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El Príncipe, en la mayor ‘catástrofe’

Más de 2.500 efectivos realizan en Segovia el primer gran ejercicio en España de simulación de una emergencia nacional, con una hipótesis de 500 muertos

El Príncipe y otras autoridades, durante el simulacro. Ampliar foto
El Príncipe y otras autoridades, durante el simulacro.

Un simulacro de catástrofe tiene componentes de rodaje cinematográfico con actores que representan situaciones límite, como en su trabajo en la vida real, marcado por su espíritu de servicio a los demás entre descargas de adrenalina, y figurantes que ocupan un improvisado campo de evacuados, sembrado de tiendas de campaña, o polideportivos y grandes naves amuebladas con literas en hilera, así como un gran campo para damnificados, sembrado de iglús prefabricados.

La experiencia la ha vivido en directo el Príncipe de Asturias, asesorado por el teniente general jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), César Muro, junto con el ministro del Interior, Jorge Fernández; el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes, entre otros.

Además del puesto de mando, don Felipe conoció cómo trabaja el equipo de la UME dedicado al rescate en estructuras colapsadas urbanas, uno de los que existen homologados por la ONU para intervenir en cualquier tragedia que se registre en el planeta, los equipos de descontaminación química y nuclear, el rastreo y la búsqueda de supervivientes en las orillas y el rescate acuático, así como el campamento para damnificados, que se construye en horas, con capacidad para medio millar de personas, usado por primera vez en Lorca, bajo la atención de Cruz Roja.

Los extras son atendidos por psicólogos, montados en camillas o subidos a helicópteros, incluso se hacen pasar por intrépidos periodistas que tratan de romper los cordones de seguridad con ansia de conocer las dimensiones de la hipotética tragedia.

Esta singular película, cuyo guión es el libreto de cómo actuar si ocurre lo que nadie desea, se rueda estos días en un escenario natural: Segovia, donde se inundan municipios, revienta el muro de contención de un embalse y, para completar el mapa del desastre, arden unas instalaciones de almacenamiento de gas y se produce contaminación radiológica y química. De haber sido real, el dispositivo de emergencias podría haber sobrepasado las 32.000 personas.

De poner orden y humanidad en esta desgracia imaginada, se encargan más de 2.500 personas, encabezadas por 900 miembros de la UME, con centenares de vehículos y una docena de helicópteros, que recurren a sofisticadas herramientas, incluidos aviones sin tripulación, tras las experiencias en los terremotos de Haití o Lorca, poniendo en práctica (teórica) el Plan Nacional de Inundaciones.

Desde el jueves hasta hoy, militares, efectivos de emergencias de Castilla y León, guardias civiles, policías, miembros de Protección Civil, Cruz Roja, alcaldes y voluntarios se han enfrentado a una tragedia sin límites en el mayor simulacro de la historia de España, denominado Gamma Palazuelos 2013, con una hipótesis de más de 500 fallecidos, 1.000 desaparecidos y 12.000 personas sin hogar. Su objetivo es aprender a controlar el caos, coordinando la labor de las administraciones, porque no hay segundas oportunidades.

Tras la hipótesis de lluvias torrenciales, deshielo e inundaciones, el jueves, la situación alcanzó hasta el nivel 2, emergencia, pero la rotura del embalse, al mediodía del viernes, llevó al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a escenificar el envío de un documento al presidente del Gobierno y a declarar la emergencia de “interés nacional”, hasta el nivel 3. Es la primera vez que se ha llevado a cabo una escenificación –con documentos- del traspaso de la coordinación entre administraciones. El nivel 2 no se recuperará hasta el 27 de marzo y hasta la talla de la Virgen de la Fuencisla ha tenido que ser rescatada de su santuario por buzos, eso sí, también en la ficción, que siempre será mejor que supere a la realidad.

Al final del ejercicio, el Prìncipe ha tenido un recuerdo especial para las víctimas del 11-M y para todos los afectados por el terrorismo, así como para los militares de la UME muertos en servicio, una unidad que ya ha superado las 200 intervenciones desde su creación.