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“Necesitamos una alternativa potente”

Antonio Carmona, próximo al líder del PSM, exige ya el cambio de Lissavetzky

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Jaime Lissavetzky y Tomás Gómez en la pradera de San Isidro.

Al revés de lo que se imaginaba tras la encuesta de EL PAÍS que por primera vez en dos décadas y media daba a la izquierda la posibilidad de recuperar el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky no festejó el Día de San Isidro como se podría esperar. El portavoz municipal no las tenía todas consigo cuando acudió a la pradera de San Isidro. La tribuna que Antonio Carmona —diputado regional, miembro del Comité Federal del PSOE, secretario de Política Económica y Empleo del PSM y amigo de Tomás Gómez—, publicó en internet pasadas las dos de la madrugada, en la que reclamaba a su partido una alternativa seria y otro candidato para Madrid, cuestionaba su figura. Y suponía un paso más en la escalada por liderar la reconquista de la capital de España.

La debilidad manifiesta del PP en el Ayuntamiento abrió ayer un escenario desconocido en el PSOE desde 1989. Desde ese año Juan Barranco ostenta el título honorífico de último alcalde socialista de la capital de España. En este tiempo, con la salvedad de Agustín Rodríguez Sahagún (CDS, investido tras una moción de censura contra Barranco), el PP ha hecho de Madrid uno de sus grandes baluartes, gobernado de forma sucesiva por José María Álvarez del Manzano (1991-2003), Alberto Ruiz-Gallardón (2003-2011) y Ana Botella tras la marcha de Gallardón al Ministerio de Justicia. La posibilidad de recobrar Madrid sin que suene a utopía abrió el melón en las filas socialistas.

Una de las conclusiones de ayer es que el nombre de Jaime Lissavetzky, que encabeza las listas municipales desde que José Luis Rodríguez Zapatero le eligió en verano de 2010 para asaltar la alcaldía —tuvo que dejar la Secretaría de Estado para el Deporte—, ya no es el único en la mesa. Carmona también lo es, y es del gusto del secretario general de los socialistas madrileños. Con lo que eso significa por el poder que atesora. Las cuentas que maneja la dirección del PSM es que haya primarias municipales y autonómicas alrededor de octubre de 2014. Gómez se asegura como aspirante para la Comunidad, el del Ayuntamiento es una incógnita.

“Esto es como si fuera el Tour de Francia. Quedan muchas etapas de montaña, queda contrarreloj y pocas etapas llanas y en ese sentido, a dos años vista, no hay nada decidido. Queremos llegar a la última etapa con posibilidades de ganar”, expresó ayer Lissavetzky. Era su interpretación de las encuestas, en las que tras 26 años el Ayuntamiento podría volver a manos de la izquierda (PSOE e IU en coalición). Frente a la pérdida del PP de 10 concejales (21) con Ana Botella de alcaldesa, IU daría un salto adelante (14, ocho más), UPyD subiría dos (7) y el PSM mantendría los 15 ediles que obtuvo en las municipales de 2011, con una ligera pérdida de votos.

“Nos mantenemos, lo cual es un resultado muy a tener en cuenta cuando los sondeos a nivel autonómico nos sitúan en un 20% de intención de voto, seis puntos menos que hace dos años”, recalcan desde el entorno de Lissavetzky, cercano al secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, a su vez enemigo íntimo de Gómez. La lectura que hicieron los partidarios de otro cabeza de cartel distinto a Lissavetzky destacaba el empate técnico con IU (igual que a nivel autonómico). En este contexto coincidió la tribuna con las ideas de Carmona.

“Necesitamos una alternativa potente, que se dirija vecino a vecino”, exponía, planteando la modernización de la capital como “foco de cultura, comercio, arte y emprendimiento”. Lo que, pese a las apariencias, no esconde según él ninguna aspiración. “Yo no quiero dejar la universidad”, respondió Carmona[doctor en Ciencias Económicas y profesor de la Universidad San Pablo] preguntado por su interés en dar el paso y disputarle el puesto a Lissavetzky. “Todas las opiniones son respetables”, es como recibieron esas palabras en el entorno del actual candidato municipal. Sin embargo, el comentario de Carmona del peligro de dejar un vacío electoral “susceptible de llenarse de mierda” fue muy criticado por José Cepeda, parlamentario del PSM próximo a Ferraz: “El espacio vacío se puede llenar de demagogia y populismo”. Se avecina otra pelea en el PSM.