Rajoy presume de haber desvelado el caso y evita opinar sobre Rato

El presidente del Gobierno ni siquiera quiso decir si estaba indignado por el escándalo

Mariano Rajoy, durante la rueda de prensa en Milán (Italia).
Mariano Rajoy, durante la rueda de prensa en Milán (Italia).Diego Crespo / EFE

Rodrigo Rato ha caído definitivamente en desgracia en el PP, que sin embargo retrasa su expulsión. Mariano Rajoy ha decidido aplicarle la misma receta que en su día al extesorero Luis Bárcenas: no pronunciar ni siquiera su nombre y referirse a él como “esa persona de la que usted me habla” cuando la prensa le pregunta. Este viernes, en una rueda de prensa en Milán, el presidente del Gobierno ni siquiera quiso decir si estaba indignado por el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia, que presumió de haber sacado a la luz. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, sí confesó en Madrid abiertamente esa indignación.

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Rajoy dice que a él no le corresponde “opinar, sino tomar decisiones”. Pero sí le gusta lanzar mensajes. Y dejar de pronunciar el nombre de Rato, el hombre que lo fue todo en el PP y al que el propio Rajoy colocó al frente de Caja Madrid en 2010, es uno clarísimo. Es precisamente el presidente del Gobierno y del PP quien tiene que tomar la decisión políticamente más importante: la suspensión cautelar de militancia de Rato y de los demás militantes implicados en el caso de las tarjetas, paso previo a la expulsión.

Formalmente, es el Comité de Garantías del PP quien toma esa decisión, en principio después de escuchar las alegaciones de Rato. Pero todos los dirigentes consultados asumen que será Rajoy quien tenga la última palabra en una cuestión que controla directamente María Dolores de Cospedal, la secretaria general. No solo el presidente del comité de garantías, Alfonso Fernández Mañueco, es un hombre de confianza de Cospedal. También lo es el instructor de la causa interna, el diputado por Albacete Francisco Molinero. El asunto está, pues, en manos de Rajoy y Cospedal.

Los dirigentes consultados dan por hecho que Rato va a ser suspendido de militancia, y más después de la fianza millonaria impuesta por el juez Fernando Andreu. Lo que nadie sabe es cuándo será anunciada la decisión, aunque en el PP se espera que sea inminente.

Quien ha mandado a la fiscalía el caso de las tarjetas ha sido el Gobierno, que ordenó una auditoría en Bankia

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno

Rajoy prácticamente dio por acabado a Rato sin citarlo. Ni con micrófonos ni sin ellos quiso hablar del que fuera su principal rival en 2003 para la sucesión de José María Aznar, ni del proceso interno en el PP para expulsarlo. Después de unas relaciones complicadas, Rajoy apostó por Rato al frente de Caja Madrid en 2009, cuando Esperanza Aguirre quería colocar en ese cargo a Ignacio González. El presidente del PP aupó a Rato y las relaciones entre ellos mejoraron. Sin embargo, la ruptura definitiva llegó en abril de 2012, cuando Rajoy, ya en La Moncloa, optó por destituir a Rato y nacionalizar Bankia después de meses de dudas.

Ahora Rajoy no quiere hablar de Rato pero sí del escándalo de las tarjetas, en el que se atribuye el mérito de haberlo dado a conocer al denunciarlo a la fiscalía. “Quien ha mandado a la fiscalía el caso de las tarjetas ha sido el Gobierno, que ordenó una auditoría en Bankia. Esa auditoría se remitió al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que ha sido quien ha remitido estos asuntos a la fiscalía y otros 19 de operaciones supuestamente irregulares”, afirmó el presidente. “El resto lo tendrá que decir la Administración de justicia, pero creo que el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer. Si no lo hubiéramos hecho probablemente este asunto no habría sido conocido”.

Rajoy tampoco quiso aclarar nada sobre el futuro de Rato: “El PP ha abierto un expediente informativo, no debo prejuzgar nada”, se limitó a contestar.

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