimiento alternativo. Muchos han conseguido las obras necesarias para beber de otros suministros. Tras esta alarma, 40 pueblos recibirán agua del río Cinca.

El informe  considera que episodios como este se volverán a repetir hasta que no se limpie por completo el vaso que hasta ahora ha contenido los residuos en Bailín. Los augurios de un técnico son desesperanzadores: “Podemos controlarlo, medirlo y sellar los vertederos, pero el lindano nunca desaparecerá”.