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Descenso al infierno de una pareja ideal

La versión oficial difundió hasta el empacho la imagen idílica del matrimonio de los duques

El sumario aporta sin embargo una visión más cruda

Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina pasean por Vitoria en diciembre de 2012.
Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina pasean por Vitoria en diciembre de 2012.

Sí. Iñaki Urdangarin fue el deportista perfecto, el novio perfecto, el marido perfecto, el padre perfecto y el yerno perfecto, la pieza maestra de un matrimonio ideal y, oficialmente, feliz.

Hasta que dejó de serlo.

No es difícil hacer memoria. Él, alto, bien parecido, rubio, deportista, olímpico, medallista, baluarte del equipo más laureado del balonmano español, de familia católica, de origen vasco y arraigo catalán. Y Cristina de Borbón: infanta, noble pero con un sentido pequeñoburgués del trabajo, discreta, moderadamente independiente, moderna, primera mujer de la realeza española con título universitario. ¿Cuánto azúcar vertieron las páginas que glosaban el encanto de una pareja que era una bendición para la monarquía del nuevo siglo? Hasta la llegada de una Letizia con carácter y antecedentes terrenales, bien podía decirse que alrededor de la Casa del Rey no se apreciaba sombra de duda.

Boda en Barcelona, una ciudad de alma republicana, sin tradición cortesana. Vida cotidiana de pareja, ella trabajando en La Caixa, él completando sus estudios en Esade, una de las mejores escuelas de negocio. Matrimonio fecundo, cuatro hijos en seis años, Juan (1999), Pablo (2000), Miguel (2002) e Irene (2005). Todo cuanto se escribió durante unos años de la feliz pareja contribuía a consolidar el discreto encanto de la normalidad, frente al chusco glamour de las primeras estribaciones del pelotazo. En definitiva, una pareja ejemplar, un adjetivo que años después alguien usaría en su contra.

Pero el cuento de hadas se acabó. El hechizo se rompió.

Hubo un ensimismamiento. Un empacho. La versión oficial de La Zarzuela redundaba en una lista preseleccionada de amigos comunes: Vicky Fumadó, Fernando León, Luis Doreste, una mezcla de deportistas y amistades de alcurnia). Solo el libro Infanta Cristina, de Consuelo León Llorente y María Molina, escrito por dos autoras que vivían y trabajaban en Barcelona, se atrevió a utilizar fuentes menos oficiales. En palacio, se pasó por alto sobre detalles tales como que no se conocieron en 1996 sino en 1992, que Iñaki fue una obsesión de Cristina. “Es una mujer terca y obsesiva. Se obsesionó por él. Iñaki tuvo muchas dudas, estuvo muy indeciso y llegó a simultanearla con Carmen Camí, pero ella estaba empeñada en casarse. Hay un momento en que todo se precipita. Cristina tenía más cabeza. Iñaki era sota, caballo y rey”, dice hoy una de las fuentes no oficiales.

Detalles de ese tipo quedaron al margen, porque no eran del gusto de Zarzuela. Iñaki Urdangarin completa su formación con un master en administración de empresas en el Esade. Se le diseña un plan de estudios a la medida, la Reina acude a la graduación y aunque Urdangarin es tratado en muchas ocasiones como un licenciado resulta que no tenía el título. Su socio Diego Torres, que no fue profesor suyo en el Esade en contra de lo que se ha publicado, le llegó a recomendar, cuando las cosas comenzaron a torcerse en los negocios, que aprovechara el tiempo para terminar la carrera. Eso sucedió años después.

Había una cara b en la vida de la pareja. Como en cualquier pareja por otra parte, la cara que han puesto de manifiesto inesperados documentos de un sumario judicial.

Iñaki Urdangarin, capitan de la selección de balonmano, saluda al Príncipe Felipe, a la Reina y a doña Cristina, que lleva en brazos a su hijo Juan Valentín, en los Juegos de Sidney.
Iñaki Urdangarin, capitan de la selección de balonmano, saluda al Príncipe Felipe, a la Reina y a doña Cristina, que lleva en brazos a su hijo Juan Valentín, en los Juegos de Sidney. REUTERS

Iñaki no parece el marido perfecto a tenor de algunos correos que obran en poder de la justicia. Su correspondencia deja al desnudo muchas cosas, aspectos desconocidos hasta entonces de su actividad profesional y circunstancias muy llamativas de su vida personal, simpatías y antipatías, Iñaki se manifiesta sin tapujos y deja todas esas pruebas en los discos duros de varios ordenadores, ahí quedan a pesar de que cada 15 días unos técnicos pertenecientes a presuntos servicios de seguridad hacen una limpieza y revisan las comunicaciones de la sede central de lo que primero fue Consultoría Noos, más tarde Instituto Nóos y finalmente Fundación Deporte, Cultura e Integración Social. La memoria de Iñaki termina en poder de su exsocio, que la utiliza para su defensa, pero también está en manos de terceros, aquellos que hicieron copia, un detalle que frecuentemente se olvida. Esa memoria de Iñaki ha sido determinante para llevar a Cristina delante de un juez.

Hay correos comprometedores que corresponden a finales de 2003 y principios de 2004, una etapa especialmente próspera en la vida de Iñaki Urdangarin, cuando la empresa que creó con Diego Torres (Nóos Consultoría) marcha viento en popa y él inicia sus primeros pasos para una candidatura a la presidencia del Comité Olímpico Español (COE), al mismo tiempo que negociaba las condiciones de un crédito de cinco millones con La Caixa para financiar los seis millones de euros que le cuesta una espléndida casa de más de mil metros cuadrados en Pedralbes, un barrio exclusivo en la zona norte de Barcelona. Claro está que las buenas noticias no vienen solas y aparecen los primeros comentarios sobre la prosperidad de Urdangarin y el hecho de que pretenda ser presidente de un organismo como el COE teniendo intereses comerciales con patrocinadores.

De la pareja no hay otras noticias salvo que habían hecho rutina de su felicidad a ojos de las revistas del corazón. Conocida es su complicidad con el príncipe Felipe en su relación con Letizia. Cristina e Iñaki les dieron cobertura y acogida, hasta Iñaki cumplió con el encargo de adquirir el anillo de pedida. Acudió en compañía de su socio Diego Torres a la joyería Suárez de Barcelona: pese a lo que se publicó, no lo pagó Iñaki, ni tampoco su socio. “La ventaja que tenía Barcelona para la vida de la pareja es que era una ciudad indiferente a esas cosas. Ni sabían ni querían saber de ellos”, dice una persona cercana a la pareja. Pero la llegada de Letizia no solo arrastró polémica entre los cortesanos, sino también las primeras diferencias familiares.

Pese a lo que se ha comentado, Cristina no era una persona refractaria al protocolo o a las actividades oficiales como infanta. “A Cristina no solo le gustaban los actos oficiales, es que se los preparaba y siempre ha actuado con mucha profesionalidad. Era muy buena para eso”, comentan fuentes próximas a la Casa del Rey. Lo malo es que Letizia reservaba para las infantas un papel secundario.

Sin embargo, ese proceso de distanciamiento fue lento. Entre 2003 y 2006 no se producen otros hechos notables en la vida de una pareja con cuatro hijos que contribuían a dar esplendor a los veranos de Marivent, en Palma de Mallorca, donde tantos negocios se estaban haciendo, donde Urdangarin jugaba al pádel con el presidente Matas y su director de Deportes, Pepote Ballester, amigo de las infantas y de Felipe de Borbón, finalmente convertido en testigo de cargo en la investigación que iniciarían en 2010 el fiscal Pedro Horrach y el juez José Castro.

Claro está que desde 2003 algunas cosas habían cambiado pero no eran del conocimiento general. Noos Consultoría se había convertido en Instituto Nóos para darle a la empresa de Urdangarin la imagen de una actividad sin ánimo de lucro: qué mejor nombre que el de Instituto, en cuya junta directiva a aparecen la Infanta y el secretario de las infantas, Carlos García Revenga. Diego Torres pasaba de tener un 50% de Nóos Consultoría a un 20% del control de Instituto Nóos. “El cambio se produjo por recomendación expresa de la Casa del Rey y siguiendo las instrucciones del secretario Revenga y de José Manuel Romero, el conde de Fontao, el asesor jurídico del Rey”, dice un exempleado. Sobre el papel de la Infanta está fuera de toda duda que impone a su amiga Marta Mas como decoradora de las oficinas del Instituto.

Descenso al infierno de una pareja ideal

Pero el Instituto Nóos no es suficiente. En marzo de 2006, la Casa del Rey le pide a Urdangarin que se aparte de toda actividad privada. Es una nueva vuelta de tuerca, porque para entonces ya se han producido algunas preguntas en la sede del Parlamento balear que abundan sobre gastos excesivos en eventos organizados por la empresa de Urdangarin y Torres. Crean la Fundación Cultura, Deporte e Integración Social en la que Urdangarin pasa a presidir un consejo asesor, a ser un elemento decorativo. “Le dijeron que le buscarían consejos de administración, que no se preocupara por el dinero, pero él no quería ser como Marichalar y entró en una cierta depresión”, dicen excolaboradores.

La vida de la pareja pierde color aunque para el exterior nada parece haber cambiado. Cristina tampoco está a gusto en La Caixa en aquellas fechas y su distanciamiento con Letizia es cada vez más evidente. Mucho se ha escrito sobre la fiesta de cumpleaños que Cristina le prepara a Urdangarin en enero de 2008, porque hay numerosos testigos del comportamiento de Letizia, visiblemente aislada y desconectada del resto de invitados. De las postrimerías de aquella fiesta hay vestigios de una charla entre Felipe e Iñaki donde este pone de manifiesto sus dificultades para pagar la hipoteca de la casa de Pedralbes y aquel presuntamente le tranquiliza. A Urdangarin le caen algunos consejos (Pernod, Altadis, Lagardere) además de un alto cargo en Telefónica, hasta que llegó su traslado a Washington. “No es del todo cierto que se vayan por alejar exclusivamente a Iñaki de España. También Cristina estaba a disgusto en La Caixa”, dice una fuente. De la estancia en Estados Unidos queda la constancia gráfica de un Urdangarin cada vez menos sonriente.

Llega noviembre de 2011 y el caso Nóos estalla: la policía entra en la sede del Instituto y efectúa un registro. Todas las miradas se dirigen hacia Urdangarín, que se mantiene inicialmente en silencio. La reina viaja a Washington en medio de rumores de que Urdangarín será imputado proximamente y es criticada por ello.

El encanto se ha desvanecido. Cristina e Iñaki empiezan a ser mal vistos.

Rafael Spottorno, que había llegado a la Zarzuela como jefe de la Casa del Rey el 11 de septiembre de 2011, declara justo tres meses después aquello de que no considera “ejemplar” la conducta de Urdangarin. Poco después, llega la imputación y la cita para declarar en el juzgado de Palma.

La familia regresa a Barcelona en septiembre de 2012 por empeño de Cristina, que no atiende la petición de La Zarzuela de que sigan residiendo en algún país extranjero. Iñaki ha pedido una curiosa excedencia en Telefónica. Nadie quiere asociar su marca a su apellido.

La escalada de los hechos se precipita y representa una especie de descenso al infierno: la Casa del Rey retira en enero de 2013 la biografía de Urdangarin de su web y el 30 del mismo mes el pleno del Ayuntamiento de Palma de Mallorca aprueba retirar la denominación Avenida de los Duques de Palma del callejero.

Los reveses no pueden con Cristina, que manifiesta en privado que su marido le ha dado todo tipo de explicaciones sobre hechos sucedidos que relatan los correos. Cristina ha decidido hacer causa común con su marido, como quien se defiende de un trato injusto. No es tanto una mujer enamorada, como ha dicho Jesús María Silva, uno de sus abogados. Es una persona soberbia. En el verano de 2013, la familia se marcha a Ginebra: la vida en Barcelona se volvió irrespirable. La indiferencia ciudadana había terminado.

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