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Yolanda Barcina se juega el Gobierno de Navarra en el congreso de UPN

El congreso de UPN amenaza hoy el liderazgo de la presidenta de la comunidad foral

Las polémicas dietas en Caja Navarra marcarán la reunión de la formación

Yolanda Barcina se juega el Gobierno de Navarra en el congreso de UPN

Yolanda Barcina está acostumbrada a ganar. Lo hizo tres veces consecutivas en la pugna por la alcaldía de Pamplona. Dobló los escaños de la segunda fuerza, el PSN, en las elecciones forales de 2011, pese a haber roto la alianza que su partido, Unión del Pueblo Navarro, mantuvo durante 17 años con el PP. Sin embargo, su futuro político está en manos de sus 4.000 compañeros de filas, que eligen hoy entre mantenerla como presidenta de la formación hegemónica de la comunidad o dar paso a Alberto Catalán, actual número dos.

Sostienen los militantes veteranos de UPN que éste es un partido imprevisible. A diferencia de otras formaciones, en el congreso de hoy puede votar cualquier militante y eso supone que el resultado final quede al albur de circunstancias tan diversas como la meteorología, la hora del partido del equipo local de fútbol o, en mayor medida, el clima político y social de los días previos.

La investigación judicial sobre la desaparición de Caja Navarra como entidad financiera se ha convertido en el escenario principal de la película que tiene a Barcina como protagonista y al líder socialista Roberto Jiménez y al expresidente Miguel Sanz (UPN) como actores secundarios.

En junio de 2010 la caja reformó sus estatutos para sacar a los cargos públicos de su dirección, pasándolos a un órgano sin funciones ejecutivas que se limitaba a conocer informes sobre los avatares financieros, la Junta de Entidades Fundadoras. En ese consejo se sentaban nueve miembros de UPN y dos del PSN. Entre ellos estaba el entonces presidente foral Miguel Sanz y Yolanda Barcina, que junto al consejero de Economía, Álvaro Miranda, componían un segundo ente, la comisión permanente, que ni siquiera conocían el resto de miembros de la Junta de Entidades Fundadoras. Tanto uno como otro organismo tenían unas generosas dietas por asistencia; 1.717 euros, salvo el presidente, que recibía 2.600.

La instrucción judicial ha revelado que las reuniones se realizaban de forma encadenada en un mismo día, llegando a producirse tres seguidas, con sus correspondientes dietas. Además, algunos de sus miembros percibieron parte de la dieta sin asistir siquiera a los encuentros. Es el caso del líder socialista, Roberto Jiménez, que faltó a seis, pero cobró 5.600 euros en concepto de “dieta de cargo”. Según la declaración judicial del secretario de Caja Navarra, fue Miguel Sanz el artífice de este sistema de reuniones y remuneraciones, garantizándose incluso su presencia en el controvertido órgano hasta cumplir los 75 años.

Insiste Barcina en que fue ella, cuatro meses después de llegar al Gobierno, la que lo suprimió, pero lo hizo tras conocerse en los medios de comunicación la existencia de la comisión permanente y sus remuneraciones. Reconoce la presidenta que estos mecanismos no se corresponden con los tiempos actuales en la actividad política, pero ha sido incapaz de desmarcarse de unas prácticas que heredó de los 13 años de mandato de Miguel Sanz, hasta que no se han publicado. Barcina ha actuado a remolque de los acontecimientos, queriendo evitar disgustar a su antecesor.

El principal rival es su ‘número dos’, apoyado por el expresidente Sanz

Ni la devolución de los 68.500 euros recibidos de Caja Navarra ha apagado el descontento ciudadano ni asumir la defensa de la gestión de Sanz ha supuesto que el expresidente le respalde en la pugna por el liderazgo de UPN. Miguel Sanz, que fue en 2009 el principal valedor de Barcina, evita ahora públicamente cualquier apoyo a la presidenta y es nombrado en privado como partidario de Alberto Catalán.

La presidenta tampoco ha logrado salvar el consenso con el PSN, otra de las herencias del mandato de Sanz y por el que sí apuesta Catalán. Desde el inicio de la democracia el acuerdo entre los dos partidos ha sido una constante, pocas veces rota, y que ha evitado el acceso del nacionalismo vasco al poder. Barcina llegó a la presidencia con un Gobierno de coalición con los socialistas, pero la tortuosa relación con el secretario general del PSN, Jiménez, acabó con la expulsión de los tres consejeros socialistas en junio pasado, dejando a UPN en una frágil minoría parlamentaria.

4.000 militantes de la formación decidirán el rumbo de la comunidad

Debilidad que aumentaría si hoy Barcina pierde la presidencia del partido y que ella, curiosamente, ha usado como baza para evitar la derrota interna que podría forzarle a la dimisión como jefa del Gobierno. La presidenta lo único que descarta es la convocatoria de elecciones.

La victoria le daría legitimidad para romper con la herencia de Sanz, aunque dejaría sin resolver cómo restaurar los puentes con los socialistas. Pase lo que pase, hoy se abrirá una nueva época en la política navarra y solo 4.000 ciudadanos son los que decidirán cuál es su rumbo.