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LA FRONTERA SUR

Los subsaharianos que saltaron a Melilla este año son el triple que en 2013

Interior destaca la “fortísima” presión que suponen los inmigrantes que llegan al norte de Marruecos desde Argelia y Mauritania con ayuda de las mafias

Más de 530 inmigrantes lograron entrar en territorio español tras saltar el vallado fronterizo de Melilla en enero y febrero pasados. Eso supone el triple de la media media mensual de los que lo consiguieron a lo largo de los 12 meses del año 2013 (en total 1.074 personas). Fuentes del Ministerio del Interior no ocultan su preocupación por este hecho que, en su opinión, viene a corroborar la “fortísima” presión migratoria que hay sobre Melilla y Ceuta.

El último intento de salto se registró en la madrugada del pasado domingo en Melilla, cuando la Guardia Civil y la Gendarmería marroquí impidieron que unos 200 subsaharianos divididos en varios grupos pudieran acceder a la valla perimetral.

Fuentes de Interior elevan hasta 50.000 los subsaharianos que deambulan por Marruecos, decididos a entrar en Europa. Sus análisis sostienen que detrás de la inmigración irregular hay bandas criminales que llevan a los inmigrantes hasta las proximidades de Ceuta y Melilla. “Pero el mayor control que hoy ejercen las autoridades marroquíes ha hecho que estas organizaciones solo los trasladen allí poco antes de que embarquen en pateras o intenten el salto de las vallas, para evitar así que sean sorprendidos. Por eso, los inmigrantes esperan el momento oportuno en localidades situadas más al interior de Marruecos”, señalan los expertos de extranjería.

Por ejemplo, 1.500 subsaharianos intentaron el pasado 4 de marzo saltar la verja de Ceuta en tres oleadas. Pero la policía marroquí llevaba en alerta 48 horas, tras detectar movimientos en los bosques cercanos a la frontera.

En este contexto, el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, se reunió ESTE LUNES en Rabat (Marruecos) con el ministro delegado del Interior de Marruecos, Charki Draiss, para abordar la cooperación contra la inmigración irregular y preparar la reunión del Comité Mixto contemplado en el acuerdo sobre readmisión hispano-marroquí de 1992, que se celebrará en Tánger el próximo día 26. El objetivo prioritario del ministro Jorge Fernández, que acudirá a esa cumbre de Tánger, es que Marruecos cumpla “en toda su extensión” ese acuerdo y, sobre todo, que acepte las devoluciones en caliente de inmigrantes (inmediatamente después de ser interceptados).

Martínez y Draiss analizaron “una serie de medidas que tienen como objetivo reducir los asaltos a Ceuta y Melilla, así como la detección y desarticulación de las redes criminales” que trafican con seres humanos.

“En Ceuta y Melilla, las entradas por mar se llevan a cabo por medio de pequeñas embarcaciones que parten de las costas marroquíes limítrofes con dichas ciudades, sin perjuicio de otros medios como entrar a nado o utilizando motos de agua”, apunta un informe policial.

Sin embargo, los expertos en extranjería admiten que el salto de las vallas es ahora el método más usado: “Se debe principalmente al incremento de los asentamientos de saharianos en montes cercanos a Ceuta y Melilla, al haberse cercenado otras rutas, sobre todo las embarcaciones que partían desde territorio mauritano hacia Canarias”.

En Ceuta y Melilla hay otro problema: el alto número de familias de sirios que huyen de la guerra. Llegan a Argel y Casablanca y después se dirigen a Oujda (Marruecos), “donde permanecen unos días hasta que consiguen pasaporte marroquí por 900 euros” antes de viajar a Nador y desde allí acceder a Melilla.

Argelia es otra de las preocupaciones de Interior, ya que desde ese país entran en Marruecos los subsaharianos aprovechando las malas relaciones que hay entre ambos países. “Se produce un paso incontrolado de inmigrantes, apoyados por los traficantes de seres humanos”, afirman fuentes de Interior.

Según la policía, Mauritania es otro país de tránsito de subsaharianos hacia Marruecos: “Las organizaciones aprovechan lo vasto del territorio mauritano, su escasa y dispersa población, así como la permeabilidad de sus fronteras”. Los analistas ponen el acento en el puesto fronterizo PK-55, entre Marruecos y Mauritania, que es paso obligado hacia Dakhla (antiguo Villa Cisneros), para desde allí dirigirse a Tánger y luego a Ceuta. La precariedad de la policía mauritana es tal que ese puesto de control, que utilizan sobre todo senegaleses, no tiene ni energía eléctrica.

Fuentes de Interior creen que en los países limítrofes a Mauritania hay “entre 40.000 y 50.000 susaharianos que intentan llegar a Europa. Pero advierten de un riesgo aún mayor: la conflictividad social y política que hay en alguno de esos país “podría generar un movimiento migratorio mucho más intenso” hacia Ceuta, Melilla o las costas italianas.

Los expertos policiales no dudan de que tras el fenómeno de la inmigración irregular hay mafias: “Las organizaciones criminales están obteniendo importantes beneficios, ya que estas actúan por tramos. Hay inmigrantes que tardan dos años en tener la oportunidad de dar el salto; y el largo viaje llega a costarles más de 5.000 euros”. La policía es incapaz de calcular cuántos inmigrantes mueren durante su penosa travesía por África.

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