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Rajoy cierra puertas internacionales a Mas

Margallo y el presidente multiplican sus contactos para aislar al Ejecutivo catalán

El Gobierno obtiene respuestas tajantes de la UE: independizarse es salir del club

Banderas independentistas en la celebración de la Diada el 11 de septiembre de 2012 en Barcelona. EL PAÍS

El escenario de ruptura en Cataluña está ya encima de la mesa del presidente del Gobierno. Incluso el final, la declaración de independencia unilateral de la que Josep Antoni Duran le avisó en el Congreso, se contempla ya como una posibilidad real en La Moncloa, aunque para 2016. Mariano Rajoy no ve margen ni siquiera para reunirse con Mas, aunque nadie lo descarta del todo. Una vez dejado claro a los españoles que esa consulta no se celebrará bajo ningún concepto, tranquilizado el electorado del PP y recabado el apoyo del PSOE, Rajoy y su equipo se concentran ahora en el escenario internacional, en el que creen tener la batalla ganada.

En el entorno del presidente están convencidos de que la esfera internacional es clave. Los catalanes, y en especial el voto tradicional de CiU, explican, es conservador, reacio a grandes riesgos, y la idea de quedar fuera de la Unión Europea hará recapacitar a más de uno, según fuentes de La Moncloa. Por eso, tanto Rajoy y su equipo, como su ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, multiplican contactos al más alto nivel con dos objetivos. Primero, explicar la situación: que la Constitución española, como todas las del mundo salvo, la Unión Soviética y Etiopía, no permiten la autodeterminación, según insisten en el Gobierno. Y dos, que Cataluña tiene mayor nivel de autogobierno que ninguna otra comunidad europea.

Fuentes del Ejecutivo aseguran que están encontrando una gran comprensión hacia las posiciones españolas, especialmente entre los socios de la UE. Rajoy y sus colaboradores aprovechan reuniones bilaterales, cumbres o viajes como el de Sudáfrica para hablar del asunto, porque los primeros ministros y los cancilleres suelen preguntar por Cataluña.

Margallo, un veterano político muy cercano a Rajoy y con buenos contactos en las cancillerías europeas, también ha multiplicado sus viajes por Europa y ha recibido a una veintena de homólogos europeos en Madrid. Muy significativo fue su viaje a los países bálticos, donde Cataluña buscaba apoyos. El Ejecutivo cree que también logró cerrar esa puerta.

El trabajo ha dado sus frutos. Rajoy logró el gran éxito político de que el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, fuera tajante en La Moncloa el día que se anunció la consulta: “Yna parte de un país que se independiza sale de la UE; tiene que pedir de nuevo la entrada y debe contar con la aprobación de todos los socios”. “Todos”, repitió. Y hay muchos dispuestos a ese veto. La Moncloa está encontrando un claro apoyo en países clave como el Reino Unido, Francia, Italia o Rumanía, que tienen sus propios problemas separatistas. Y los demás socios europeos también dejan claro en privado que están con la posición de Van Rompuy.

La pregunta elegida por la Generalitat, que el equipo del británico David Cameron tildó de “confusa” en una conversación con La Moncloa, también ayuda a los intereses del Ejecutivo.

El Gobierno admite que detecta preocupación en sus conversaciones porque sus aliados ven el asunto como un problema político importante. El seguimiento que ha hecho Exteriores de la prensa internacional esta semana muestra esa inquietud. Pero a la vez, el Ejecutivo encuentra que nadie ve la independencia de Cataluña como una posibilidad real ni deseable, y sus homólogos se quedan tranquilos cuando se les explican los planes para frenar la consulta. La mayoría de la prensa extranjera no ve viable la independencia, aunque algunos como el Financial Times piden una “solución negociada”. Ese trabajo del Gobierno también ha logrado que otros comisarios, como Joaquín Almunia y Michel Barnier, o el propio presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se hayan mojado mucho para recordar que Cataluña saldría de la UE si se independiza.

También se está trabajando en la ONU. Un Estado sin reconocimiento internacional no es nada. La Moncloa cree que si Cataluña hiciera una declaración unilateral de independencia se encontraría con un enorme vacío. El ambiente en la ONU es contrario a más separaciones, señalan en el Gobierno, como muestran los intentos para no dividir Mali, Siria o Irak. Las Embajadas españolas están alerta y tienen este asunto como prioritario para explicar la posición del Ejecutivo.

El Gobierno sigue con atención los movimientos de la Generalitat en el exterior y concluye que el fracaso es total. Por eso, el trabajo del Ejecutivo durante todo 2014 va a consistir en explicar, sin estridencias, las consecuencias reales de la salida de la UE, un argumento que, dicen, va calando en Cataluña. Además los ministros van a multiplicar su presencia en Cataluña. El propio Margallo irá el día 8 de enero. Y se busca un momento apropiado para un gran acto de Rajoy.